Capítulo 8 | Sunny
Sunny
ESTABA EN EL VESTÍBULO del sótano, mirando fijamente el lúgubre pasillo mientras daba impacientes golpecitos con el pie y esperaba a que pasara algo. Quería comprobar por mí mismo si aquella chica nueva tenía alguna habilidad, aunque fuera un atisbo de lo que Myria era capaz de hacer.
Desde un rincón de la sala, oculto entre las sombras, Dax me observaba. No necesitaba verlo para saber que tenía los ojos puestos en mí. Aquel escurridizo bribón siempre estaba vigilando. Nunca había conocido a un hombre tan observador y, aunque lo llamaba hermano, a veces resultaba irritante.
No es que me molestara recibir atención.
Al contrario. Pero me gustaba saber por qué era el centro de atención: ¿se trataba de una chica embobada con mi larga melena, con la mirada soñadora?
¿De un grupo de gente que se reía de mis ocurrencias?
¿De alguna profesora a la que había sorprendido admirando mi físico y preguntándose cuándo iba a graduarme?
El silencio de Dax me sacaba de quicio; nunca sabía qué le pasaba por la cabeza. —¿Sí, Dax? —dije en voz alta, sin volverme—. Noto que me estás mirando. Suéltalo.
—Dar golpecitos con el pie no hará que esto vaya más rápido. Y es irritante.
Solté una carcajada antes de girarme hacia él. —¿Irritante? Tiene gracia que lo digas tú, ¿no?
Ladeó la cabeza. Su piel oscura, unida a su afición por quedarse entre las sombras, hacía casi imposible distinguirlo.
Señalé el pasillo a mis espaldas. —¿Y si consigue salir, eh? ¿Qué pasará entonces?
Se encogió tanto de hombros que casi le llegaron a las orejas. —Entonces se convertirá en Fantasma.
Eché chispas. —¿Y vamos a dejar que campe a sus anchas por la Academia? ¿Siendo la viva imagen de Myria? ¿A ti no te molesta? ¿No hay nada que te saque de tus casillas?
—Tú, de vez en cuando. —Salió de la oscuridad y se plantó frente a mí.
Era más bajo, pero no se dejaba intimidar por nadie.
Dax Kilmeade era un tipo firme como una roca—.
¿Por qué tienes que meterte siempre en los asuntos de todo el mundo, Sunder?
¿A ti qué te importa? ¿No es agotador... preocuparte tanto?
Fruncí el ceño y arrugué la frente. —Ah, claro, se me había olvidado que hablaba con un sociópata.
Le tembló el labio superior. —Sabes que eso no es verdad.
Por dentro me apunté un tanto por haber logrado pinchar a Dax. Era dificilísimo sacarlo de quicio. —Lo sé. Es que me jode que esté aquí. No debería...
—Pues está aquí. Mala suerte. Nuestra misión era traerla. Venn lo consiguió donde tú fallaste. Empiezo a pensar que fallaste a propósito.
Resoplé y me llevé una mano al pecho, ofendido. —Como si mi ego fuera a permitirme algo así.
Arqueó una ceja. —Al menos te conoces a ti mismo. —Retrocedió un paso y noté que se me relajaban los hombros—. Coralia Hargrave es la hermana de Myria. No es Myria. Ni siquiera creo que sean la viva imagen la una de la otra. ¿Por qué no le das una oportunidad?
Se me ocurrieron un millón de respuestas, pero ninguna me convenció. Al final, solo pude negar con la cabeza, entristecido. —Porque no... no puedo. No puedo hacerle eso a la memoria de Myria.
—Hablas como si fuera seguro que ha muerto.
—Los dos sabemos que lo que dijo Jace era una sarta de gilipolleces. No está en ninguna misión en solitario. Ha desaparecido y no hemos vuelto a saber nada de ella. Jace puede decir lo que quiera, pero sé lo que está pasando aquí. La Academia está haciendo exactamente lo que dijeron que no harían.
—¿El qué?
—Sustituir a Myria por Coralia, con la esperanza de que olvidemos a nuestra compañera. —Me puse las manos en las caderas y dilaté las aletas de la nariz—. Yo no pienso hacerlo.
Dax se encogió de hombros. Su falta de reacción le quitó fuerza a mi valerosa declaración y sentí una oleada de ira subirme por la espalda. —Lo único que sugiero es que le des una oportunidad de demostrar lo que vale.
—Hablas igual que Venn —gruñí.
—¿Y por qué no habría de hacerlo?
—¿Ahora admites que estás de su parte?
—¿Y qué parte es esa? ¿La de hacer lo correcto en vez de lo incorrecto? ¿Quieres que sea verdad lo último que nos dijo Coralia, Sunder? Nos llamó malvados. Que estudiemos en Shadowblade Academy no significa que tengamos que darle la razón.
Lo miré, parpadeando.
—Y no, no estoy de parte de Venn —añadió, apuntándome con un dedo—. Puede que Venn sea amable con ella para llenar el vacío que dejó Myria. Está claro que tú no la quieres aquí. Yo simplemente me mantengo al margen.
Le di vueltas a sus palabras mientras procuraba no reaccionar. Mi mal genio era un problema y estaba intentando corregirlo.
Mi autocontrol duró cinco segundos escasos.
Alcé las manos, frustrado. —Perdona si soy el único que se niega a dejar que el recuerdo de Myria caiga en el olvido.
—Solo hablas de su «recuerdo» porque siempre te imaginas lo peor. En este caso, que está muerta.
—¡Pues vayamos a buscarla! —Descargué el puño contra la palma abierta de la otra mano.
—No podemos. No es nuestra misión. —Al menos tuvo la decencia de apartar la mirada. Estaba seguro de que la vergüenza se le había reflejado en la cara y no quería que la viera.
Siempre tan obediente con las normas, ¿eh, Dax?
—¿Soy el único que ve lo que está pasando aquí?
La Academia nos está separando. Desde que empezó esta nueva misión con Coralia, no paramos de tirarnos los trastos a la cabeza como perros de presa.
Eso no es propio de nosotros, y creo que es deliberado.
—Ya estábamos debilitados antes de que ella apareciera.
Apreté los dientes y flexioné las rodillas de rabia. —Retira eso —dije con voz sombría—. El Guante de Hudson nunca ha estado debilitado.
—No, pero tampoco somos invulnerables. Pregúntate una cosa, Sunder: ¿por qué querría la Academia separar al Guante de Hudson? Somos los mejores de nuestra promoción. Si nos dieran la oportunidad, les haríamos el trabajo sucio. Y bien hecho.
Su pregunta me desarmó y la rabia se me esfumó de golpe, porque no tenía una respuesta inmediata. Tras ganar algo de tiempo, dije: —No lo sé. Es que todo se ha ido a la mierda desde lo de Myria y...
—¿Qué se ha ido a la mierda, Fantasma? —preguntó una voz cuando se abrió la puerta a nuestro lado.
Dax dio un respingo y se irguió como un soldadito obediente, con las manos entrelazadas a la espalda, mientras el Muñeca Hudson entraba.
—Nada —dije—. Dax y yo hemos vuelto a discutir como un par de viejas.
—Nada nuevo —dijo Jace—. Parece que no consigues llevarte bien con nadie, ¿verdad, Sunny?
Me dedicó una sonrisa divertida y Dax soltó una risita. Conmigo todo eran caras largas y miradas sombrías, pero con su adorado comandante por fin enseñaba aquella dentadura reluciente. Maldito pelota.
—Lo siento, Jace —dije en voz baja.
La sonrisa del Muñeca se esfumó. —No me gusta que me oculten cosas, Sunny. Ni que me mientan. ¿De qué estabais hablando?
Hice lo posible por ocultar mi estupor. Mi bocaza había vuelto a meterme en un lío, porque no podía decirle: —Ah, nada, solo estaba criticando tu decisión de mierda de traer aquí a Coralia Hargrave y acusándote de mentir cuando dijiste que no intentabas sustituir a Myria.
—Siempre había tratado a mi capitán con bastante familiaridad, llamándolo Jace en vez de Muñeca y cosas así.
Dax nunca parecía cruzar esa línea, y ahora entendía por qué.
No podía mentirle a Muñeca Hudson. Abrí la boca para hablar...
Unos pasos resonaron por el pasillo y me interrumpieron.
Los tres nos volvimos hacia el pasillo oscuro e inquietante y arqueamos las cejas al unísono.
Coralia avanzaba hacia nosotros como una exhalación, con los puños apretados a ambos lados del cuerpo. Verla tan decidida y cabreada me produjo un cosquilleo. Myria siempre había sido serena y dueña de sí misma, pero Coralia parecía un animal completamente distinto.
Uno mucho más furioso.
Cuando me fijé en la tensión de su rostro, en sus labios carnosos y fruncidos y en el vaivén de su pelo negro y rojo, sentí que algo más empezaba a crecer dentro de mí.
Tuve que aclararme la garganta para contener el deseo. Primero se pone de rodillas y luego viene hacia mí como si fuera a clavarme una estaca en el corazón. ¿Hay algo más atractivo en el rostro de una mujer que la furia más absoluta? Es una emoción que me llega al alma.
Y joder, qué guapa es.
Cuando entró en la sala, Jace tomó la iniciativa y se colocó delante de Dax y de mí. —Disculpe si parecemos sorprendidos, señorita Hargrave. No esperábamos que escapara tan rápi...
—Puedes comerme el culo entero —escupió ella.
Abrí mucho los ojos. Eh, ¿lo dice en sentido literal? Porque yo me ofre...
—¡Y tú! —gritó, señalándome con el dedo—. Puedes comerte una bolsa entera de pollas, gilipollas.
Apuntó con el dedo a Dax. —¡Y tú! —Se interrumpió, dejando el dedo temblando en el aire.
Dax ladeó la cabeza; una leve sonrisa tiró de la comisura de sus labios. —¿Sí? ¿Qué debo comerme yo, señorita Hargrave?
—¡Todavía no lo sé!
Dicho esto, la chica levantó la mano. Jace extendió la palma y Coralia dejó caer la llave en ella. —¿Cuál es el siguiente crimen contra la humanidad de la lista, Muñeca Hudson? ¿Eso es todo lo que tienes? Vas a necesitar mucho más para doblegarme.
—Me alegra oírlo.
Aunque entre los tres le sacábamos varias cabezas y seguramente pesábamos seis veces más que ella, ninguno sabía cómo responder a aquella emoción sin filtros. Resultaba desconcertante, por decirlo suavemente.
—Enhorabuena por superar la iniciación —dijo Jace, inclinando ligeramente la cabeza ante ella—. Solo recuerdo a otro estudiante que lograra salir más rápido.
—¿Quién?
—Se llama Ezekiel Caffrey. Ya no estudia aquí. Aunque es toda una leyenda, así que estás en buena compañía. Un comienzo muy prometedor para tu trayectoria en Shadowblade Academy, Fantasma Hargrave.
Alzó las cejas. —¿Fantasma?
—Sí. Oficialmente, ya eres cadete. Bienvenida.