La oscuridad de Dominic Capítulo 6
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Capítulo 6

Me detuve a un paso de ella, a la distancia justa para mirarnos a los ojos y evaluarnos durante unos segundos, como siempre hacíamos.

Después de tantos años de amistad, habíamos desarrollado una capacidad extraordinaria para saber cómo se encontraba el otro con solo cruzar una mirada, sin necesidad de intercambiar una sola palabra.

En sus ojos vi que estaba bien, relajada, aunque también distinguí un atisbo de preocupación que me provocó cierta rabia, porque por la forma en que me observaba supe enseguida que era por mí.

Ella, por su parte, seguramente encontró cansancio en los míos, pero nada más, porque hacía mucho tiempo que no había otra cosa que pudiera descubrir en ellos.

—Dominic, ¿otra vez aquí?

—Yo también me alegro de verte —contesté antes de acercarme para darle un beso en la mejilla, que ella me devolvió de la misma manera.

—Cuatro días esta semana visitando mi reino son demasiados, incluso para ti.

—¿Me estás controlando?

—No, solo constato lo evidente.

Hice un gesto con la mano al camarero que estaba detrás de la barra, sin necesidad de decirle qué quería tomar, porque todos y cada uno de los que trabajaban allí conocían perfectamente mis preferencias. Siempre pedía lo mismo: la misma marca de whisky , servido en un vaso ancho y sin hielo.

—Parece que no quieres verme.

Joanne puso los ojos en blanco antes de responder, como si aquella afirmación le pareciera la mayor estupidez que había escuchado en todo el día.

—Sabes de sobra que por mí nos veríamos todos los días, pero también sé que no vienes solo para verme o tomarte una copa, sino que buscas un desahogo.

Solté un poco de aire por la nariz antes de acomodarme en el taburete vacío que había a su lado.

—Dicho así suena fatal. Parece que únicamente vengo buscando mujeres.

—Suena exactamente como tiene que sonar, porque, en realidad, es lo único que vienes a buscar. En los siete años que lleva abierto este local no te has reunido aquí con nadie ni has tratado ningún asunto de negocios, así que no me jodas intentando quitarle importancia, porque la tiene.

—¿La tiene?

—Sí, cuando esto se te está yendo de las manos.

Cogí el vaso que el camarero acababa de dejar a mi lado y le di un trago, saboreando el whisky mientras disfrutaba de aquella quemazón que descendía por mi garganta antes de contestarle.

—No empieces, Jo —advertí, sin molestarme en disimular el fastidio de mi voz.

—Todavía no he empezado.

Bebió un sorbo de su copa y me observó durante unos segundos antes de continuar.

—¿Hasta cuándo va a durar esto, Dominic?

—Joder, ¿qué pasa hoy? ¿Te ha llamado Derek y os habéis puesto de acuerdo para decirme lo mismo?

—Hace días que no hablo con tu hermano, pero, si te ha dicho lo mismo o algo parecido, estoy completamente de acuerdo con él. Esto ya dura demasiado.

—Pues parece que sí os habéis puesto de acuerdo y que hoy es el día del sermón contra Dominic.

—No es ningún sermón, es simplemente la puñetera verdad. Los dos, Katy e incluso tu madre, vemos perfectamente lo que está pasando.

—¿Ah, sí? —pregunté, encogiéndome de hombros—. ¿Y qué es exactamente lo que está pasando?

—Que ya no eres tú, que cada día estás más perdido y que sigues anclado al pasado.

—No estoy anclado a nada.

Joanne soltó una risa amarga mientras negaba con la cabeza, sin apartar los ojos de mí.

—¿No?

—No.

—Dominic, sigues ahí, anclado a ese pasado del que te niegas a salir. Tienes que pasar página y seguir adelante.

—He pasado página y…

No me dejó terminar, interrumpiendo la mentira que estaba a punto de soltarle o la excusa que pretendía darle, porque sabía perfectamente que habría acabado recurriendo a una de las dos y ella también lo sabía.

—No, no has pasado página. Sigues teniéndola presente, sigue metida en tu cabeza y no haces nada por avanzar. Te dejó, sí, pues que le den, porque ella se lo perdió. La vida sigue y tú te la estás perdiendo por pasarte todo el puto día pensando en alguien que no se lo merece.

Apreté la mano alrededor de la copa con tanta fuerza que los nudillos se me pusieron blancos.

No estaba enfadado con Joanne, porque nunca podría estarlo por decirme lo que pensaba, sino conmigo mismo, porque, por muy duras que resultaran sus palabras, no podían ser más ciertas.

Todo lo que acababa de decirme era la pura verdad y, por supuesto, dolía escucharla.

—Tú mejor que nadie sabes lo que pasó, cómo me sentí y lo que tenía pensado hacer precisamente aquel día.

Su mirada, que hasta ese momento había reflejado dureza, se suavizó un poco al escucharme.

—Lo sé, Dominic. Lo vi y lo viví a tu lado, igual que vi cómo te destrozó, pero también sé que la vida sigue. Ella te dejó y punto, no hay más. Déjala en el pasado, que es donde tiene que quedarse.

—No es tan sencillo —respondí antes de darle otro trago a mi copa.

—Puede que no, pero tú eres quien lo está complicando.

—No puedes entenderlo.

—Por supuesto que lo entiendo. Entiendo eso y muchas cosas más.

—¿Qué cosas?

—Que han pasado dos años, Dominic, dos putos años. Creo que ya ha sido tiempo más que suficiente, ¿no te parece? Esa mujer no se merece ni cinco minutos de tus pensamientos y tú le has dedicado más de setecientos días. Ya está bien.

Me quedé callado durante unos segundos y ella hizo lo mismo, porque no había mucho más que añadir a aquella conversación.

Joanne ya había dicho todo lo que tenía que decirme y yo tampoco encontraba ninguna réplica que pudiera rebatir sus palabras.

Tenía razón en todo; ella lo sabía y yo también, aunque reconocerlo en voz alta fuera otra cuestión.

—¿También tú vas a decirme que busque una mujer? ¿Una que consiga removerme por dentro?

—¿Eso es lo que te ha dicho Derek?

—Sí.

—Pues estoy de acuerdo con él.

—Y yo te digo lo mismo que le he dicho a él: eso no va a pasar. Y, si ahora vas a decirme que no está en mi mano decidirlo, sino en la del destino, puedes ahorrártelo, porque mi hermano ya se te ha adelantado.

Joanne terminó el contenido de su copa con un último sorbo mientras yo volvía a beber de la mía, convencido de que aquella conversación estaba empezando a parecerse demasiado a la que había mantenido con Derek.

—Esa mujer llegará y ojalá lo haga pronto.

—No llegará, ni pronto ni tarde.

—Claro que lo hará. Y, si consigue que saques la cabeza que tienes metida en el culo, le estaré eternamente agradecida.

Alcé ambas cejas y la miré sorprendido por aquella manera tan particular que tenía de expresar sus buenos deseos hacia mí.

—Eres encantadora. Me dices unas cosas realmente bonitas.

—Sé que lo soy y solo he dicho la verdad.

—Siempre tan directa.

—Y tú siempre tan cabezota. Espabila, Dominic, supéralo de una vez y sigue adelante, porque, cuando esa mujer aparezca, que aparecerá, más te vale estar preparado. De lo contrario, será entonces cuando realmente lo pases mal.

—Joder, vaya cosas que me deseas.

—No es un deseo, es una advertencia.

—Pues es completamente innecesaria. Ya te he dicho que no va a llegar ninguna mujer y, si por casualidad aparece alguna, tendrá que darse la vuelta, porque, como le he dicho a mi hermano, aquí —añadí, señalándome el pecho— no va a entrar nadie más.

La carcajada que salió de lo más profundo de su garganta fue tan espontánea y natural como ella misma, lo que consiguió que la mirara con el ceño fruncido.

—¿Qué te hace tanta gracia?

—Tú —respondió, encogiéndose de hombros.

—Vaya, me alegra divertirte.

—No es que me diviertas, es que eso que acabas de decir resulta muy gracioso. Por mucho que te empeñes en negarlo, si alguien aparece y quiere entrar, lo hará.

—Joder, ¿en serio que no has hablado con Derek? ¿Por qué estás repitiendo sus mismas palabras?

—Pues, si es así, deberías preguntarte por qué. Dos opiniones iguales, tres, porque estoy segura de que Katy piensa exactamente lo mismo, contra una sola, deberían decirte algo.

—¿El qué?

—Que el que está equivocado eres tú.

Chasqueé la lengua y negué con la cabeza, sin saber qué contestarle.

Nos quedamos en silencio durante unos segundos; yo porque no tenía ni idea de qué más podía decirle para zanjar aquel asunto y ella porque, conociéndola, seguramente estaba dándome tiempo para procesar y aceptar lo que acababa de escuchar.

—¿Y cómo va el negocio? —pregunté finalmente, rompiendo el silencio y cambiando deliberadamente de tema.

—Muy sutil ese cambio de tercio, Dominic, pero te lo acepto. Dejaremos el asunto por hoy, aunque más te vale hacerte a la idea de que esto no ha terminado.

—Sí que ha terminado. No hay nada más que decir; las cosas son como son y no van a cambiar.

—Ya veremos.

Durante los siguientes quince minutos estuvimos hablando del club, de cómo marchaba el negocio, de las personas que se encontraban allí aquella noche y de algunos clientes habituales que, por una razón u otra, no habían acudido.

En un momento dado, mientras daba otro sorbo a mi copa, giré la cabeza hacia un lado y mi mirada se quedó fija en una de las mesas situadas a nuestra izquierda.

Había tres mujeres sentadas alrededor de ella y, por su aspecto, sus gestos y la manera en que observaban cuanto las rodeaba, deduje que todas eran ejecutivas. Llevaba tantos años tratando con mujeres como ellas que me resultaba bastante sencillo reconocerlas a primera vista.

Dos perdieron mi interés en cuestión de segundos, pero la tercera consiguió captar mi atención. Era morena, tenía los ojos negros y había algo en ella que hizo que mi curiosidad aumentara rápidamente: la determinación y la frialdad que reflejaba su mirada.

Dejó de prestar atención a una de las mujeres con las que estaba conversando y clavó sus ojos directamente en los míos.

Aquel cruce de miradas apenas duró unos segundos, pero fue suficiente para que ambos nos entendiéramos.

Sonrió de medio lado y apartó la vista para decirle algo a la mujer que estaba sentada a su derecha.

Estaba seguro de que nunca la había visto en el local de Joanne, aunque también cabía la posibilidad de que simplemente no hubiéramos coincidido. Me resultaba extraño, teniendo en cuenta la frecuencia con la que acudía allí, pero tampoco era imposible.

—Abogada y nueva en la ciudad.

Las palabras de Jo me hicieron parpadear y apartar la mirada de aquella mujer para volver a centrar mi atención en mi amiga.

—¿Qué?

—La víctima que has elegido esta noche es abogada y acaba de llegar a la ciudad. Su nombre todavía no lo sé, pero es la segunda vez que viene por aquí.

—No se te escapa nada. Y puede que no sea mi víctima; quizá sea yo el suyo.

—Eres imposible —respondió, negando con la cabeza.

—Es lo que hay —contesté mientras me encogía de hombros.

—Me estoy planteando seriamente prohibirte la entrada en mi local.

—No lo creo. Soy tu mejor cliente y me quieres demasiado como para hacer algo así.

—También eres mi mayor dolor de cabeza.

—Parece que no quieres que me divierta.

—Por supuesto que sí, soy la primera que busca diversión, pero ese es precisamente tu problema.

Tú no vienes aquí para divertirte, sino para desahogarte.

Y no lo haces para olvidar, porque eso todavía podría entenderlo, sino para castigarte por algo de lo que sigues culpándote, cuando en realidad tú no fuiste el problema.

—Joanne, no quiero hablar más de esto.

—Como quieras. Yo solo quiero que estés bien y que vuelvas a ser tú, pero haciendo esto no vas a conseguirlo. No te hace ningún bien, Dominic, solo consigue que cada día te pierdas un poco más.

No respondí porque el nudo que se me había formado en la garganta me lo impidió. Por suerte, el móvil de Joanne comenzó a sonar en aquel momento y, cuando miró la pantalla, frunció el ceño.

—Tengo que contestar esta llamada —anunció mientras se levantaba del taburete—. Supongo que ya no estarás aquí cuando vuelva.

—Supones bien.

—De acuerdo, hablamos mañana —se despidió antes de darme un beso y acariciarme el brazo.