La Osa de Ándara 15. El gato
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15. El gato

El gato

Laura Lavalle no puede ponerse en el lugar de esa mujer. La gente cree erróneamente que no ser madre te incapacita para empatizar con el sentimiento materno. No es su caso. La razón por la que no puede entenderla tiene más bien que ver con lo que sí es.

Laura tiene en el perfil de WhatsApp la foto de un gato persa estilo pop art que descargó de internet.

Suele jactarse cargando contra quienes ceden ese resquicio de espacio personal a su familia, como si no pudieran ni concederse el derecho a dedicarse el avatar.

Se burla de aquellos que se describen en la biografía de sus redes sociales como papá o mamá de quien sea.

Ella, por no tener, no tiene ni gato. Lo más sincero sería en su caso escribir que es Laura Lavalle, capitana de la Guardia Civil e hija del bicho.

Pero ni una cosa ni la otra puede reconocerlas abiertamente.

Su padre se marchó siendo ella muy pequeña.

En cuanto pudieron, lo hicieron también sus hermanos.

De sobra sabe Laura que tras una apariencia dócil y un rostro afable como el de la madre de Yeray puede esconderse un monstruo.

Tiene un máster en mujeres correctas y en apariencia encantadoras que compensan con un aspecto gentil un alma podrida.

Lo que no tiene es ningún derecho a resolver que esa mujer sea una de ellas.

Llora desconsoladamente durante el trayecto desde el Anatómico hasta su casa. Llega a buscar el contacto de Macarena para llamarla y disculparse, pero no se ve capaz. Lo siente, lamenta de verdad haberse comportado de esa forma tan mezquina.

Llega, se enjuga las lágrimas, abre la puerta y cumple con las obligaciones que se ha autoimpuesto siguiendo los valores de mierda que ella le ha inculcado para su propio beneficio.

Laura Lavalle no ha elegido tener un gato que no es suyo como foto de perfil, como no ha elegido casi nada en su vida.

Esa noche se promete que compensará a la madre de Yeray Santana de la única forma en que puede hacerlo: dejándose la piel para descubrir quién le ha arrebatado a su hijo.