24 #2
Un oscuro nos lanzó un fogonazo cuando prácticamente estábamos a punto de cruzar el umbral, y aunque logramos esquivarlo a tiempo, eso no evitó un aterrizaje forzoso que hizo que mi hermana colisionara con Cael haciéndolos rodar por el suelo.
—¿Estás bien? —el brujo la levantó casi en volandas.
— Pues claro, es un fénix, pero tú estás sangrando. —Candela pasó su mano por encima de la herida para sanarlo.
—Ya está, como nuevo —le sonrió.
—Por fin lo hemos conseguido —dijo resollando mi prima, que se apoyaba sobre Edan mientras curaban sus heridas.
—Estos cabrones, que huelen a culo, me están inflando las pelotas. —Sin soltar a mi prima, Edan lanzó su fuego combinado con el de ella para arrasar a unas cuantas criaturas que chillaron mientras se disolvían entre sus llamas.
—Tenemos que avanzar más deprisa —Héctor se puso rígido al escuchar su voz a nuestra espalda—. Hijo, mejor quédate detrás de los elementales.
Su cara era pura rabia a punto de explotar, pero logró contenerse. Todo lo contrario que su amigo que no tenía ningún filtro.
—Mejor chúpame un huevo, abuelo —le soltó con asco—. Vamos tíos —y los tres inconscientes empezaron a correr en paralelo al río verdoso de almas atrapadas, que con sus lamentos forman un eco siniestro constante, y que conducía al interior de ese malévolo reino.
Mi prima, Estrella y mi madre apretaron la marcha tras ellos junto a mis tíos.
—Espabila tía, no puedes quedarte atrás. —Sus rastas desaparecieron en la oscuridad seguida de sus compañeros y algunos metamorfos.
Mientras echaba a correr, miré sobre nuestras cabezas a la abertura que apenas dejaba pasar la luz anaranjada entre la espesa oscuridad que reinaba en el submundo, al final sabíamos que, de alguna manera, todo acabaría donde había empezado.
—Este sitio está espeluznantemente tranquilo —dijo Elio cuando dejamos atrás el río—. ¿Qué coño es esto? —Cogió un puñado de tierra muerta que se escapó entre sus dedos— Parece una mezcla de cenizas y huesos hechos polvo.
—Aquí muchos no han conseguido aguantar la oscuridad y simplemente se han consumido formando parte del submundo para siempre. —Claro, él ya había estado aquí. Le recorrió un escalofrío que no pudo reprimir—. No puedo recordarlo todo, pero esta zona sí… Debemos ir con cuidado, estad atentos.
No dijo más, pero su expresión me hizo temblar ante los horrores que habría visto.
—Sigamos, aún nos queda camino.
Apenas unos segundos después de que Edan formulara esa frase, unas manos emergieron de entre el suelo agarrando por sorpresa nuestros tobillos.
El chillido aterrado de Eloisa fue lo único que quedó de ella cuando fue arrastrada hacia dentro desapareciendo por completo entre el polvo de cenizas y huesos.
—¡Elo! —Tirso se tiró al suelo desesperado, mientras algunos permanecían medio engullidos por la tierra, forcejeando para escapar. Puso sus palmas sobre el suelo muerto que nos rodeaba mientras pronunciaba un conjuro apoyado por el resto de su aquelarre.
Las manos se retorcieron y replegaron hacia dentro hasta convertirse en ramas secas que sobresalían del suelo.
Todos los peligros que se escondían bajo esta tierra gris, se acababan de marchitar gracias al poder de los brujos, pero eso no trajo de vuelta a Eloisa.
El brujo continuaba pegado al suelo intentándolo sin rendirse, a pesar de que parecía imposible salvarla.
—Tirso levanta, vamos. —Celeste y Cael intentaron ponerlo en pie. Pero el brujo no movió ni un músculo—. Nuestra hermana ha caído, ya no está.
—Tenemos que seguir. —Elio también le tendió su mano—. Venga.
—No quiero dejarla atrás.
—No la abandonas, sigues adelante por su sacrificio. Sigues adelante por todos nosotros.
Eso lo hizo reaccionar y ponerse en pie justo a tiempo cuando el techo empezó a sangrar sobre nosotros.
El contacto del líquido caliente y corrupto corroía la piel, empezamos a correr para resguardarnos de este nuevo ataque mientras proyectamos un escudo de protección, pero la sangre de los caídos conseguía perforar la superficie elástica de nuestro campo.
Y algunos gravemente heridos empezaron a quedarse atrás.
El pasadizo se estrechaba para dar paso al siguiente nivel subterráneo, donde al parecer, no llegaba la sangre. Si éramos rápidos y lográbamos cruzar, estaríamos a salvo.
—¡Seguid corriendo, no paréis!
—¿Qué haces Candela? —Héctor y Elio aminoraron la marcha.
—¡He dicho que corráis!
La sangre ardiente y viscosa resbalaba por nuestra piel como metal fundido, abrasando a su paso y buscando una grieta por la que colarse.
Te taponaba la piel penetrando por todos los orificios, asfixiándote y quemándote las retinas.
La protección amenazaba con derrumbarse por completo dejando a su suerte a los rezagados y a todos los que se adentraran después al submundo.
Pero el dolor no hizo sino concentrarnos en la necesidad de salvarlos a todos.
Los hologramas de todo su cuerpo empezaron a resplandecer igual que el brazalete, su energía cálida crecía en nuestro interior, como cuando me recargué después del torneo gracias al árbol mágico.
Unos haces de luz brillantes salieron disparados a través de todos los hologramas, alcanzando cada centímetro del lugar.
Destruyendo por completo la lluvia tóxica y sanando a los heridos.
A Candela le faltaba el aliento, pero no podíamos perder ni un segundo, así que corrimos hasta alcanzar al grupo que había logrado resguardarse.
—¡¿Estás loca?! Si sigues así vas a drenar tu energía.
—Tengo pilas chaval —le dije enseñándole el brazalete. Pero lejos de relajarse, la única respuesta de Héctor fue fruncir el entrecejo.
—¿Las dos sois igual de tercas o eres solo tú?