La orden del fuego 24
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L a resaca emocional era demasiado intensa, el mundo nos pedía demasiado, solo éramos dos perfectas imperfectas intentando sortear los baches del camino lo mejor que podíamos.

Improvisando sobre la marcha sin tener ni idea de lo que estábamos haciendo.

Podía estar escrito y llamarnos las elegidas si querían, pero la cruel verdad es que la situación nos superaba.

Candela apenas había conseguido pasar dos horas dentro de la cama y todo el tiempo repasaba en su cabeza los diferentes rumbos que podía tomar la batalla.

Y el beso. Ese beso que no desaparecía de su mente a pesar del miedo y de querer centrarse en lo importante.

Todavía podía notar su sabor en los labios.

Un borrón colorido llamó su atención sacándola de sus pensamientos, su pequeño cuerpecito vestido de lavanda y menta resaltaba en mitad del claustro.

Brincó alegremente hasta aterrizar a nuestro lado, y se quedó en silencio viendo una fila perfectamente ordenada de hormigas.

No dijo ni una palabra hasta que cruzamos nuestras miradas.

—¿Yo me quedo aquí, sabes? Por mucho que quiera ayudar, me toca estar con los pequeños —dijo molesta haciendo comillas—. Y si hay algo peor que estar rodeada de mocosos no renacidos, es añadirle también unas cuantas brujitas y brujos a la ecuación.

El comentario de Sol me hizo sonreír. Ella no parecía estar asustada en absoluto, como si su cerebrito tuviera la certeza de que todo saldría bien y su única preocupación fuera la de quedar relegada con los niños.

—Sé lo que piensas…

—Imposible, casi no lo sé ni yo. Tengo la cabeza embotada —me miraba como si quisiera descubrir quién estaba al mando del barco ahora mismo.

—Soy Candela.

—Sí, eso me parecía. Da igual —movió su mano restándole importancia—.

Las dos estáis pensando exactamente lo mismo.

Se ve en tu cara, tienes el no puedo escrito en la mirada.

Y no debes permitir que el resto te lea igual que yo.

—Hizo una pausa para pensar mejor lo que iba a decirnos a continuación—.

Ellas no saben que no pueden y por eso son capaces.

—¿Ellas?

—Las hormigas digo —señaló la fila negra que caminaba silenciosa hacia el hormiguero—. Son increíblemente fuertes en relación con su tamaño. La mayoría de las especies pueden levantar entre 10 y 50 veces su propio peso corporal.

—Guau, no lo sabía… —No puede evitar meterme también en la conversación— Están tochísimas.

—Pues sí. Y hay una cosa aún más interesante de ellas, ¿la queréis saber?

—Claro, no nos dejes con la intriga —se levantó de un salto para poner su cara a nuestra altura y cogernos de los hombros como si fuera a hacernos una confidencia realmente importante.

—Se ha demostrado que ciertas hormigas, en condiciones específicas, pueden incluso soportar cargas momentáneas mucho mayores. A veces somos capaces de encontrar esa fuerza que nos impulsa a seguir hacia delante y conseguir lo imposible. Lo importante no es que puedas hacerlo, es que lo creas.

Candela se quedó con la boca abierta mientras Sol le daba un abrazo.

Ni el mejor de los coaches emocionales podría haber soltado un discurso tan acertado para un momento como este.

Estaba segura de que esa niña iba a arrasar en cuanto pasara a formar parte de una facción con la totalidad de sus poderes y esa inteligencia vivaz que la caracterizaba.

—Sol, eres muy grande. De verdad, gracias. —Su sonrisa radiante ocupó toda su cara.

—No lo olvidéis, ¿vale? —dijo justo antes de marcharse brincando por donde había venido dando por cumplida su misión.

—No podríamos.

Y ese pensamiento reconfortante nos acompañó durante el resto del día.

Mientras repasamos el plan, cuando nos organizamos para marcharnos a través de otro portal creado por las brujas, incluso hasta el momento justo en el que pisamos el mismo lugar de nuestro accidente, donde morimos por primera vez y donde filas extensas de fénix, brujas, brujos y metamorfos, aguardaban en un silencio ensordecedor al momento en el que abriríamos la brecha para entrar al submundo y enfrentarnos con nuestro destino.

Por un momento me disocié completamente de la escena, y solo podía notar el pulso acelerado de mi hermana que palpitaba implacable en la sien mientras contenía el aliento.

No podía creer que por fin estuviéramos a las puertas del submundo, y deseé con todas mis fuerzas poder acompañarla de forma corpórea, para que no se sintiera tan sola.

Nueva nota mental, no dejarnos liar para salvar el mundo nunca más. Estábamos muertas de miedo.

En algún momento mi madre se había acercado más a nosotras, pero no lo notamos hasta que dejó caer su mano sobre el hombro derecho de Candela. Eso me hizo aterrizar de nuevo, haciendo que nuestros nervios dieran un triple salto mortal en el estómago de mi hermana.

—¿Preparada cariño? —pero qué clase de pregunta era esa… Pues claro que no. Pero mi hermana se limitó a asentir.

Miré a mi alrededor, al extenso batallón de luz que habíamos reunido.

Los metamorfos convertidos dispuestos a luchar, los aquelarres y los fénix alados con sus trajes protectores.

Pude notar su miedo, pero también su determinación.

Era vital ganar esta batalla o el mundo se consumiría en la más absoluta y fría negrura.

Evité deliberadamente fijar la vista en mis amigos, a quienes deseaba salvar más que a nada en este mundo, porque entonces sería incapaz de cumplir con mi deber.

En su lugar, dejé que mi mirada vagara por los rostros más alejados y anónimos, hasta que me encontré con una cara extrañamente familiar, a pesar de pertenecer a un completo desconocido.

Sus rasgos eran demasiado parecidos, aunque sus ojos a pesar de ser también azules, eran fríos como el hielo y me perforaban curiosos como si tuviera que pasar su examen particular.

El escrutinio al que me tenía sometida daba escalofríos, así que preferí apartar la mirada y concentrarme en mi tarea. Ya no podíamos retrasarlo más.

Candela se agachó decidida, el día estaba desapareciendo rápidamente pintando las nubes en colores rosados y anaranjados, era el momento justo para empezar. Sus manos temblorosas se apoyaron en el asfalto desierto gracias a la magia de las brujas, que habían contenido el paso humano por esta vía.

Nada más apoyar la yema de los dedos sobre la superficie rugosa, el brazalete empezó a iluminarse enviándonos una visión que me hubiera parado el corazón de haberlo tenido. El de mi hermana se saltó por lo menos tres latidos seguidos antes de funcionar con normalidad.

Era una visión solo para nosotras, y que el brazalete estaba bloqueando deliberadamente para evitar que llegara también hasta Héctor y Elio.

— No quiero hacerlo, ese no puede ser el final. Tiene que haber otra manera… —intenté hacerme con el control del cuerpo de mi hermana, pero ella no me dejó.

— Tenemos un propósito Estela, y eso es más grande y más importante que cualquier otra cosa.

Firmemente convencida de ello, y antes de que pudiera hacerla cambiar de opinión, sacó la estaca y la hundió en su palma rasgando la piel a su paso en un movimiento rápido y decidido.

Su sangre brotó espesa y la untó rápidamente en el punto exacto donde tiempo atrás, a causa de nuestro accidente, se había formado la brecha para crear el portal.

Abre el umbral de tierra y sombra, donde solo a la muerte se nombra. Sangre y alma, el precio marcado, para acceder al portal invocado .

El sonido más aterrador surgió del subsuelo cuando el asfalto empezó a resquebrajarse a nuestros pies, como si millares de almas torturadas chillaran angustiadas por lo que estaba a punto de comenzar, mezclado con el hedor asfixiante de la podredumbre y la muerte.

Antes de que el portal hubiera terminado de abrirse, una horda de sombras humanas y fénix oscuros azotó a nuestras filas sin piedad. Y eso solo podía significar una cosa, nos esperaban y la única baza de la que disponíamos, el factor sorpresa, acababa de evaporarse.

Saltar al submundo para llegar hasta los nigromantes no iba a ser tarea fácil, porque las criaturas de las tinieblas se agolpaban en la entrada para salir a rastras de su agujero atacando y cortando el paso.

Un Golem del tamaño de una montaña hecha de diferentes cuerpos humanos nos agarró del brazo lanzándonos lejos, como si mi hermana fuera menos que un insecto diminuto y molesto.

Luego fue directo hacia una bruja desmembrándola en el acto.

La sangre de los aquelarres empezaba a teñir el suelo mermando aliados a cada segundo, y esto solo acababa de comenzar.

Desplegamos las alas para volver a la posición inicial, la vista aérea del campo de batalla era abrumadora, con las puertas abiertas del submundo, el enemigo se multiplicaba como una plaga de bichos.

Los jefes de los clanes volaron raudos a mi lado atentos a cada uno de mis movimientos, teníamos que unir fuerzas e intentar cruzar el umbral.

—Necesitamos barrerlos con fuego ¡ahora!

Escupimos fuego sobre los golems de carne que empezaron a derretirse en masas deformes, pero criaturas más poderosas como demonios, revenants y constructos de huesos empezaron a emerger del subsuelo sorteando nuestras llamaradas.

Los cristales de las brujas dispuestos por toda la brecha empezaron a brillar con fuerza al elevar su cántico entre el ensordecedor ruido de la batalla.

Los brujos unieron su poder para que el ataque fuera más efectivo y centenares de esos monstruos fueron absorbidos quedando atrapados en los cristales.

Nos habían proporcionado una pequeña ventaja para asaltar al submundo que debíamos aprovechar.

Podía ver desde las alturas mientras bajábamos empicados a toda velocidad, como unos cuantos se deslizaban dentro de la brecha a pesar de los múltiples ataques provenientes de fénix oscuros.

El fuego purificador de los metamorfos muchas veces no era suficiente para traerlos de vuelta y algunos simplemente pasaban a formar parte de las manchas oscuras del pavimento.