La orden del fuego 23 #3
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No entendía cómo podían verlo de esa manera, como si fuera un desecho insuficiente solo por pertenecer a otra facción. Y después seguir viviendo como si nunca hubiera existido, como si jamás hubiera pertenecido a su familia.

—No sientas pena de mí, por favor. Yo tampoco lo aguanto.

Justamente por eso, no me gusta hablar del tema —se quedó mirándome intensamente y de repente el ambiente cambió por completo—.

Es una lástima… —se le escapó muy bajito mientras aterrizaba sus ojos demasiado rato en la boca de Candela.

Se pasó la lengua por los labios y luego tragó saliva despacio, como si quisiera contenerse así mismo—.

Que sea posiblemente nuestra última noche y tú no estés aquí.

Cierto, yo no estaba ahí, al menos de manera corpórea.

Y aun así sentí el impulso repentino de besarlo.

Sin darme cuenta yo había hecho desaparecer prácticamente el espacio que quedaba entre nosotros.

Y Candela tuvo que frenarme de cuajo devolviéndome a la realidad.

Cuando estaba con ellos, a veces se me olvidaba por completo que yo solo era una vocecita que habitaba dentro de mi hermana.

Nadie podía verme ni tocarme. No era yo la que estaba echada a su lado.

— Pues si eso te parece un coñazo, imagina lo que es que todos sigan viéndote a través de mí y estar atrapada en medio de vuestras historias. ¿De qué sirve estar aquí si al final soy completamente invisible?

—Es todo demasiado complicado —Héctor apoyó su frente sobre la de Candela justo en el mismo momento en el que se abrió la puerta.

—¡Buuhh! —dijo defraudado al entrar y vernos simplemente tumbados el uno junto al otro—. Sois más aburridos que mi abuela. Esperaba que os hubierais olvidado de poner el calcetín.

—Es normal que todo el mundo sienta la necesidad de pegarte una patada en las pelotas por lo menos una vez al día.

—Al final me vais a dejar estéril tío, no tiene gracia.

Y esa fue la señal para salir de ahí antes de que se nos fuera de las manos, aprovechando la interrupción de Edan. Además, debíamos intentar dormir un poco, así que nos encaminamos hacia nuestro cuarto.

Pero había un pensamiento flotando a nuestro alrededor, era cierto, todo era agotador y extremadamente difícil.

— Lamento que te sientas así. Ojalá todo fuera diferente.

— No es tu culpa, pero Héctor tiene razón, es demasiado complicado.

—¿Qué es tan complicado? —Mi hermana se giró bruscamente al escuchar esa voz inesperada. Menos mal que un fénix no puede morir de un infarto.

—Supongo que hoy nadie puede dormir.

—Eso también es complicado, quién puede pegar ojo sabiendo lo que pasará mañana… Pero eso no es precisamente de lo que estáis hablando ¿verdad?

—Verdad.

—Uhmm… no tienes muchas ganas de hablar —la estudió pensativo mientras la miraba directamente a los ojos. Era como si necesitara saber más de ella. Como si atravesando sus pupilas pudiera bucear en su mente y desentrañar cada secreto para encontrar las respuestas que buscaba.

—Estoy cansada de tanta cháchara, solo quiero que esto termine y volver a ser invisible por completo.

—Pero yo te veo —le susurró el brujo cogiéndola de la barbilla para capturar su mirada escurridiza—. La que no me ves eres tú —ese comentario la dejó completamente paralizada—. Necesito hacer esto antes de que sea demasiado tarde, así que dime si quieres que pare en algún momento…

Sus ojos violáceos como su cresta, se aferraron ardientes a los de mi hermana mientras estrechaba poco a poco el espacio que los separaba. Y no frenó su avance porque ella no lo detuvo, no pudo articular ni media palabra por la expectación, pero también por los nervios.

Le sudaban las manos y le palpitaba fuerte el corazón. Tan rápido como el aletear de un colibrí asustado. Quería que pasara, pero no solo por la atracción, también porque por una maldita vez, era la protagonista de la historia y la miraban solo a ella.

La distancia se desvaneció por completo cuando el brujo rozó sus labios, y solo con ese leve contacto sintió un fogonazo que lo invadió todo. Primero mordisqueando su labio inferior, luego en un beso intenso y exploratorio, lleno de hambre y curiosidad por ella.

Y a partir de ahí todo se precipitó en un revoltijo de sentimientos de deseo, conexión y caricias que parecían no tener fin. Faltaban manos para recorrer cada centímetro de piel.

Cuando por fin se separaron, ambos estaban sin aliento. Ese primer contacto tan salvaje como su aspecto, le había dejado sin aire en los pulmones.

—Igual no debería de haber pasado, pero no me arrepiento, tenía que hacerlo por si no hay un mañana.

La volvió a besar, pero esta vez con calma, como quien está saboreando el momento y guardándolo en su recuerdo para siempre. Y luego se marchó sin mirar atrás ni una sola vez, dejándole un extraño sabor en los labios a despedida.

Quiso decirlo en alto, pero se le atragantaron las palabras y al final el hilillo de voz se perdió en la noche.

—No te vayas Cael. —Pero el brujo ya estaba demasiado lejos y ella demasiado perdida para correr tras él.