23 #2
—Lo sé, esto estaba demasiado aburrido sin mí. Y ahora moveré mi precioso culo hasta la cocina porque tengo hambre. Si vais a hacer cochinadas dejad un calcetín en el picaporte o algo.
—Solo eres capaz de pensar en una única cosa, ¿verdad?
—Es la última noche, yo la aprovecharía.
Y se marchó guiñándome un ojo dejando libre la entrada. Ahora que no taponaba la puerta, podía ver a Héctor recostado en su cama.
—¿Puedo pasar? —de repente tanta intimidad me puso nerviosa. Eso y que acababa de descubrir que Héctor dormía solo en calzoncillos. Echó mano de unos pantalones que tenía al lado y se los puso rápidamente.
—No esperaba a nadie…
— Dios mío, podríamos hacer un calendario de fénix desnudos. Nos forraríamos seguro. —La cara de Héctor le recordó a mi hermana que nos podía escuchar a las dos perfectamente—. Mierda es cierto, ya me callo.
— Cuando termine todo esto, nos ocuparemos de nuestro problemilla . —La situación era una mierda, necesitaba desespera damente recuperarme a mí misma—. Perdona a mi hermana la cosificadora, la culpa es de sus novelas eróticas…
— Romantica spicy — puntualizó—. Nada de eróticas .
—Quería hablar contigo de una cosa —hice una pausa larga, porque ahora me parecía ridículo haber venido hasta aquí para eso.
—Pero ya estás aquí, así que no me obligues a escarbar en tu cerebro. Sabes que no me gusta…
—Bueno, es una tontería. Pero hoy me he dado cuenta que nunca me has contado nada sobre tu familia. —Era demasiado reservado para sus cosas. Ahora que habíamos conectado de una manera más íntima, era justo que también me dejara ver a mí.
—Tampoco has preguntado.
—Ya, supongo que tenía la cabeza metida en mi propio culo con todo eso de saber quién era y de encontrar a mi hermana. Y ahora, es como si tuviera una cuenta atrás pegada en la oreja con la sensación urgente de que debo dejar cerrado todo antes de que empiece la batalla.
—Es como si te estuvieras despidiendo sabiendo que vamos a perder.
—No sé lo que pasará mañana, pero, aunque ganáramos, tampoco sabemos quién va a volver —una bola de ansiedad palpitaba en la garganta de Candela que se mezclaba con la angustia y el miedo.
A partir de mañana todo iba a cambiar, eso era seguro. Y aquí no había donde esconderse, es algo a lo que teníamos que enfrentarnos todos, aunque no quisiéramos. Mi hermana siempre había leído libros de heroínas, le encantaban sus historias. Pero jamás había deseado convertirse en una de ellas.
Yo ya conocía el peso de ser la elegida, de que dependiera todo de ti como si fueras la respuesta a los problemas de toda la orden y del mundo entero. Y nunca me había gustado esa sensación, no lo soportaba.
Héctor era muy listo y además ahora podía leerme completamente.
Había descubierto antes que yo que la necesidad de cerrar capítulos, de rellenar espacios en blanco y despedirme de las personas que quería, era mi forma de seguir adelante y de enfrentarme a lo inevitable, a pesar de todo el miedo acumulado que había estado escondiendo bajo la alfombra mientras estaba ocupada.
Pero ahora ya no quedaba nada más que hacer por mi parte, solo esperar a mañana. Y eso había abierto la compuerta del miedo, y las hipótesis horrendas de lo que podía ocurrir campaban a sus anchas.
—Anda, ven aquí —palmeó el colchón—. Y te contaré la historia de mi elitista estirpe. No sé si te dará sueño o pesadillas.
—Lo dices como si descendieras de un rey.
—Peor que descender de la realeza, es pensar que perteneces a ella, aunque no sea cierto.
Me acomodé a su lado y pasó su brazo sobre mis hombros para que nos recostáramos, con tanta naturalidad que parecía que lo llevara haciendo años.
Había algo en él, que tan pronto conseguía ponerme nerviosa y alterarme, como tranquilizarme sin llegar a utilizar sus poderes.
Su olor me envolvió y me sentí como en casa, aunque ahora mismo no tuviéramos ningún sitio donde volver.
Pero a veces, las personas también son hogar.
—En realidad soy un reubicado. Yo pertenezco a la sede de Toledo y allí no tienen nada que ver con nosotros. Más que una orden, parecen una secta elitista.
—¿Se unirán mañana a la lucha o van por libre?
—Todos estamos obligados a luchar, pero incluso si no lo estuviéramos, ellos jamás dejarían pasar la ocasión de demostrar su poder al mundo. Y si ganamos, tampoco perderán la oportunidad de reclutaros, ya lo verás. Su interés es demasiado evidente.
Podía percibir claramente la repulsa que les procesaba, si antes había sentido pena al ser excluido por su propia familia, ahora el sentimiento era mutuo y solo quedaba decepción. Hacía tiempo que ya lo había superado, ahora solo le inquietaba que pudieran echarnos las zarpas encima.
—¿Por qué están tan interesados? —me fue imposible formular directamente la verdadera pregunta.
—Tranquila, eso dejó de doler hace ya mucho.
No intento entenderlo, simplemente son así.
Para mi familia, solo quienes poseen el poder del fuego son dignos herederos de la esencia del fénix.
Mi padre, además, es el líder de la sede, y aunque toleran a las otras facciones en público, en privado las desprecian.
Lo peor de todo esto, es que hay demasiados que piensan como él.
Imagínate cuando su único hijo varón, se reveló como protector tras el ritual…
Simplemente no podía soportar su mirada de asco y decepción.
Nunca he estado de acuerdo con ellos y no pensaba vivir bajo su condescendencia.
Su visión es un insulto a la tradición de la orden.
Así que en cuanto pude me trasladé aquí.
—Capullos.
—Exacto, unos capullos pretenciosos —su intento de sonrisa no pudo engañarnos, aunque fueran unos snobs arrogantes, no dejaban de ser sus padres.
—Padres y hermana mayor —dijo para completar toda la información—. Y un tío. Eso es todo lo que te puedo contar de mi familia, qué triste. De vez en cuando coincidimos durante los torneos, pero eso es todo. No hablamos, ellos no existen para mí y yo no existo para ellos.