20 #3
Tenía un poder que no quería, quizá también podía ser debido a su familia, no estaba seguro.
Y eso le hacía sentirse fuera de la orden, desconectado del mundo al que pertenecía, roto.
Como si por negar su poder y sus sentimientos, estuviera renegando de ser un fénix.
Había pena, lucha interna, incluso a veces se odiaba a sí mismo por tenerlos, pero también había algo que nada tenía que ver con su condición de fénix, sino con su corazón.
Quería que yo lo eligiera a él, y me estaba esperando, aunque ni siquiera estuviera aquí.
Se obligaba a ser contenido y riguroso, le gustaba seguir las normas para intentar equilibrar la situación, ya que en realidad se revelaba a cumplir con la más exigente de todas, la de dejar fluir todo su poder.
No se había permitido alcanzar su potencial, siempre se estaba reprimiendo.
Quería dejar de sentir lo que no fuera suyo y bloquear la entrada a todo lo que robaba su espacio hasta hacerlo desaparecer.
Era líder, aunque no quería destacar por temor a repetir los mismos errores de su familia. Protector, listo, valiente, pero sobre todo leal. Esa era en realidad su gran virtud.
Héctor no se resistió, ni negó nada de lo que proyectaba el espejo. Era inútil luchar contra uno mismo y más cuando toda la verdad había salido ya a la luz.
El espejo no buscaba castigar, quería que aceptáramos quiénes éramos realmente. Solo al hacerlo podríamos unirnos plenamente al propósito común y demostrar a los clanes que éramos dignos de su alianza. Además, le habían enseñado algo crucial, que, para eso, debería de reconciliarse con su poder.
—Te toca —le dijo a Elio. Antes de apartarse, su mirada me buscó a través del espejo.
Suponía que al haberme dejado entrar, él no tendría secretos para mí, pero estaba muy equivocada. Conocía su alma torturada por la pérdida de sus padres, sabía que no podía perdonar a su hermana por ponernos a todos en peligro y que hacía tiempo que no quería vivir según la orden.
Deseaba libertad, irse muy lejos sin mirar atrás a pesar de Estrella. La quería y reconocerlo lo hacía sentirse el peor hermano del mundo, un egoísta, pero no era suficiente motivo para quedarse. Sabía que ella nunca abandonaría la orden.
Lo que no sabía, es que todo había cambiado cuando yo aparecí. Eso le había hecho esperar y quedarse hasta estar seguro de su siguiente paso. Había llegado a creer que yo era su mejor opción, pero de nuevo, se había sentido muy solo cuando desaparecí.
Y aún había algo más. Otra cosa contra la que estaba luchando desesperadamente para que no se reflejara en el espejo, podía ver perfectamente la tensión que se marcaba en su mandíbula y los puños bien apretados.
Pero al final la verdad siempre encuentra la manera de salir a la superficie. Allí estaba el motivo de su vergüenza, romper la norma principal de un protector. Había entrado sin pedir permiso.
Se sentía mal por ello, intentaba no hundirse diciéndose a sí mismo que había sido completamente necesario, que era por una buena causa. Pero ni así había logrado juntar las piezas, y anticiparse para lo inevitable. No había servido de nada.
Él ya sabía de las desapariciones de fénix, llevaba tiempo no solo buscando a sus padres, sino también respuestas.
Era el principal motivo de peso que había equilibrado la balanza hacia la decisión de abandonar la orden, pero entonces llegué yo y las cosas se empezaron a precipitar.
A cambiar. Intuía que yo era parte de la respuesta que estaba buscando y por eso quiso escarbar dentro de mi cabeza.
Al principio se daba de bruces contra mi barrera, sentía mucha curiosidad, pero no podía captar nada.
Así que utilizó sus poderes para cavar más profundo e intentar ver algo.
Sabía que estaba traspasando una línea que no debería cruzar al invadir mi intimidad.
Estaba arrepentido y por eso quiso abrirse conmigo y dejarme ver también a mí.
Esa conexión intensa que sentía con él era debido no solo a que me había dejado entrar, sino que también había entrado sin mi consentimiento. Me sentí tremendamente traicionada, una nube de decepción descargó toda su fría lluvia sobre mi alma. Eso me había dolido muchísimo.
—Quería contártelo, de verdad, pero no sabía cómo —se acercó hacia nosotras en cuanto su prueba hubo terminado.
—Pues ahora ya es tarde. Y desde luego no es el momento.
—Hasta yo sé que eso está fatal —murmuró Edan a mi prima en voz ultra baja. Pero no para mi oído de fénix.
—Y cuando todo esto pase, habrá consecuencias —le advirtió mi madre más triste que enfadada. Pero no le importaba en absoluto lo que le pudiera pasar.
—Perdóname por favor… —su voz estaba rota, pero mi corazón lo estaba más.
Lo ignoré completamente pasando por su lado, ahora que los tres habíamos terminado con el escrutinio del espejo y habíamos aceptado nuestra propia verdad, tendríamos que cruzar de alguna manera.
Los tres nos plantamos ahí delante esperando a que pasara algo. Y así fue, el espejo nos lanzaba un acertijo para poder cruzar al otro lado y llegar al laberinto.