19 #3
Al mismo tiempo los protectores proyectamos juntos un campo fuerte que se extendió abarcando a todo el grupo, pero entonces como si nuestro poder solo fuera una broma para ellos, el oscuro de pelo largo dio un paso hacia el frente y lo traspasó como quien cruza tranquilamente por una puerta.
Él siguió avanzando lentamente hasta posicionarse frente a mi prima que no podía dejar de mirarlo. Si no supiera que están vacíos por dentro, hubiera jurado sin dudarlo que estaba disfrutando de su sufrimiento.
—¡Edan, no! No lo hagas… —su voz absolutamente quebrada fue perdiendo fuerza hasta convertirse en un susurro lastimero.
Pero Edan ya no existía y estaba preparado para lanzar otro ataque de fuego. Debíamos adelantarnos, así que lanzamos una llamarada con todas nuestras fuerzas.
Cuando nuestra llama se extinguió, una risa gutural escapó de sus fauces, el fuego no le había hecho ni cosquillas.
—Joder es que les han dado esteroides… ¿Qué cojones pasa aquí? —bramé desesperada.
Nos concentramos con todas nuestras fuerzas tirando de los hologramas para disparar haces de luz que brotaban de cada uno de ellos.
Esos rayos cegadores sí que hicieron recular un par de pasos a los oscuros retorciéndose entre alaridos.
Pero solo conseguimos acabar con un par de ellos, que explotaron en cenizas y no volvieron a renacer.
—¡No le hagas daño! —chilló mi prima.
—¡Espabila, él ya no está! —Elio intentó hacerla entrar en razón, pero estaba rota por el dolor.
—Probemos una cosa… —Tirso que estaba situado entre ambos, nos cogió de las manos—. Amplifiquemos vuestro poder, ¡ahora!
Empezó a recitar un cántico cada vez más deprisa mientras nosotras nos concentrábamos en los hologramas, y Elio creaba un nuevo campo de protección más fuerte, que hacía de pantalla para defendernos del ataque de los fénix corruptos.
Estaba funcionando, su fuego negro rebotaba sobre la superficie elástica pero robusta de su campo. Aprovechamos ese momento para lanzar un fogonazo de luz a varios oscuros haciéndolos desaparecer convertidos en polvo.
Proyectábamos nuestra luz de manera intencionada lejos de Edan, ¿pero hasta cuándo podríamos retrasar lo inevitable? Tampoco es que jugáramos con demasiada ventaja. Al final tendríamos que elegir entre él o nosotros.
Tirso cayó de rodillas sin soltarnos de la mano, estaba entregándonos todo su poder y el campo empezaba a desmoronarse con él.
Candela y yo nos sumamos dándole un nuevo empujón para evitar que la barrera cayera dejándonos desprotegidos, pero si sosteníamos el campo, no podríamos controlar también los ataques.
A este ritmo, era cuestión de minutos volver a ser totalmente vulnerables ante su fuego corrupto. Unas gotas de sudor perlaban la frente de Tirso que luchaba para no desplomarse a nuestros pies mientras temblaba arrodillado.
Cael repetía con él desde su posición las mismas palabras, pero la falta de contacto con nosotros hacía más débil su poder que apenas sumaba a la causa.
Al habernos inmovilizado primero, nos habían robado una gran ventaja.
No podíamos luchar ni tampoco agruparnos para retroalimentar nuestros poderes.
Cuando el brujo estaba a punto de caer rendido en el suelo, una sacudida brutal hizo temblar la tierra bajo nuestros pies.
Al principio pensé que se trataba de la entrada de más oscuros y que estábamos perdidos, pero entonces el hielo que se había formado durante su llegada empezó a resquebrajarse poco a poco hasta derretirse por completo y liberarnos de su agarre.
Había funcionado y por fin respondían a nuestra llamada. Tres cambiaformas salieron como escupidos del mismo volcán, cada uno con la apariencia de su clan.
Un imponente dragón de color escarlata aterrizó el primero a mi lado soltando fogonazos por sus fauces, su envergadura era colosal, haciéndome parecer diminuta.
Casi como si fuera una pulga insignificante que podría aplastar sin el menor de los esfuerzos.
De cerca podía apreciar sus escamas cambiantes que según la incidencia de la luz pasaban de un escarlata a un chocolate oscuro.
Sus ojos verdosos me escrutaron por un segundo y pude atisbar la humanidad que había en su interior.
Si algo tenía en común con la quimera y la esfinge era su aliento de fuego, porque el tamaño de estos dos cambiaformas era mucho más pequeño.
Aunque en comparación con un fénix seguían siendo bastante enormes.
Estos híbridos mezclaban rasgos humanos con diferentes partes de animales, por lo que su aspecto era más chocante y llamativo.
La esfinge con su voz imperativa, casi autoritaria, se dirigió a nosotras.
—Debemos combinar nuestro fuego, ahora.
Justo en el mismo momento que la protección se desvanecía y Tirso caía desmayado en el suelo, lanzamos nuestras llamas combinadas contra la docena de oscuros que aún quedaban en pie.
Pedí al universo que esta unión pudiera funcionar y nos diera una oportunidad para revertir la oscuridad que se estaba extendiendo como una plaga mortífera.
Le pedí nuestra salvación aquí y ahora, también la del mundo entero durante la luna nueva. Pero sobre todo rogué para que Edan volviera con nosotros.