18
—No tienes por qué hacerlo tú cariño… —Me miraba con tanta pena que no podía soportarlo.
—Se lo debo, mamá.
—Tú no le debes nada a nadie, porque no ha sido culpa tuya. —Pero todas sabíamos que Gabi había sido un daño colateral. Y ahora su cuerpo permanecía tirado en mitad del cubículo como prueba y recordatorio de ello.
—Solo necesito… quiero hacerlo. Déjame a solas unos minutos, por favor.
—De acuerdo —me concedió al final abandonando la estancia.
— Siento no poder darte la intimidad que necesitas…
Permanecimos en silencio hasta que tuve el coraje de volver a mirar su cuerpo inerte para despedirme. Nunca sabría si algo de nuestra historia había sido real, pero para mí sin duda así había sido. Yo sí lo había querido y ahora sufría por él.
—Perdóname Gabi, lo siento tanto… —Otra lágrima rezagada rodó por mi mejilla mientras levantaba la mano hacia él—. Ignis .
Y su cuerpo, envuelto en llamas anaranjadas brillantes, desapareció ante mis ojos. Todo lo que había sido, carne, huesos, corazón y alma, acabó reducido a la nada. Ahora tan solo quedaba su recuerdo.
Salí despacio de la habitación, como si ya no tuviera fuerzas para terminar el día.
—¿Cómo estáis? —su voz surgió de entre las sombras y no puede evitar sobresaltarme. Era seguramente la última persona a la que pensaba encontrarme en el pasillo.
—¿Es que te importa? —Candela estaba tan perpleja como yo.
—Oye, soy un brujo no un demonio sin alma. Siento vuestra pérdida —parecía sincero—. De verdad. Yo también perdí a alguien cuando lo capturamos… Ahora entiendo que solo era otra víctima más, y que mi rabia era inútil.
—Y lo peor de todo es que seguramente perderemos a muchos más.
— Estela no seas tan pesimista … —Cael escuchaba atento.
—No, pero tiene razón. Es algo que tenemos que asumir. —La sorpresa se instaló en los ojos de mi hermana.
— ¿Puede escucharnos? —quiso comprobar.
—Sí, escucho vuestras conversaciones internas. Os distingo, cada una tiene una vibración y un color diferente.
—¿Entonces puedes saber lo que pensamos?
—No, puedo escucharos si habláis entre vosotras, que es diferente. También puedo distinguir quién está al mando, sé que dejas que tu hermana pueda fluir libremente.
—No quiero que se sienta encarcelada. —Su cabeza ladeada nos estudiaba, debimos aprobar su examen, porque una diminuta sonrisa se abrió paso en su cara.
—Interesante —afirmó categórico.
—Si tú lo dices… —Siguió estudiándonos un rato más. Con la misma mirada de concentración que ponía mi hermana cuando devoraba uno de sus libros. Y ella tampoco movió ni un solo músculo.
— ¿Y bien, os dejo a solas? ¡Ups! Espera… Es una pena, pero no puedo ¿Movemos ya o qué?
— Capulla… —A Candela se le incendiaron los mofletes sin remedio. Pero él parecía estar tan entretenido que no se percató.
—Seguiremos con esta conversación. —¿Seguiremos?—. Pero ahora nos esperan en la sala capitular.
Cael nos indicó el camino hasta la sala. Cuando llegamos, mis tíos estaban sentados junto a mis padres y Celeste en los bancos dispuestos en forma de U. Mientras que Eloisa y Astra estaban apoyadas en la pared contraria donde se encontraban de pie los chicos y mi prima.
La estancia, espaciosa y luminosa, era bastante austera. Lo que más resaltaba era su techo alto y los grandes ventanales que dejaban pasar raudales de luz. Era un espacio justamente diseñado para reuniones.
—Perfecto, pues ya estamos todos —anunció Celeste—. Podemos empezar, nos hace falta organizarnos.
—Antes creo que deberíamos estudiar una antigua profecía familiar —se adelantó mi madre haciéndole un gesto a su hermana mayor, que se levantó la camiseta dejando al descubierto su espalda.
Increíble, en ella estaba tatuado sobre su piel el primero de los siete párrafos. Pero claro, faltaban dos hermanas más, las más pequeñas sin contar con mi madre que era la última.
Eloisa empezó a transcribir en un papel los cuatro primeros párrafos de la profecía repartidos por la piel de las siete hermanas. Cuando los tuvo al completo sacó sus pigmentos.
—Si están ahí fuera, contactemos con ellas. Podemos traerlas, creo que lo mejor es que las siete permanezcáis juntas. ¿Os parece bien?
Las hermanas asintieron. Aunque mi madre estaba preocupada…
—¿Y si ya no están en nuestro bando?
—De momento solo vamos a contactar. No vamos a dejar que vean dónde estamos o a traerlas hasta que no estemos totalmente seguros. Necesitamos a un perceptor —Eloisa se dirigió al brujo—. Puedes avisar a Tirso, por favor.
Cael dirigente salió rápidamente a buscarlo. Mientras tanto nos explicó cómo íbamos a hacerlo, y que era necesario contar con un experto en percibir rastros y energías. Nunca habría imaginado que habría tantos tipos de brujos catalogados según sus habilidades.
Un joven de tez morena y ojos extremadamente claros entró siguiendo a Cael. Sus ojos contrastaban tanto, que no podías dejar de mirarlo. Eran como dos faros en medio de la oscuridad.
—Me sentaré por aquí, es la zona más interesante —dijo mirando descaradamente a Elio. Y yo me revolví un poco dentro de mi hermana.
— Calma fiera. —Al otro lado de la sala, Cael atendía a nuestra conversación interna.
— Maravilloso, ahora siempre tendremos un oyente . —El brujo nos guiñó un ojo, divertido—. Que sepas que no me gusta .
Desde el otro lado empezó a vocalizar despacio: Podré vivir con eso . Mi hermana no pudo reprimir una risita. Eso me gustaba aún menos.
—Bueno, ¿a quién tengo que rastrear y qué podéis darme para hacerlo más rápido?
—Dos hermanas, tenemos a las otras cinco —le respondió Eloisa. Parecía que iba a llevar la voz cantante en este tema.
—Con eso puedo trabajar —se crujió los dedos—.
Vuelvo enseguida, ni se te ocurra moverte de aquí —esto último se lo dijo muy bajito, pero yo lo escuché perfectamente.
Elio me miró un segundo y luego apartó la mirada.
Los ojos de Héctor tampoco perdían detalle para intentar captar cada una de nuestras reacciones.
— Es un descarado…
— Pero es inofensivo —apuntó Candela.
— ¿Qué sabrás tú?
— Sé cómo te mira, bueno, y el otro también. Con eso tengo más que suficiente.
— ¿Y tú qué? —le solté a Cael, que ni siquiera hacía ya el esfuerzo de disimular—. ¿Te hago unas palomitas? —Su sonrisa cada vez se ensanchaba más.
— Pues cállate ya.
— Si tuviera mano le daba un puñetazo. ¿Puedo?
— No, no puedes. No aprobamos la violencia.
— Eso era antes… Más vale que te actualices a la versión fin del mundo.
Tirso se puso manos a la obra, colocó a las hermanas formando un pentágono y se colocó justo en el centro. El brujo no tardó demasiado en dar con su rastro.
—Las tengo —dijo eufórico—. Están en algún punto de Londres… A unos seis-siete metros de profundidad —nos iba informando según lo iba percibiendo todo—. Es una red subterránea…Ya está, podemos iniciar el contacto. Tu turno Eloisa.
La bruja entró en el pentagrama para unirse a su compañero, se dibujó un símbolo en la frente con sus pigmentos y otros dos en los párpados antes de pronunciar un cántico.
Todos estábamos conteniendo la respiración, pero sobre todo mi madre y mis tías, que rezaban en silencio para que sus hermanas no estuvieran perdidas en las sombras.
—Y ahora os convoco, Luzia, Raisa, contestad si no albergáis ni un ápice de oscuridad.
El silencio se hizo tan denso como un día de niebla, todos estábamos deseando escuchar sus voces. Pasados unos minutos por fin nuestros mayores deseos se hicieron realidad.
—¿Hola?
—¿Luzia? —se apresuró a contestar una de mis tías.
—¿Aldana, eres tú?
—¡Estamos todas aquí! —se sumó mi madre.
—No me puedo creer que estéis todas bien —la voz le temblaba por la emoción contenida—. Han arrasado la sede de Londres. Hemos tenido que escapar. Pero no sabemos cuántos han conseguido salir… —la voz se le quebró y tuvo que hacer una pausa.
—¿Estáis en un lugar seguro? —preguntó Celeste.
—Por el momento creemos que sí, hemos podido escondernos en las catacumbas de Camden.
—¿Cuántos sois?
—Unos veinte fénix. —Un número desolador teniendo en cuenta las dimensiones de una orden. Esperaba que no fueran los únicos supervivientes de esa masacre.
—Bien, una prueba de fuego para traerlos —sugirió Tirso haciendo un juego de palabras—. Veamos si siguen siendo ellas. Transfiguratio .
De repente el entorno empezó a mutar y la sala capitular se convirtió en un desierto. Nos rodeaban kilómetros y kilómetros de arena por todas partes. Parecía tan real…
Iban a proyectarlos y no querían que tuvieran pistas sobre nuestra ubicación, igual que nosotros podríamos verlos, ellos también tendrían esa misma posibilidad.
A través de Eloisa se canalizó lo que la bruja estaba percibiendo directamente.
La imagen era borrosa y oscura, pero se podía ver claramente sus ojos.
Esos ojos no eran pozos de oscuridad, seguían siendo fénix.
Estaba segura de que el alivio podía invadir la estancia, aunque no pudiera percibirlos a todos. Eloisa trazó un portal con sus pigmentos a los pies de mi madre y mis tías. Una pequeña abertura que comunicó directamente con la guarida de Londres y que trajo a todo el grupo desde el otro lado.
Ver a mi madre reunirse por fin con todas sus hermanas fue el bálsamo que necesitábamos, una tenue y cálida luz en medio de las frías tinieblas. Por fin una pequeña victoria para nosotros después de tanta pérdida.
Cuando sacamos al resto de fénix rescatados y nos quedamos de nuevo a solas en la estancia, empezamos a estudiar la profecía. Ahora la teníamos al completo. Héctor cogió el papel transcrito entre sus manos y empezó a leerlo en alto con voz clara y calmada:
Los murmullos del abismo cruzarán las grietas, las sombras caminarán con los mortales, y los cuerpos, fríos y leales, obedecerán órdenes secretas.
Un ejército de almas atrapadas se alzará, invocado por los que a la muerte saben susurrar, y la tierra, temblando, bajo el peso de sus pasos quebrará.
El enemigo no se deja ver, pero su sombra consume, y en polvo y cenizas resume. Convirtiendo al amigo en mortal combativo, y su oscuro eco, vacío y sombrío.