17 #2
Y Eloisa a continuación empezó a dibujar su símbolo. Luego le tocó el turno a mí madre.
—¿Por qué están acabando con los fénix?
—¿Por qué nosotras, qué papel desempeñamos en todo esto?
—¿Cómo podemos acabar con los nigromantes y su ejército oscuro? —formuló Cael.
—¿Cuánto tiempo tenemos?
—Y por último… —dijo cerrando el círculo Eloisa—. ¿Quién nos puede ayudar a pararlo? Es la hora —pronunció solemne—. ¡Encended vuestro fuego hermanas!
Ahora que estábamos unidas, era mucho más fácil acceder a nuestro poder. Nos concentramos para enviar una llamarada que envolvió el cuerpo del nigromante y empezó a crepitar mientras gritaba consumido por el dolor. El olor de su carne putrefacta quemada nos obligó a reprimir una arcada.
El aquelarre empezó a recitar un canto en el lenguaje de los antiguos para ayudarnos a penetrar en las barreras mentales de Gabi.
Al principio en los espejos solo se proyectaban visiones distorsionadas de su mente manipuladora.
Estaba intentando resistirse al ataque, pero sentía cómo, poco a poco, se estaba quebrando bajo el peso de nuestra magia.
Cael y Celeste intentaban reconducir los recuerdos del nigromante para que pudiéramos ver solo verdad. Pero era difícil distinguir entre tantas imágenes que se solapaban y desfiguraban. Y, sobre todo, saber qué recuerdos eran inventados o reales.
Hubo una cosa que sí era real y que pudimos reconocer, el día de nuestro accidente. Gabi empezó a gruñir, no quería darnos esa información, pero no puedo evitarlo. Su voz, igual que sus recuerdos, se proyectaban en los espejos como una película.
Parecía que sus visiones se desarrollaban según el orden de nuestras preguntas, lo primero que nos contestó fue el lugar exacto del portal, que estaba directamente relacionada con la pregunta de mi hermana.
Nuestra sangre les había dado la fuerza necesaria para crear un portal durante nuestro accidente, ahora su poder iba más allá de controlar a muertos, espíritus oscuros, fénix y humanos desde el submundo.
Ahora podrían cruzar todos físicamente al otro lado cuando estuvieran preparados.
Nosotras habíamos sido la llave para abrir esa puerta, pero también éramos la clave para cruzarla.
Las imágenes siguieron sucediéndose rápidamente durante unos minutos.
Unas detrás de otras, como fotografías desordenadas hechas pedazos imposibles de reconstruir o de entender.
Gabi luchaba por no darnos más información mientras se retorcía e intentaba liberarse de la presión que ejercían los brujos y mi madre al intentar llegar hasta la verdad.
Otra imagen nítida se escapó de entre sus recuerdos a pesar de sus esfuerzos por contenerla, y esa revelación nos hizo darnos cuenta de que estábamos equivocados. Él no era un enemigo, era otra víctima más.
Entonces, si Gabi no era un nigromante y solo estaba controlado como una marioneta por uno de ellos… ¿Eso significaba que aún podríamos salvarlo? ¿Y cuándo lo habían captado, algo de lo que tuvimos fue real?
En ese momento soltó un alarido desgarrado por el dolor, como si fuera un animal herido que estaba a punto de rendirse. Y no puede reprimir mi pena, porque en alguna parte, por pequeña que fuera, seguro que quedaba algo de mi Gabi ahí dentro.
— Ni se te ocurra moverte del círculo —me ordenó mi hermana—. Sé que duele verlo. Yo tampoco quiero hacerle daño, pero tienes que aguantar.
Tenía razón, pero no podía soportarlo. Así que simplemente la obligué a cerrar los ojos por un momento.
Cuando volví a abrirlos, Gabi estaba respondiendo a la pregunta de mi madre, su voz narraba cómo los fénix eran la pieza clave para llevar a cabo su plan de propagar la muerte.
Nosotros éramos la única resistencia posible, por nuestra capacidad de regenerar vida.
Y por eso, la única alternativa era convertirnos en oscuros y llevarnos a sus filas. Así el mundo estaría condenado.
Si realmente el conjuro estaba siguiendo el orden, ahora le tocaba el turno a la pregunta de Cael de cómo acabar con ellos.
Dentro del círculo, Gabi seguía envuelto en llamas mientras apretaba los dientes. La tensión de soportar nuestro interrogatorio crispaba todo su cuerpo que empezó a sacudirse y convulsionar con espasmos cada vez más salvajes.
Sus movimientos eran descontrolados y dolorosos, quebrándose de manera antinatural como si no quedara ni un solo hueso en todo su cuerpo.
Pero de repente él dejó de revolverse como un animal enjaulado y de aullar.
Su cuerpo vencido, levitó unos centímetros del suelo, sus ojos negros pasaron al blanco absoluto como si estuvieran desprovistos de vida, y entonces un hilillo de sangre reptó por su boca hasta caer al suelo.
—¡No! Gabi… —chillé desde el círculo sin poder moverme. Lo sentí incluso antes de que pasara y me desgarró por dentro.
Su cuerpo cayó al suelo en un estruendo que se quedaría grabado en mi mente para siempre.
En medio del círculo su cuerpo estaba desparramado como una cáscara vacía.
Estaba seco por dentro con los orificios de los ojos quemados, como si fuera una funda que hubieran utilizado y desechado. Como si él no significara nada…
—¿Hemos sido nosotros? —preguntó mi hermana aterrada.
—Por supuesto que no. El nigromante que lo poseía y lo tenía subyugado ha abandonado su cuerpo. No podíamos hacer nada por él, ya lo habíamos perdido —contestó Celeste.
—¿Cómo ha podido escapar? —El brujo no podía entenderlo, eso significaba que cada vez eran más fuertes.
—Porque realmente todavía no era uno de ellos, están jugando con nosotros…
Pero yo no podía escuchar más, tomé el control del cuerpo de mi hermana y me desplomé a su lado. Lloré sobre él todo lo que no me había permitido hasta ahora sin importar quién estuviera mirando, me daba igual todo, incluso parecer débil. Solo quería sacar la rabia, el dolor y la pérdida.
Necesitaba despedirme de él, decirle que lo sentía porque al final se había visto envuelto en aquello por nuestra culpa.
Solo había sido un medio para llegar hasta nosotras y su desenlace había sido cruel.
Necesitaba que dejara de doler, pero sobre todo quería venganza, por él, por los padres de Elio, por Edan, por todos…
No sé cuánto tiempo estuve así, ahogada en mi propio llanto hasta que noté la mano de mi madre sobre mi espalda. Trazaba círculos suaves para intentar calmarme, pero yo no podía parar. Cuando por fin levanté la vista estábamos a solas en la habitación.
—¿Cuándo acabará esta pesadilla mamá? —dije con una voz entrecortada que apenas reconocía—. ¿A cuántos más vamos a perder por el camino? No sé si podré soportarlo…
—Cariño, eres fuerte y valiente, igual que tu hermana. Vosotras seguiréis adelante pase lo que pase. No será fácil, pero lo vais a conseguir, lo prometo.
Estaba tan cansada de esto, de no entender, de aguantar, de perder… No quería renunciar a toda esperanza, pero cómo continuar si parecía que estábamos condenados.
— No te vengas abajo Estela, aún podemos cambiar las cosas. Y ahora estamos juntas…
—Solo hay una manera de afrontar esto mamá. Lo sabes.
Mi madre no quería reconocerlo, pero lo sabía. Lo sabía incluso antes de nuestro nacimiento, lo había intentado detener por todos los medios, pero no lo había conseguido.
Cuando su hermana mayor había contactado con ella, la única que sabía dónde encontrarnos, para contarle que habían empezado a recibir ataques y que estaban desapareciendo fénix en todas partes del mundo, lo supo.
La pesadilla había empezado, y tenernos escondidas reteniendo nuestros dones, ya no serviría de nada.
Debíamos volver y enfrentarnos al problema.
Lo que no sabía es que estábamos dentro de un plan orquestado desde el primer momento y que gracias al accidente aún podían empeorar más las cosas.
Nunca habíamos tenido opciones en realidad…
Y saberlo a ciencia cierta hacía que se cuestionara si realmente valía la pena luchar, aunque no quisiera admitirlo y mucho menos decirlo en voz alta.
Habíamos dejado vía libre para que accedieran al plano físico.
Nos habían separado y mermado, mi padre ahora era humano y Edan ya no estaba con nosotros.
Nos habían obligado a enfrentarnos y matar a los nuestros, como a Elio que tuvo que acabar con su propia madre…
la pérdida, el cansancio y el dolor nos tenía bloqueados.
Y todo ello nos dejaba en grave desventaja.
Apenas estábamos empezando a organizarnos y a entender la situación, pero ahora comprendía que la profecía familiar quería decirnos más cosas de lo que habían supuesto a simple vista.
—Sí, y por eso tenemos que hablar —contestó al fin.
Era momento de contárnoslo todo y de asumir que más pronto que tarde, deberíamos atacar el submundo. Estuviéramos preparados o no.