17
Q uería traspasar el círculo de sal negra y cenizas para arrearle un guantazo, lanzarle una bola de fuego, partirle un espejo en la cabeza o algo… Algo que pudiera ayudarme a aplacar mi rabia.
—No me mires así preciosa, ya te dije que volveríamos a vernos. ¿Es que no me has echado de menos? Madrid no era lo mismo sin ti —no puede contestar.
—Y es justo por eso que prefiero los libros a las personas. Es algo que puedo controlar —dijo Candela por mí.
—No todos los ex quieren destruir el mundo, algunos por suerte solo te los vuelves a encontrar en Tinder y puedes deshacerte de ellos deslizando.
—Parece que Celeste estaba al corriente de todo.
Mi prima, Héctor y Elio no dejaban de mirarme—.
Bueno, y ahora que han acabado las presentaciones y los reencuentros, por qué no vamos a lo importante —le sugirió—. Cuéntanos el plan.
Pero Gabi no soltó prenda, solo sonreía con una mueca espeluznante. Sus ojos mutaban pasando de lo humano a la oscuridad mientras unas venas negras se extendían alrededor de sus ojos como ríos envenenados.
Dejó escapar un susurro ahogado entre dientes, y solo cuando se iluminaron los sellos de sangre entendí que estaba intentando recurrir a su magia para atacarnos y que eso lo estaba consumiendo.
—Ojalá desaparezcas para siempre cabronazo —solté rabiosa. Me sentía traicionada, pero sobre todo ridícula.
—Era imposible que lo supieras. —Pero, aunque Candela tuviera razón, eso no me hacía sentir menos expuesta y dolida.
—Si tú no vas a hablar, tendremos que obligarte —intervino Cael acuclillándose para ponerse a su altura—. Y para eso nosotros también tenemos un plan.
Arrastró esas últimas palabras despacio como si quisiera recrearse ante la duda y el miedo del nigromante.
Pero ese estado duró menos de un segundo, porque estaba convencido de que, aunque él mismo no llegará a verlo, el final estaba escrito y ya habíamos perdido incluso antes de empezar la batalla.
Estaba tan enfadada que no pude contenerme y me acerqué a él apartando a Cael de en medio. Ya no era el engaño en sí lo que me cabreaba, sino más bien la promesa de una muerte segura para todos.
—Escúchame bien cadáver putrefacto, no solo acabaremos con tu culo hediondo, pienso arrasar a todo tu escuadrón de la muerte. Y cuando solo seáis un charco de agua sucia en el suelo me mearé sobre vuestros restos. ¡Resucita esto gilipollas! —le dije mientras le hacía una peineta.
Pero cometí el tremendo error de dejarme llevar por mi impulsividad y acercarme demasiado.
Unos mechones de mi pelo sobrepasaron el círculo de sal y cenizas.
Y Gabi aprovechó su oportunidad agarrando mi cabellera y tirando de mí hacia dentro.
Solo desplazar, aunque fuera un grano de sal, rompería la prisión dónde lo tenían retenido.
Sin moverse de su posición, mi madre, Héctor y Elio lanzaron una potente protección que retuvo mis pies a escasos milímetros del círculo. Su rapidez nos dio algo de ventaja para que Cael, que estaba justo a mi lado, tirara de mí hasta alejarme de Gabi.
Caímos desparramados por el suelo de la estancia en un golpe seco. Pero la peor parte se la llevó el brujo.
—¡Tú eres un puto peligro! —siseó bajo mi peso. Estaba más que furioso—. ¿Te das cuenta de lo que podía haber pasado por tu imprudencia?
El nigromante aún con mechones de mi pelo entre sus manos no paraba de reír ante la escena.
—¡Basta! Todos fuera. Ahora. —Celeste nos sacó a todos de la habitación—. Nos hacéis parecer débiles.
—¿Y ellas son el plan? ¿Las que van a solucionarlo todo? —bufó el brujo.
—¿Es que no te fías de mí?
—No me fío de ellos —sentenció mirándonos a los ojos. Candela también estaba cabreada conmigo. Lo último que quería era decepcionar a todo el mundo y romper una alianza.
—No tenemos tiempo para esto, las necesitamos.
—Lo siento —dije por fin—. Me he precipitado, no tenía que haberlo hecho. Dime qué necesitáis de nosotras y lo haremos. Pero tú… —dije encarándome con Celeste—. Tú podías haberme avisado. ¿Qué te proponías?
—Utilizar tu rabia como motor. Está claro que no he tenido en cuenta tu impulsividad, te creía más lista. —No me gusta que me recalquen lo evidente, ya sé de sobra que no soy precisamente una mente brillante. Pero entonces me sorprendió el comentario de Candela.
—No podéis jugar así con nosotras y esperar que no tenga consecuencias. Igual la que carece de inteligencia emocional eres tú. ¿Podemos tener una alianza clara y transparente, y dejarnos ya de chorradas? ¿Cuál es el siguiente paso?
Sin duda mi hermana había heredado las dotes de líder, menudo piquito, los brujos la miraban en silencio y sin pestañear.
Por un momento, más largo de lo esperado, Celeste permaneció estudiándonos descaradamente. Intentando entender dónde empezaba una y terminaba la otra, qué ventajas y puntos débiles teníamos cada una, y sobre todo si seríamos lo esperado y si eso sería suficiente.
—Muy bien, hablemos en la habitación de al lado.
Cael, Eloisa, Astra, conmigo. —Una de las guardianas del nigromante, abandonó su puesto para seguir a Celeste junto al resto de nosotros.
A pesar de ser menuda y delgada, sus facciones salvajes la hacían parecer muy peligrosa.
Es la típica a la que no te gustaría tener de enemiga, supongo.
—Antes de que os pusierais en contacto conmigo para el ritual de fuego, nosotros ya habíamos notado fluctuaciones extrañas en el tejido mágico.
Creemos que todo empeoró el día del accidente.
A partir de vuestra llamada empezamos a tra bajar, en mi aquelarre hay sombristas expertos, con ellos empezamos a buscar conexiones directas con vuestra familia, y pudimos seguir el rastro de este nigromante.
—No fue fácil —intervino Eloisa—. Perdimos a muchos solamente para atrapar a uno de ellos —quería darnos a entender lo implicados que estaban en el asunto y lo difícil que sería enfrentarnos a este enemigo.
—La sorpresa fue entender la naturaleza de su conexión, porque eso significaba que llevaban mucho tiempo preparándolo. Y, por lo tanto, nosotros jugamos con desventaja —concluyó el brujo.
—Pero eso no implica que todo esté perdido.
Lo tenemos aquí y vamos a aprovecharlo. Hemos intentado varias cosas, pero es imposible penetrar su mente y discernir qué es real y qué es producto de su manipulación.
Por eso es tan importante unir fuerzas, creemos que con el conjuro de los siete ecos podremos derribar sus barreras.
Este hechizo de interrogación es potente y requiere a varias personas para canalizar su energía. Tenemos que combinar a un fénix de cada facción y cuatro brujos psiónicos, una eco —dijo señalándose a sí misma—, experta en alterar o extraer recuerdos.
—Un sibilo —siguió el brujo—. Especialistas en controlar la realidad mental de otros.
—Un ancla como Eloisa —se apresuró a continuar Astra— para que controle la energía espiritual y afiance la conexión entre los dos planos, el físico y el espiritual.
Y por último una Nexo, entre otras cosas, actuamos como enlace entre diferentes dimensiones o planos de existencia.
Mi papel será intentar rastrear a través de su mente el portal de entrada al submundo de los nigromantes.
Porque está claro que debemos encontrarlo y atacar.
Se me escapó una mirada fugaz hacia los chicos. El aquelarre pensaba igual que nosotros y nos ayudarían a encontrar el camino.
—La dificultad de este conjuro radica en la coordinación y en el riesgo de que, si alguno fallamos —Cael me miró expresamente a mí, a la hermana impulsiva—, el nigromante podría manipular la energía a su favor a pesar del círculo de contención.
También discernir la verdad de la mentira.
Pero para eso estamos nosotros y el fénix protector.
—Y todo el que participe está especialmente expuesto y vulnerable.
Puede ser peligroso, así que la pregunta es ¿quién quiere asumir el riesgo?
Aquí están mis voluntarios, ahora solo necesitamos de vuestra parte un protector y un sanador, porque el papel de elemental lo tienen que jugar las hermanas. Necesitamos su fuego y su sangre.
Joder con la puta sangre de los cojones…
El papel de sanador estaba claro, el único que había en la habitación ahora mismo era mi tío. Y además no hubiera aceptado otro voluntario, por su destreza pensaba que podría ser el indicado.
Aunque ambos se ofrecieron para participar en el conjuro, mi madre rechazó el ofrecimiento de Héctor y Elio. No le hacía gracia que nosotras tuviéramos que participar, pero aún le gustaba menos no estar con nosotras durante el conjuro. Así que la cosa estaba clara…
—Perfecto, pues ya estamos todos. ¿Alguna pregunta?
—Sí, ¿cuándo empezamos? —preguntó Candela.
—No dejes para luego lo que puedas hacer ahora —le contestó Cael abriendo la puerta de la estancia para invitarnos a salir con una sonrisita sardónica.
—Genial, estamos impacientes y preparadas. ¿Y tú? —Pero mi hermana no tenía ninguna intención de escuchar su respuesta y salió dejándolo ahí plantado. Memo .
—Ah, una cosa más… —dijo Celeste justo antes de que entráramos en la otra estancia—.
El nigromante experimentará sus propios recuerdos de forma intensa reviviendo fragmentos de su pasado como si fueran visiones.
Para que todos los presentes lo podamos ver, aunque no participen directamente, aprovecharemos los espejos.
Durante el conjuro y solo hasta que finalice, sus recuerdos se materializan en ellos proyectando visiones que podremos ver y escuchar.
Eloisa empezó a trazar siete círculos concéntricos alrededor del nigromante con pigmentos naturales.
—Ahora necesitamos vuestra sangre para grabar un símbolo por cada pregunta que deseamos obtener del nigromante, tenemos que ser muy precisos porque no habrá más oportunidades.
Una vez más como pago para realizar un ritual, Eloisa se acercó con un cuchillo y un cuenco para extraer nuestra sangre. En el primer círculo hizo entrar a Astra que lanzó su pregunta en voz alta.
—¿Dónde está la entrada al submundo?