La orden del fuego 16
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H abíamos comprobado toda la orden, sobre todo las habitaciones de los más pequeños. Pero el ataque se había contenido entre las paredes del invernadero. Y ahora estábamos el grupo al completo, junto a mis tíos y mis padres, reunidos en el pequeño despacho del líder. Parecía una lata de sardinas.

—Estoy casi segura que debe ser por el árbol mágico. Tiene la esencia de los fénix en sus raíces. Para abrir una brecha de esa magnitud necesitas la conexión y la oportunidad. O la facilidad de un portal como los anillos místicos —razonaba una de mis tías.

—Pero claro, hay tantas cosas que no sabemos… ¿Hay algo que no me hayáis contado? Esto es importante, como habéis podido comprobar no es ningún juego —mi tío nos repasó con la mirada uno a uno, hasta detener sus pupilas sobre mí. Sin querer desvié la vista hacia Elio.

—¿Y bien? —Mi madre me miraba expectante y muy seria, como si acabaran de llamarla del despacho del director diciendo que a su hija la habían pillado copiando en un examen o peor, vendiendo droga en los baños del instituto—. Estela no puedes esconderte ahí dentro, así que desembucha.

—Solo sé que unos días antes ya había visto a uno de esos oscuros rondando por los pasillos de la orden, pero no de manera corpórea. No tengo ni idea de cómo. Y en ese momento tampoco sabía lo que era… Pero creo que me había robado mi mapa para evitar que encontráramos el objeto oscuro.

—Pero hay alguien aquí que sí sabe más de lo que dice, ¿verdad? —la voz de la bruja nos sobresaltó a todos. Su proyección astral había aparecido de repente—. Como veis, la orden ya no es segura. Hay que salir a combatir al enemigo.

—¿Qué sabes Celeste? —mi tío estaba perdiendo la paciencia.

—Ella, preguntadle —dijo señalándola con el dedo—. Ella hizo un trato con el nigromante. He seguido su rastro…

—¿Qué? No… —pero cuando vio la cara de culpabilidad de su hermana supo que la bruja tenía razón—. ¿Estrella qué has hecho?

—Me prometió que ellos volverían, yo no-no sabía… —dijo sollozando—. Solo tenía que invocar el objeto oscuro y dejarlo entrar. No tenía ni idea de que subyugaría y se abastecería de Sol, ni de que ayudaría a abrir un portal. No pensé que nos fueran a atacar…

—Joder Estrella, ¿y qué pensaste cuándo sufrimos el primer ataque durante el torneo? ¿Por qué no dijiste nada entonces?

—Tenía miedo, la había cagado, pero bien. Intenté buscar por mi cuenta el objeto oscuro, pero no lo encontré, lo juro. Yo solo quería que nos devolviera a nuestros padres, y ahora… ahora… —Rompió a llorar sin terminar la frase abrazando a su hermano.

No quería decir en voz alta que por su culpa se habían llevado a Edan y habíamos perdido a tantos fénix. No podía asumir que a pesar de todo y de poner a la orden en peligro, no había servido para nada. Su madre no había podido volver, y había perdido toda esperanza de recuperar a su padre.

—¿Por qué no pude verlo?

—Un bloqueo del Nigromante —me contestó la bruja.

—¿Y qué quiere? ¿Por qué nos convierte en oscuros?

—Pero querida, ¿y qué quieren siempre las fuerzas del mal sino prevalecer sobre el bien y sumir el mundo en el caos y las tinieblas?

—Los nigromantes son maestros de la muerte y la oscuridad, siempre han buscado subvertir el ciclo natural de la vida —contestó mi tío.

—Pero no solo eso, creo que quieren capturar las almas y la esencia de los fénix para fortalecer sus poderes y engrosar su ejército con oscuros indestructibles.

Y cuando lo consigan, serán imparables y el mundo quedará arrasado.

Se están reagru pando rápidamente, ahora puedo verlo y no tenéis ni la menor idea de todas las criaturas que forman sus filas. Su ejército se cuenta por millares.

—¿De qué criaturas estamos hablando además de fénix oscuros? Sombras, eso seguro… Una de esas casi acaba conmigo.

—Liches, demonios menores, Ghouls, Golems de carne, constructos de huesos, revenants…

La lista es larga. Por eso nos necesitáis.

Estamos dispuestos a abrir las puertas de nuestra casa porque aquí no estáis a salvo.

Tenemos que prepararnos y reclutar a más criaturas de luz para nuestro ejército. Tenemos que luchar.

Y como prueba de buena fe, una bruja nunca viene con las manos vacías, tenemos un regalito. Hemos capturado a uno de ellos para sacarle información.

—No creo que se le pueda sacar mucha información a un oscuro. No recuerdo pensar por mi mismo cuando estaba corrupto. Era como si estuviera totalmente vacío por dentro.

—Correcto, por eso tenemos a uno de los nigromantes. —No me pasó desapercibida la sorpresa generalizada ante la eficacia de Celeste. La bruja iba un paso por delante, ¿nos podíamos fiar de ella?

Pero no teníamos muchas opciones, y finalmente habían decidido apostar por la vía de escape y hermandad que nos brindaba la bruja. Supongo que esta guerra era de todos…

Los siguientes días fueron un completo caos, organizando nuestra partida.

Intentando entender lo que estaba pasando y lo qué debíamos hacer a continuación.

Tenía la esperanza de que, con la ayuda de nuestros nuevos aliados, pudiéramos recuperar el control de nuestras vidas.

Salvar el mundo o lo que se esperase de nosotros, yo qué sé, pero sobre todo recuperar a los fénix que se habían llevado durante el ataque y de recuperarme a mí misma.

Pero había algo que no me acababa de cuadrar, quizá solo fuera que estaba empezando a considerar la orden como un ho gar y no quería marcharme. El caso es que el eco de esa idea no abandonaba mis pensamientos.

—Cuéntamelo Estela. Quiero entenderlo. —Estábamos delante del árbol mágico. Dejarlo aquí solo me parecía un error.

—No me acostumbro a estar solo dentro de tu cabeza. Me siento atrapada.

—Ya, pues para mí tampoco es una fiesta. Es como tener un mosquito molesto rondando mientras intentas dormir. Pero peor, estás a todas horas.

—Qué bonito, hermana. —Nunca habíamos podido compartir habitación, como para compartir ahora cabeza y cuerpo—. No puedo explicártelo, es solo una sensación. Creo que estamos pasando algo por alto, pero qué…

Candela alargó el brazo y acarició la corteza del árbol. Un chorro de imágenes se coló abruptamente como una proyección acelerada. Las escenas de apenas segundos se sucedían y se mezclaban. Guerra, muerte y finalmente la absoluta oscuridad. Esto no pintaba nada bien para nosotros.

—Guau, ¿siempre es así de intenso?

—Sí —me hubiera gustado afirmar con la cabeza, pero no tenía—. ¿Nos está enseñando lo que pasará para cambiarlo o estamos perdidos y este es el final?

—Tú eres la experta. Pero entiendo que el árbol no contactaría con nosotras si fuera inevitable…

—¿Te das cuenta? Está pasando en todas partes del mundo. Creo que nos están haciendo salir para cazarnos.

—Igualmente aquí ya no estamos a salvo, quizá haya sido buena idea el traslado con las brujas después de todo.

—Puede ser… Pero ya has visto las imágenes. El árbol nos ha enseñado retazos de ese submundo en el que se esconden. ¿Y si en vez de esperar a que nos ataquen y nos den caza, tenemos que ser nosotros los cazadores?

—¿Ir directos a la boca del lobo dices? —su voz nos sobresaltó a las dos. Pero solo una pudo girarse. Habíamos estado hablando todo el rato en voz alta—. Tiene pinta de suicidio.

Héctor nos miraba con una ceja levantada, pero sabía que le estaba dando vueltas a la idea. Bien, aún no la había descartado del todo. A su lado Elio, con las manos dentro de los bolsillos, permanecía en silencio. Si le parecía una locura de plan, el chico ostra no dejaba entrever nada.

—O de factor sorpresa. No podemos estar simplemente reaccionando a los ataques, deberíamos adelantarnos.

—No sabemos cómo llegar hasta ellos —concluyó.

—Igual las brujas pueden ayudarnos con eso.

—¿Qué os ha enseñado el árbol? —preguntó rompiendo al fin su silencio.

—¿Puedo? —dijo Candela con las palmas de las manos en alto.

Como yo hice una vez, quería introducir esas imágenes dentro de sus mentes, pero ella era una extraña para ellos.

Necesitaba asegurarse de no traspasar límites y no puso las manos sobre sus frentes hasta que no dieron su consentimiento.

Sus pupilas se dilataron y se aceleraron sus respiraciones mientras lo veían todo.

—Joder. —Sus ojos oscuros y rasgados me miraban intentando encontrarme aquí dentro. Era raro para él, una extraña de rostro muy conocido. Por eso probó a conectar conmigo de otra forma—. Sabes que yo te sigo. Cien por cien.

Miré también a Héctor. Asentía, así que los dos estaban dentro. Solo faltaba contarle el plan al resto. Bueno, más que el plan, la idea vaga e imprecisa que flotaba en nuestra cabeza...

—¿Y cómo lo vamos a hacer?

—Ni puñetera idea. Me encantaría tener todas las respuestas, pero solo hay millones de preguntas. Por ejemplo, ¿se sabe ya cuándo va a ser el traslado con las brujas?

—Sí, veníamos por eso, nos vamos ya. Han terminado con las armas y los libros. Solo quedamos nosotros. Ya han abierto el portal y están cruzando los más pequeños.

—¿Y qué va a pasar con el árbol? —estaba obsesionada con la idea de que lo estábamos abandonando a su suerte y que era clave para nuestra supervivencia.

—No podemos arrancarlo, moriría al instante. Tu tío ya ha hecho un derivado de estacas a partir de su esencia para toda la orden. —El pobre estaba prácticamente desprovisto de ramas.

—No creo que eso sea suficiente Héctor.

—La alternativa es matarlo, y eso queda totalmente descartado.

—Lo sé. Y aun así lo dejamos desprotegido. —Lo rocé con los dedos y de nuevo quiso enseñarnos más. Sin la vocecita de mi fénix ahora estaba perdida y las visiones del árbol habían sido la única luz para toda esta oscuridad—. Puede que aún podamos hacer algo por él…

—Pues date prisa porque en menos de diez minutos vendrán a buscarnos si no aparecemos en el comedor. ¿Qué tienes pensado?

—Tenemos que hacer un conjuro de letargo para el árbol, entrará en un sueño profundo para proteger su energía manteniéndola oculta hasta que sea seguro despertarlo.

—Me voy adelantando para hacer tiempo, poneos en marcha.