11 #3
Lo dijo tan seguro que le creí, pero por si me quedaba alguna duda también me dejó percibirlo. De nuevo pude entrar un momento para ver dentro de él. Era algo tan íntimo que me recorrió un escalofrío por todo el cuerpo. Y luego lo escuché en mi cabeza: Confío en ti. Cien por cien .
Enseguida retrocedió en el acto como si nada de esto hubiera sido buena idea, dejándome un sentimiento enmarañado de turbación y desconcierto.
—¿Cien por cien? —sonreí como una idiota sin querer.
—Tú puedes ver más allá, nunca voy a tomarte por loca.
—El caso es que, el-el árbol mágico pues… ehm… tenemos, tenemos que… hacer e-estacas —contuve el aire y seguí mirándolo muy atenta a su reacción, pero no lo dudó ni un segundo.
—Joder, van a matarnos si nos pillan. ¿Esta noche? —Asentí para confirmárselo.
—Pero antes tenemos que destruirlo —hice un gesto con la cabeza para señalar el medallón.
—¿Sabes cómo hacerlo?
—Mi fénix dice que tengo que canalizar mi poder, como lo hice el día del torneo. Pero no sé cómo… No soy capaz de controlarlo. —Puso su mano sobre la mía, al rato la preocupación se fue disipando.
—Lo harás, no tengo dudas.
—Tienes que dejar de hacer eso, por mucho que quieras hacerme sentir mejor, no puedes —aunque su poder decía justo lo contrario; y entonces al disolverse por completo la preocupación, pasé a un estado de calma muy placentera.
—No sé de qué me hablas… —se hizo el loco y su sonrisa se ensanchó tanto que alcanzó casi sus ojos oscuros que ahora parecían divertidos.
—¿Qué tienes ahí?
—¿Dónde? —quiso saber palpándose la cara. Sus mejillas se pusieron rojas esperando lo peor. A veces era tan vergonzoso que me inspiraba ternura y a la vez me daban ganas de putearlo.
—Justo ahí —le acerqué un dedo a la comisura de la boca y mi roce pareció alterarlo—. ¿Eso es una sonrisa enorme? No puedo creerlo.
—Qué idiota eres, yo sonrío… —Enarqué una ceja—. A veces.
—Ya te lo dije una vez… —quise recordarle—.
Deberías hacerlo más, te queda bien. —El cumplido lo descolocó por completo una vez más, y acabó por desviar la mirada a otro punto de la habitación mientras se pasaba la mano por el pelo.
Siempre reaccionaba igual—. No te cierres chico ostra, además si te giras no puedo ver tu sonrisa.
Al escucharme no pudo evitar sonreír de nuevo, no me estaba mirando, pero la vi dibujarse en su perfil.
—Eso es, así estás más guapo. Cien por cien —repetí sus palabras para confirmarlo con fuerza.
—Cien por cien, ¿eh? —dijo divertido meneando la cabeza. Estábamos empezando a crear nuestro propio lenguaje, ya teníamos una frase que solo entendíamos nosotros, porque le habíamos concedido un significado único para ambos.
Parecía que desde la primera vez que me había dejado entrar se había creado un vínculo especial entre nosotros. Con una cercanía y una confianza totalmente inesperada que me había sorprendido, pero a la vez me encantaba. Me sentía muy a gusto con él.
—Deberíamos avisar al resto y bueno, Sol también tiene que estar presente cuando lo hagamos —asintió con la cabeza distraídamente—. Hay algo que debo contarte, pero aún no puedo.
—Cuando estés lista, no pasa nada. —En realidad si pasaba, él me había dejado ver muchas cosas y yo estaba siendo un poco cobarde. Así que me lo pensé mejor—. ¿Por qué me miras así?
—Creo que quiero que lo veas tú mismo… —Se le infló el pecho como si de repente le costara respirar y su cara de estupefacción me dio la seguridad que me faltaba. Sí, ya estaba decidido—. Menudo careto, ni que te hubiera dicho que me tocaras una teta.
—Estela, es casi igual de íntimo, aunque en otro sentido ¿estás segura? Una vez dejas entrar a alguien no hay vuelta atrás…
—Tú lo has hecho, me has dejado ver.
—Me refiero a cuando dejas entrar a un protector. Además, yo tengo mi barrera, no es lo mismo. Nosotros podemos aislarnos cuando queramos.
—Es que necesito enseñarte una cosa, ¿no puedes ver solo lo que yo quiera?
—Esto no funciona así —negó rotundo—. Mejor me lo cuentas cuando te sientas preparada para hacerlo.
Tenía tantas ganas de sincerarme con él, de que supiera lo que había visto, aunque no lo entendiera del todo, de enseñárselo tal y como era para no crearle falsas esperanzas ni tampoco hacerle daño. Necesitaba quitarme ese peso de encima, y lo deseaba tanto que no pude contenerme.
De nuevo el instinto de mi fénix se apoderó de mí y supe exactamente lo que tenía que hacer, al final los sentimientos siempre lo hacían emerger de las profundidades.
No era necesario dejarlo entrar, simplemente le pase mi mano por su frente y con una caricia sutil fue suficiente.
Porque puede introducir en su mente ese recuerdo concreto.
Lo vi en sus ojos, muy abiertos y sorprendidos porque hubiera podido instalar un recuerdo mío en su mente.
Y supe el momento justo en el que vio a su madre no solo porque yo estaba proyectando ese recuerdo, sino porque su cara se desencajó, sus rasgos se tensaron por el impacto de lo que estaban viendo y sus ojos brillaron tristes llenos de lágrimas contenidas.
Me dolió ser yo la causante de ese sufrimiento silencioso, pero tenía que saberlo. Tarde o temprano tendríamos que enfrentarnos cara a cara con lo que estaba pasando y el impacto podría ser peor. Era mejor para él estar prevenido.
Cuando terminé de proyectarle el recuerdo, no pudo hablar y a mí me costó un mundo retirar la mano y romper el contacto, porque quería que supiera que estaba ahí para él.
Baje la mano despacio con una caricia lenta sobre su mejilla, y él la cogió antes de que pudiera separarme definitivamente y la apretó fuerte entre las suyas.
—Gracias por esto. Por avisarme y dejarme ver… —su voz estaba completamente rota—. Tenía asumido que la había perdido. Ahora no sé muy bien qué pensar…
—Por eso quería que lo vieras, yo tampoco sé a qué nos enfrentamos. —Aunque percibía que a nada bueno por desgracia. No tenía muy claro que su madre siguiera con nosotros.
Durante un momento largo permanecimos así, él aferrado a mi mano y los dos en completo silencio con nuestros pensamientos.
No era un silencio incómodo, sino necesario.
De esos que llenan más que las palabras, de esos que demuestran que entre nosotros empezaba a existir una cercanía y confianza que te permiten estar a gusto sin necesidad de forzar y rellenar esos espacios vacíos.
—Creo que no ha habido ningún fénix a lo largo de la historia de la orden capaz de introducir recuerdos sin ser un protector experimentado… —dijo al fin muy despacio.
—¿Eso es bueno o muy malo? —me retorcí las manos nerviosa, no me gustaba nada ser la excepción a la regla.
—Eso simplemente es único. Te pega bastante. —No supe muy bien cómo interpretar esa afirmación. Solo sentí que no tenía miedo de mí, y eso me quitó otro peso de encima que no sabía ni que llevaba—. ¿Y ahora qué?
—Pues ahora… Ahora hay que destruir un medallón.