10 #3
Sentí mucho frío abriéndose paso dentro de mí e invadiéndome hasta llegar a los huesos, una sensación parecida a cuando estábamos en el estadio y se desató la desgracia.
Todo el vello de mi cuerpo se erizó como el pelaje de un gato plantándole cara, pero era inútil luchar contra el frío, parecía dispuesto a inundar cada rincón de mi cuerpo.
Me agarré con fuerza a la pared para no perder el equilibrio y miré atenta a la nada esperando una señal, un movimiento, algo… Algo que me confirmara que el peligro había pasado y estábamos a salvo de nuevo.
En lugar de eso, la presión en mi pecho se hizo más fuerte mientras el frío seguía devorando cada centímetro de mi ser.
Entonces mi pelo se removió inquieto, como si alguien se hubiera acercado tanto que, al exhalar, su aliento había alborotado mi cabello.
Y aunque no podía ver nada, lo sentía tan próximo y pegado a mí, que estaba a punto de vomitar por el miedo.
Giré mi cara mientras cerraba los ojos, intentando formar parte de la pared y haciéndome pequeña para pasar desapercibida. Tenía el carrillo aplastado contra la superficie rocosa, tanto que era imposible compactarme más.
— El conjuro de invisibilidad no durará mucho más, huid. Piensa en un sitio seguro… ¡Ahora!
— Corpora transferre —repetí en silencio. Y ocurrió, fue como si el universo nos absorbiera y nos escupiera de nuevo en la habitación de Edan.
Cuando el conjuro se desvaneció por completo, pude verlos desparramados por el suelo del cuarto. El impacto del traslado nos había dejado noqueados, pero había otra cosa que me había sacudido aún más fuerte.
Justo en el momento del salto de espacio yo había podido ver algo, duró menos de un segundo y estaba deformado por el movimiento o quizá por el conjuro de invisibilidad que se había aplicado. Pero me pareció reconocerla.
No tenía dudas, aunque sus ojos parecían dos agujeros profundos devastados por la oscuridad, sin ningún rastro de vida en ellos.
Pero era la misma cara que había visto en sus recuerdos, las mismas facciones armoniosas que compartía con su hijo, su respingona y pequeña nariz, sus pómulos bien marcados…
Estaba casi segura al 100%, era la madre de Elio y Estrella. Solo que… ya no era ella.
¿Es que durante el ataque se había colado algo más que oscuridad en la orden y estaban entre nosotros sin darnos cuenta?
¿La barrera no funcionaba o no la detectaba porque a pesar de todo seguía siendo un fénix?
Y cómo iba a explicar esto a los hermanos, si apenas ni yo lo entendía… ¿Qué leches estaba pasando aquí?
De repente me di cuenta de otra cosa, en la mano izquierda ya no sentía el tironear del hilo rojo que luchaba por perseguir su objetivo.
Ahora solo un trozo inerte colgaba de mi dedo, mientras que el resto había desaparecido.
No sabía muy bien si el hilo nos había llevado hasta ella porque llevaba el mapa y se había roto al localizar el objetivo o si simplemente había ocurrido al trasladarnos.
Solo tenía clara una cosa…
— Ha llegado el momento, tendremos que hacerlo esta noche.
Asentí para mí misma, eso significaba que algo muy malo estaba a punto de suceder y teníamos que estar preparados.
—Menudo viajecito, podías habernos lanzado a mi cama. Así por lo menos podría haber sido el principio de algo más interesante. —Sus bromas nunca eran oportunas, pero es que ahora mismo…
—Perdona, estaba bastante más ocupada en salvarte el culo.
—Mi culo es una buena parte que salvar…
—Sí, porque lo que es tu cerebro… —Negó con la cabeza Elio, que recibió un manotazo en la espalda con tal fuerza como para haberlo roto en dos.
—Qué te calles capullo.
—Cállate tú.
—Niños, niños… mejor os calláis los dos —concluyó su hermana cansada de escucharlos—. Siempre estáis mareando, parecéis de párvulos.
—¿Esta te parece de párvulos? —dijo el moreno mientras se ponía en pie y se bajaba los pantalones hasta los tobillos—. Mira, y además está contenta.
—Tío qué asco, ¿porque tenemos que ver tu rabo semi empalmado antes de desayunar?
—El peligro me la pone dura, chaval.
—Guárdate eso, anda —le dijo Héctor—. ¿Es que no tienes ningún tipo de filtro, tío? Estás mal de la cabeza.
—Pero no del rabo, que es lo importante —le contestó guiñando un ojo y subiéndose los pantalones. Menos mal—. Ya puedes volver a mirar tranquila pelirroja, mi minga no va a comerte, en todo caso sería al revés.
—Que quede claro, no te la comería ni aunque fueras el último fénix sobre la faz de la tierra.
—Bueno, nunca digas de esta agua no beberé o esta polla no me cabe en la boca… Luego pasa lo que pasa.
—¡Hey! No te pases tú —la advertencia de Héctor surtió más efecto que si le hubieran cosido su bocaza lasciva con uno de sus ovillos—. Bueno, nos hemos quedado sin tiempo —dijo mirando su reloj—. Ya nos podemos ir olvidando del desayuno, tendremos que prepararnos para ir a la misa.
—Joder... —el estómago de Edan también rugió en protesta—. Vais a acabar conmigo cabrones.
—¿Es que no vamos a hablar de lo que acaba de pasar? —soltó mi prima mientras se ponía en pie.
—Luego, se hace tarde —Héctor se puso en marcha y no dio tiempo a discutirle. Así que lo tomé como una señal para permanecer callada un poco más, ya tendríamos tiempo de aclarar las cosas después, y quizá, de contarles lo que creía haber visto.