La orden del fuego 10 #2
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—Me sorprende que con los que hay en la biblioteca no te parezcan suficientes. Si fuera otro tipo de persona, asaltaría tu librería para intentar ponerme al día, pero soy la hermana equivocada —carraspeé para disimular que al final de la frase me había temblado un poco la voz.

No podía evitar pensar que, si Candela estuviera en mi lugar, todo se resolvería más rápido y tendría almacenado en su memoria cada párrafo de información que contenían esos libros. Pero yo no era ella, lo mío es más la acción que el club de lectura.

Edan se puso a rebuscar entre sus cajones hasta que dio con una caja metálica de donde sacó un ovillo de hilo rojo que estaba algo enmarañado.

—Pareces una abuela que guarda las cosas de costura en una caja de galletas. No alcanzo a entender qué haces tú con unos ovillos de hilo —comentó Estrella quitándoselo de entre los dedos.

—¿Es que uno no puede tener hobbies ?

—Claro tío, me flipa cuando haces punto de cruz… —se cachondeó Elio.

—Mejor te pones punto en boca gilipollas. Venga, vamos a darle caña a este conjuro. ¿Lo tienes claro? —Me miró directamente a mí al formular la pregunta. Y yo me encogí de hombros.

—Ahora lo averiguaremos… —Estrella me lanzó el ovillo que aterrizó justo entre mis manos.

Empecé a desliar la madeja mientras escuchaba las indicaciones de mi fénix y recé para que funcionara.

—Atadme un extremo bien fuerte al dedo anular de la mano izquierda. —Mi prima obedeció y se acercó para realizar el nudo tal y como había indicado, ya que este dedo está conectado energéticamente con el corazón, el órgano que bombea nuestra sangre—. ¿Listos?

Todos asintieron en silencio a la espera de que empezara a recitar el conjuro. Pronuncié cada palabra alta y clara mientras mantenía los ojos cerrados para concentrarme. Una vez hube terminado, noté la tensión que ejercía el hilo tirando de mí con fuerza.

Cuando abrí los ojos, la puerta de la habitación estaba abierta de par en par y el resto del hilo se había ido desenrollando hasta desaparecer. Ahora solo podía ver el extremo que unido a mí se tensaba y salía por la puerta hasta, supuestamente, alcanzar nuestro objetivo.

Salí a toda prisa recogiendo el hilo como si fuera la cabecilla de una expedición indicando el camino de vuelta o el mismo Teseo saliendo del laberinto del Minotauro.

—¿Qué pasa si el mapa está en movimiento? —preguntó Elio detrás de mí.

—Que será una madrugada muy larga —contestó por mí Edan.

—Estaría bien terminar antes de que se levante todo el mundo y vean que ya nos hemos empezado a saltar el toque de queda.

—Eso estaría de lujo hermanita, pero la orden es bastante grande.

Seguimos caminando deprisa y hablando entre susurros mientras recorríamos los pasillos desiertos y yo iba recogiendo más y más hilo. Obviamente la magia había hecho que el ovillo sumara los metros necesarios para alcanzar el mapa.

Parecía que había tomado un camino errático como si estuviera describiendo su paso por la orden. Como si hubiera sido transportado de aquí para allá, si es que eso tenía sentido.

—¿Te imaginas todo el punto de cruz que podrías hacer con este ovillo, tío?

—¿Te imaginas que te cierro la boca de un puñetazo, memo?

A pesar de estar concentrada en la importante tarea que nos ocupaba, el parloteo de estos dos me llenaba de curiosidad, porque, a decir verdad, yo también quería saber para qué utilizaba todo ese arsenal de hilos.

Me gustaría decir que no había querido cotillear, pero mi antena de fénix tuvo que hurgar un poquito más de la cuenta para resolver ese pequeño misterio. En la imagen podía verlo restaurar un libro muy antiguo con encuadernación cosida para preservar su estructura original.

En cierto modo tenía alma de artista como mi prima.

Quién lo hubiera dicho, resulta que el morenito de ojos verdes tiene más aficiones que el sexo.

Y lo curioso es que prefería hacer todo ese proceso a mano, en vez de utilizar la magia.

Era su forma de desconectar. Estábamos a punto de pasar frente a la biblioteca cuando escuché unos pasos a lo lejos que venían hacia nosotros.

Paré en seco tan abruptamente, que chocaron contra mi espalda.

Me giré alarmada y pronuncié las palabras en un susurro.

—¡Viene alguien! —Estábamos en mitad de un pasillo sin ningún sitio donde poder escondernos. Nos iban a pillar.

—¿Sabemos magia, recuerdas? —Edan puso los ojos en blanco como si yo fuera el ser más desesperante del universo. Curioso, porque yo pensaba exactamente lo mismo de él—. Esse sed non esse, invisibilis in oculis aliorum .

Lo que mi fénix vino a traducir como “estar, pero no estar; invisible a los ojos de los demás.”

Uno a uno empezaron a desvanecerse ante mí, entendí que, aunque yo siguiera viéndome las palmas de las manos, en realidad nadie podía verme. A ninguno de nosotros de hecho, ni siquiera entre los del grupo podíamos.

El silencio se hizo más denso, estábamos inmóviles conteniendo el aliento mientras las pisadas cobraban más fuerza. Como niños intentando que no les pillen en mitad de una trastada.

Cuando el ruido de los pasos era tan fuerte que deberíamos estar viendo a la persona, me di cuenta que no éramos los únicos que hacíamos uso de la magia.

Las pisadas de repente cesaron muy cerca de donde estábamos parados, pegados a la pared del pasillo casi como si formáramos parte de ella, como un cuadro o la misma pintura que cubría toda su superficie.

Parecía como si la otra persona pudiera sentir nuestra presencia o escuchar el frenético latir de nuestros corazones desbocados, y estaba prestando atención extrema a todo lo que tenía a su alrededor.

No podía ver nada, no sabía quién o qué estaba ahí, pero podía notar el sabor del peligro como si fuera una galleta rancia que me hubiera llevado a la boca.