10
—¿Alguien me explica qué coño hacemos aquí a las cinco de la mañana? —preguntó Edan bostezando mientras era arrastrado literalmente por Elio hacia el invernadero.
—Tío, ¿no podías ponerte una puta camiseta por lo menos?
—Sabes que duermo desnudo, da gracias de que me he puesto unos pantalones.
—Y unos calzoncillos espero. —Su sonrisa de pervertido no dejó lugar a dudas—. Perfecto, o sea que vienes en plan comando.
—Me gusta que mi amiga Pili la gorda vaya suelta, libre, cómoda… Los calzoncillos me aprietan, tú no puedes entenderlo. —Se puso una mano al lado de la boca mientras pronunciaba en silencio para nosotros: “polla pequeña” .
No le hizo falta verle mover los labios para entender hacia donde iba la broma y le pellizcó los pezones como venganza.
—¡Joder loco! —se quejó retorciéndose de dolor—. ¡Para ya, hostia!
—Ni es tan grande, ni tan gorda —susurró mi prima lo suficientemente alto para que todos oyéramos su comentario.
—Tamaño medio, normalita, bah… —corroboró Estrella.
—Chicas, chicas… es tan feo mentir…
—¿Podemos hablar de algo que no sea la polla de Edan? —preguntó Héctor divertido—. No hemos madrugado para esto.
—¿De mis pelotas, tal vez? Depiladas, suaves y llenitas de amor…
—No por favor, sé que es tu tema preferido —dije mirando seriamente al moreno de pelo largo y ojos verdosos—, pero la verdad es que esto es importante. Necesito vuestra ayuda.
Todas las bromas pasaron a segundo plano cuando les conté lo que había visto al intercambiarme por mi hermana. Y luego les puse al día de lo del mapa y su robo. Después, Elio comentó también el tema de las desapariciones durante las misiones en las diferentes sedes de España.
Por lo que había visto durante mi intensa incursión en su mente, había empezado a indagar y preguntar después de la desaparición de sus padres. Es algo que estaba haciendo por su cuenta sin que tan siquiera lo supiera su hermana, hasta hoy…
—¿Sabemos si eso también está pasando en el resto de sedes extranjeras? —preguntó Héctor. Elio negó con la cabeza.
—Eso ya no lo sé. No tengo contactos fuera de España. Igual cuando regresen tus tías de la sede de Londres…
—Si es que mis tías, a las cuales aún no conozco, quieren compartir esa información con nosotros. —Miré a Enara directamente, quizá ella que las conocía más…
—Se fueron cuando yo tendría unos cinco o seis años, nuestra familia ha estado un poco… desperdigada —dijo, pensando también en mis padres—. Para mí también son prácticamente como extrañas.
—Pues estamos jodidos —declaró Estrella al fin—. Esto sí que es gordo, y no lo que lleva este colgando entre las piernas.
—Tía, hay que ser un poco más positiva —le contestó el aludido obviando la última parte.
—¡Yujuuu, estamos jodidos! —repitió en un tono forzadamente alegre—. ¿Mejor así?
—Y no te lo crees ni tú, la última vez casi te desencajo la mandíbula cuando te follé la bo…
—¡Qué estás hablando de mi hermana, cabrón! —Le tapó la boca con la mano para que no pudiera pronunciar una palabra más, mientras Estrella le daba un puñetazo en el hombro.
—¡Chisst, por favor! Demasiada información.
Nadie quiere saber lo que hacéis en la intimidad, os lo aseguro —hice un esfuerzo por encauzar de nuevo la conversación.
Humanos o fénix lo mismo daba, parece que no hay demasiada diferencia en el tema de las hormonas—.
El caso es que necesito que me ayudéis a encontrar el objeto oscuro de alguna manera.
Si damos con él, puede que nos ayude a localizar al dueño también.
—¿Y cómo vamos a hacer eso? Tú misma has dicho que te han birlado el mapa…
—O… en vez de eso… —dije mientras se me iba ocurriendo una nueva idea—. Igual me he centrado demasiado en el objeto oscuro, cuando lo más simple sería rastrearme…
—No lo entiendo. —Estrella estaba intentando hilar mis pensamientos, pero como el resto, parecía perdida. Así que intenté explicarme mejor.
—Si no han destruido el mapa…
—…Y conociendo a Celeste, tendrá un conjuro de protección bastante potente… —farfulló Héctor.
—… El mapa contiene mi sangre. Seguro que la opción más sencilla es rastrearla. Tiene que haber un conjuro para eso, ¿no?
—¡Prima eres un genio! El único problemilla es que habrá una fuente más potente que el mapa, tú.
— Podemos modificarlo al realizar el conjuro. Y necesitaremos una cosa.. . —sonreí a mi vocecita interior.
—Eso no será problema. ¿Tenemos un ovillo de hilo rojo?
—¿El mito de los hilos de Ariadna? —caviló Héctor.
—Exacto, pero en vez de seguir el hilo de regreso para encontrar el camino de vuelta como en el mito, lo vamos a utilizar para que nos muestre la ruta hasta mi sangre.
—La puta ama eres, me la has puesto dura y todo. La inteligencia es tan sexy… —Se acercó tanto, que me lanzó su apestoso aliento en la cara y lo aparté de un empujón. Aunque solo lo hacía porque le gustaba jugar y provocar.
—¡Puaj! Eres un demente. —Vi como bajaba la mano para recolocarse el paquete sin inmutarse.
¿Por qué ellos pueden rascarse la huevada delante de la peña sin pudor ninguno, y en nosotras “queda mal” sacarnos el hilo del tanga cuando se nos está incrustando en la raja?
— Ni se te ocurra azuzarte la sardina, pervertido. Eres tan denunciable…
—Te encantaría verlo, pero no es el momento —me guiñó un ojo y se giró hacia la salida—. En marcha.
—¿Hacia dónde vamos?
—¿No querías hilo rojo? Pues yo tengo en mi cuarto. Podemos realizar ahí el conjuro. ¿Me montas? —dijo subiendo las cejas arriba y abajo mientras abría los brazos.
—¿Por qué siempre parece que todo lo que dices va con doble sentido?
—Porque tú también tienes una mente juguetona y pervertida. Aunque no lo quieras admitir —me aseguró sonriente dándome un golpecito en la frente con el dedo—. Solo digo que eres demasiado lenta, renacida y no tenemos tiempo, alguien tiene que llevarte.
En ese momento Elio y Héctor se acercaron hacia mí decididos, pero se pararon en seco uno a cada lado al ver que tenían la misma intención, como si yo fuera el jamón de un sándwich. Sin duda esperando mi reacción o más bien mi elección.
—Y no serás tú, señor comando —anunció mi prima cogiéndome de la muñeca para sacarme del invernadero y del apuro—.
Bienvenida a Enara Airlines, esperamos que el vuelo sea de su agrado.
Las salidas de emergencia están aquí, aquí y aquí.
¡En todas partes! —explicó como una azafata de vuelos, imitando al genio cuando Aladín se monta en la alfombra—.
Le rogamos que se agarre bien fuerte si no quiere darse una buena leche.
—Gracias. Estoy deseando tener mis propias alas —musité aferrada a su cuello mientras echamos a volar surcando la orden como un cohete.
—Los tíos solo dan problemas —alcancé a escuchar; los oídos me zumbaban debido a la velocidad a la que volábamos.
La miré sin entender a qué venía ese comentario, aunque teniendo en cuenta que estaba concentrada en lo que tenía enfrente, sabía que no me estaba viendo el careto—. Así que cuidado con tu club de fans.
—¿Qué? Eso no… ¡Qué va! Además, yo tengo novio.
—Sí, ajá. Un novio humano con el que no hablas y al que ya no puedes ver. ¿Ese?
—Pues sí, ese mismo. —Hacía una eternidad que no sabíamos nada el uno del otro.
Me había esfumado sin dar explicación alguna, sin despedirme…
Me preguntaba cuántos mensajes y lla madas tendría a esas alturas en mi móvil desaparecido durante el accidente.
O igual ya se habría olvidado completamente de mí.
—Ya, seguro que tienes cero unidades de interés en los fénix de por aquí. Se te nota.
—No hay nada que notar… No estoy para esas movidas.
—Siempre estamos para esas movidas, aunque no queramos o no nos convenga ni un poquito.
Fuimos las primeras en aterrizar frente a la habitación de Edan, aunque los demás llegaron en cuestión de segundos. No solo es que habíamos salido las primeras, es que mi prima era condenadamente rápida.
La puerta de madera oscura, exactamente igual que el resto de las habitaciones de la orden, solo se distinguía por un elemento tan peculiar como su dueño.
Imaginaba que de puertas para fuera había que seguir un protocolo, pero él se las había ingeniado para hacerse notar sobre los demás. Nada nuevo.
A primera vista no se detectaba, pero justo cuando te posicionabas frente a su puerta te asaltaba un mensaje de bienvenida bien camuflado:
Llama antes de entrar, probablemente esté en traje de Adán y no todos están listos para semejante privilegio visual. Aunque si te animas, hay palco VIP.
No pude evitar soltar un resoplido, es que era todo un personaje.
—Nadie puede culparme por deambular desnudo en mi cuarto, los fénix tenemos una temperatura corporal muy alta —me explicó—.
Somos muy calientes en más de un sentido.
—Ahí estaba. De nuevo ese meneo de cejas como cada vez que suelta una de sus perlas—.
Si por mi fuera, iría en bolas todo el día, pero ya sabes… Normas.
Uno a uno fueron entrando, mientras yo fisgoneaba desde la puerta. No lo hice a propósito, pero creo que la habitación de una persona puede decir mucho de la personalidad de cada uno, y estaba absorbiendo toda la información que me daba esta.
—No eres un vampiro tía, no tienes que esperar a que te invite a entrar.
—¿Eso también es real? Joder… ¿Brillan como en crepúsculo?
—¿Una criatura de la noche brillando? Eso es una gilipollez, no son ni una luciérnaga ni un farolillo.
Me posicioné junto a una librería que estaba a rebosar, por un momento me vino a la cabeza el antiguo cuarto que tenía mi hermana en el piso de Madrid, donde también tenía un buen alijo bien ordenadito por tamaños y colores. Aunque de una temática totalmente diferente.
—Cuántos libros… —susurré pasando el dedo por sus lomos. Parecía bastante interesado en todo lo que tuviera que ver con los orígenes e historia de cada criatura sobrenatural y de objetos mágicos.
—¿Te sorprende que sepa leer?