La orden del fuego 9 #3
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—Omnium rerum in loco suo… —Lo oí susurrar entonces, antes de que tal y como describía el hechizo, todas las cosas que estaban desperdigadas por mi cuarto volvieran a su lugar.

—No tienes por qué hacer eso. Aunque me hubiera venido de lujo cada vez que mis padres me castigaban y me obligaban a ordenar mi habitación. Pero puedes sentarte —dije palmeando el colchón justo a mi lado—. Prometo que no te voy a cobrar.

Se lo pensó por un momento y luego, un poco más relajado se sentó a mi lado.

—Apuesto a que te castigaban mucho… ¿He acertado?

—Sus ojazos oscuros me miraban curiosos, incluso diría que con una chispa de diversión mientras se estiraba todo lo largo que era, apoyándose sobre sus codos y colocando una pierna encima de la otra.

Ahora tenía una visión completa de su marcado hombro derecho porque se había enrollado las mangas hacia arriba, como si fueran tirantes. Y eso me había distraído un poco.

—Supongo que el concepto de mucho o poco varía según la persona. Yo diría que mantenía entretenidos a mis padres.

—No sé por qué, pero me cuadra bastante… ¿Y tu hermana? S-si… Si quieres hablar de ella, claro…

—No, ella… Bueno, en realidad nuestras semejanzas empiezan y terminan con el aspecto físico.

Supongo que mis padres preferirían que me pareciera más a Candela.

Ella era.., es… —me obligué a corregirme—, bastante más fácil de llevar.

—Empecé a toquetearme nerviosa el dobladillo de la ca misola que llevaba por pijama, hasta que puso su mano sobre la mía para hacerme parar.

—No lo creo… —La retiró en un suspiro, en cuanto dejé tranquilo el dobladillo—. Seguro que tus padres te quieren tal como eres. No te cambiarían ni una peca de sitio.

—Pues yo me las quitaría todas —dije arrugando la nariz. Se habrán puesto de moda en los maquillajes de Insta, pero yo las odio profundamente.

—No, ni de coña, yo tampoco te cambiaría nada…

y mucho menos tus pecas. Son como estrellas salpicando el cielo.

—Lo miré sorprendida por el comentario, pero como casi siempre, su mirada huidiza estaba enfocada en cualquier otro punto de la estancia.

Este chico se abría y se cerraba igual que una maldita ostra.

—La he visto esta noche… —solté de pronto sin poder contenerme—. A mi hermana, me refiero.

—¿Cómo? —Eso sí que consiguió captar su atención, y de nuevo sus ojazos oscuros me miraban solo a mí, haciendo contacto directo con los míos—. ¿Qué quieres decir?

—He escuchado de nuevo su voz, esta vez dentro de mis sueños. Y he tenido que hacer algo… —Eso hizo que se incorporara rápido como un resorte—. Me he intercambiado por ella.

—¿Qué? ¡¿Eso es posible?!

—Pues… Se ve que, entre géminis, sí.

—P-pero… Eso, joder, eso tiene toda la pinta de haber sido bastante imprudente y peligroso.

—No lo sé, yo… Simplemente lo he hecho.

—¿Alguna vez te paras a pensar antes de actuar? Pero qué digo, pues claro que no… —Le pudo la impaciencia y saltó de la cama en ese preciso momento para ponerse de pie a dar vueltas delante de mí.

—Ehh, rebaja ese tonillo de protector plomazo.

—Es que soy un puto protector Estela, lo llevo en mi ADN. Y tú desde luego tienes que tener más cuidado —lo dijo en un tono aparentemente calmado, pero tan bajo y apretando tanto los dientes que hasta parecía alterado.

—Guau… Elio el imperturbable está perdiendo los papeles. ¿Te callas y te cuento? —Me quiso fulminar con la mirada, pero a mí me dio la risa—. Tío, no das ni un poquito de miedo. Eres hasta mono.

—Puff —me bufó—. No soy mono.

—Sí, sí lo eres.

—¿Te hace gracia verdad? Te gusta volver loca a la gente y que nos preocupemos.

—¡Ohhh qué mono, estás preocupado por mí!

—¡Qué no soy mono joder! —Me tapé la boca para no reírme más, no podía evitar tomarle el pelo así. Cuanto más le decía, más colorado se ponía—. Solo digo que podías haber avisado a alguien al menos…

Yo también me puse de pie, entre que estaba sentada y la diferencia de altura, quise hacerme notar y salvar distancias. Así que le agarré de los brazos para que me volviera a mirar y levanté un dedo delante de su jeta. Mi contacto inesperado pareció alterarlo por un segundo.

—Uno, lo siento, pero sí que eres bastante mono y no admito discusión —no le dejé ni abrir la boca—.

Dos, tienes razón, podía haber avisado a alguien, pero vi la oportunidad y me lancé.

No me pidas que me pare a pensar las cosas, yo solo…

me dejo llevar y actúo en consecuencia. Sobre todo, si se trata de mi hermana. Tres, he podido ver dónde la tienen…

—No me jodas, ¿dónde?

—Bueno, no es que te lo pueda marcar en un mapa. Pero está retenida en el mar, custodiada por sirenas. —Quiso poner cara de póquer, pero muy a su pesar yo ya le iba pillando el rollo—. Suéltalo anda.

—¿El qué?

—Lo he visto tío.

—¿Pero el qué? —volvió a decir—. No sé qué quieres que te diga…

—Te he visto torcer un poco el morro. —Él negó con la cabeza—. Sí, has cometido un error porque te has abierto dos veces. Da igual que subas tus muros y no pueda percibirte, ahora te veo perfectamente chaval.

—La he cagado —afirmó muy bajito con cara de pánico antes de pasarse una mano por la cara.

Porque si su técnica era pasar desapercibido, conmigo ya había perdido esa baza.

Presioné un poco más dando un paso hacia él y soltó todo de carrerilla casi sin respirar—.

Las sirenas son malvadas y asquerosas, la extensión del mar demasiado basta para dar con ella sin más pistas, y el agua es una barrera natural que pueden utilizar para contenernos o también para no dejarnos pasar.

Es una putada, pero no sabría cómo sacar a tu hermana de ahí. Aunque buscaremos la manera, lo juro.

Esto último, a pesar de la preocupación me hizo sonreír.

—Te creo. Sé que me ayudarás a encontrar la manera —hice una pausa antes de lanzarle otra pregunta más—. ¿Por qué te cierras a la gente chico ostra? —No me pareció que le ofendiera el mote, todo lo contrario.

—No me gusta sentirme expuesto. —Ni vulnerable, ni ser el centro de atención, pensé. Pero no dije nada al respecto. En su lugar…

—Creo que sé qué podemos hacer para intentar averiguar más cosas sobre lo que está pasando. —Elio miró la hora en el reloj de mi mesilla. Eran las cuatro y media pasadas.

—¿Empezamos ahora, antes de la misa?

—Pero vamos a necesitar ayuda.