9 #2
—Lo suficiente para salvarnos. Gracias —musitó cogiéndome de la mano. Su contacto inesperado me lanzó una pequeña descarga eléctrica que recorrió toda mi espina dorsal.
—¿Habéis terminado de hacer manitas? Porque deberíamos irnos ya… —El comentario hizo que Héctor me soltara al instante. Ahora tenía la mano fría y no sabía qué hacer con ella. Así que me la metí en el bolsillo.
—Tío, ¿no puedes estar callado ni cinco segundos o es que te encanta escuchar el sonido de tu propia voz?
—Las dos cosas supongo.
El grupo ya estaba en pie esperándonos, incluso Estrella que no había abierto la boca en todo este rato, aún parecía en shock. Todos menos Elio, que se había marchado en algún momento sin que me diera cuenta.
Después de la asamblea que habían convocado de urgencia en el comedor y que había durado horas, incluyendo un parón para la comida y otro para la cena, me fui directa a mi habitación como dictaban las nuevas normas.
Mientras estuviéramos ante este peligro desconocido se suspendían los juegos, se instauraban toques de queda para que nadie deambulara solo por los pasillos de la orden a partir de las diez de la noche, se reforzaban las barreras y se cerraban los portales.
Incluyendo las chimeneas. Nada podía entrar ni salir de la orden, de repente parecía más una cárcel que un hogar.
Aun así, los fénix se sentían expuestos y muy inseguros, era la primera vez en toda la historia de la orden que alguien o algo había conseguido traspasar su escudo de seguridad, aunque técnicamente no habían entrado, pero habían logrado hacer una brecha para absorber a parte de su comunidad.
Y, además, en el momento en que las cuatro sedes españolas estaban reunidas en un mismo lugar.
En total habíamos perdido cuatrocientos veintitrés fénix, noventa y tres solo de nuestra sede. Mañana a primera hora, tendría lugar el homenaje a las almas perdidas. Había mucha tristeza y dolor condensado entre estas paredes, y me pesaba en el corazón.
Cuando llegué a mi cuarto, la chimenea ya no parecía la misma, la luz crepitante de energía estaba apagada restándole calidez a la estancia.
La despedida a mis amigos de siempre, debería esperar un poco más.
Ya no podría enviar esas cartas que aún no había tenido tiempo de escribir.
O más bien en las que no había sabido qué poner, se me hacía muy difícil decirles adiós definitivamente.
Pero había otra ausencia aún más impactante, lo noté en cuanto me asomé a comprobar que efectivamente estaba apagada y mi mano ya no captaba su calor reconfortante.
El mapa para seguir el rastro del objeto oscuro había desaparecido.
Inmediatamente saqué mi colgante, pero la llave continuaba colgando de mi cadena dorada.
Parecía que siempre iban un paso por delante de nosotros.
El mapa era mi responsabilidad y lo había perdido.
Menuda gilipollas. De nuevo estábamos muy lejos de conseguir la respuesta que tanto necesitábamos y la rabia me hizo perder la cabeza por un segundo y lanzar todo lo que pillé por la habitación hasta quedarme exhausta.
Derrotada llamé a mi fuego y levité hacia el techo para intentar dormir un poco, o me volvería loca de remate encerrada en mi cuarto mientras le daba vueltas a todo. Pero qué podía hacer yo para resolver esta situación, estaba muy perdida…
Y después de los ataques qué pasaría con todos los fénix que estaban fuera en una misión, ¿estarían a salvo? ¿volvería a ver a mis padres?
Me costó muchísimo dormirme, en cuanto cerraba los ojos me asaltaban las imágenes del horror que habíamos vivido durante el torneo, pero finalmente sobre las dos de la madrugada me dejé llevar por un sueño profundo y oscuro, que me tenía inquieta y agitada dando vueltas en mi lecho de aire.
En medio de toda esa desazón pude ver su cara triste y asustada, me llamaba desesperada, pero yo no podía alcanzarla.
Le preguntaba una y otra vez dónde se encontraba y cómo podía llegar hasta ella, pero no lo sabía, estaba totalmente desorientada y confundida, ella no entendía nada de este nuevo mundo ni de lo que estaba pasando. Estaba completamente sola esperando a que la encontráramos.
Mi vocecita me dijo una frase en latín, que yo recite punto por punto y que venía a decir: Tú por mí, yo por ti. Yo en tu lugar, tú en el mío. Unidas desde este inicio, ahora y hasta que se rompa el hechizo.
De repente yo no era yo y estaba rodeada de agua helada. Intenté dejar mi miedo a un lado y fijarme en cada detalle de mi alrededor, pero no distinguía nada en la cárcel oscura y acuática donde tenían retenida a mi hermana.
Luché por soltarme, pero mis extremidades no me respondían, solo podía mirar impotente y sentir el peso de las cadenas que la mantenían sumergida y anclada al fondo. Debía de estar bajo algún tipo de conjuro que la mantenía con vida e inmóvil bajo el agua.
Me concentré en mi poder, de alguna forma debería poder liberarme…
Sentí una pequeña oleada, parecida a la que había recibido durante el torneo, aunque no tan potente.
Me esforcé al máximo imaginando esa mancha ambarina y brillante extendiéndose por el cuerpo de mi hermana para conseguir su libertad y traerla de nuevo conmigo.
— Tienes que volver ya. Si se dan cuenta las dos estaréis perdidas.
Unas figuras borrosas se acercaban a toda velocidad hacia mí.
Me resistía a irme, pero mi vocecilla interior no paraba de gritarme que estábamos en peligro, que así no ayudaría a mi hermana.
Cada vez recortaban más la distancia que nos separaba y los borrones que nadaban con gracilidad, fueron tomando forma. Medio pez, medio humana.
No tenían nada que ver con los cuentos ni con las pelis de Disney, cuando terminé de repetir el hechizo justo antes de volver a intercambiarnos, puede ver las garras de sus manos y como su boca amenazante se abría enseñando una hilera de dientes afilados como los de un tiburón, mientras profería un alarido agudo y desgarrador que me encogió el estómago.
Me desperté otra vez en mi cuarto temblando. Ahora era totalmente consciente de lo que estaba sufriendo mi hermana. Y eso me destrozaba el alma.
No sabía de qué forma, pero de alguna manera tenía que dar con el objeto oscuro. Si encontrábamos al fénix o los fénix que estaban ayudando a romper la barrera de protección, podríamos saber cómo protegernos y seguramente, también estaría más cerca de recuperar a Candela.
Unos golpes suaves en la puerta me sobresaltaron poniéndome el estómago del revés. El reloj marcaba las tres y media de la madrugada. Demasiado pronto empezaban a saltarse el toque de queda después de lo que había pasado.
Me decidí a bajar y a acercarme cuando volvieron a insistir con un par de golpes más. A mi entender estaba a salvo, no creía que las fuerzas oscuras llamaran a la puerta para después acabar contigo. No parecían tan educadas, así que me aventuré a abrirla.
—¿Qué haces aquí, estás bien?
—No puedo dormir… Y no quiero pasar la noche solo.
Tenía los ojos sumamente tristes y parecía tan hecho polvo que no pude evitar abrazarlo.
Me despertaba una necesidad de cuidarlo y protegerlo que no entendía.
No debería haberlo hecho, pero ya no había vuelta atrás.
Y mientras estuvimos fundidos en un abrazo me dejó entrar y ver todo lo que siempre intentaba esconder tras su muro.
Sus dudas, sus sentimientos, sus recuerdos…
Tanto que me sentí abrumada y conectada al mismo tiempo.
Era muy extraño, íntimo e intenso procesar tanta información de golpe de una persona. Como si todos los años que deberíamos haber tenido de amistad para llegar a este punto de conocimiento, se concentraran en tan solo unos segundos.
No sé cuánto duró el abrazo, pero en cuanto nos separamos volvió a protegerse y ya no pude seguir percibiendo nada. De todas formas, no hacía falta, él ya me había permitido ver demasiado. Lo arrastré dentro de mi cuarto y cerré la puerta antes de preguntarle.
—¿Desde cuándo lleva pasando eso? —No me contestó enseguida, su mirada estaba fija en los desperfectos que había por todo mi cuarto—. Sí bueno… Tenía que sacar toda la rabia de alguna manera —me dedicó una media sonrisa triste.
—Te entiendo, deberías haber visto mi cuarto cuando desaparecieron mis padres.
Quise prender fuego a todo, pero mi hermana me paró antes de finalizar el hechizo —carraspeó cuando se le apagó la voz, la pena se le agolpaba en la garganta dificultando que salieran las palabras—.
Según lo que he escuchado también de otras sedes españolas, los fénix llevan recibiendo ataques en el exterior y desapareciendo meses.
Sería otra razón de peso por lo que tus padres decidieron volver antes de vuestros diecisiete.
—¿Entonces crees que esto de las desapariciones está directamente relacionado con nosotras?
—¿Tú no? Está claro que no sois unas fénix cualesquiera. Creo que algo gordo se ha estado fraguando y que está a punto de explotar. Es cuestión de tiempo y hay que evitarlo.
—No habían conseguido entrar hasta que llegué aquí… —La realidad me aplastó como una bola de demolición. Todo lo ocurrido hoy había sido por mi culpa.
—No —lo miré extrañada sin entender, ¿No, qué?
—. No y no —volvió a repetir—. Quítatelo de la cabeza ya, nada de esto es culpa tuya ni de tu hermana.
Simplemente está pasando ahora porque os quieren.
Estamos todos en peligro, sobre todo tú, pero si sois tan importantes entonces también tenemos una ventaja.
Solo hay que entender lo que está pasando aquí.
—¿Solo eso? ¡Ah, pues qué fácil joder! Estaba empezando a acojonarme… —dije con sorna.
Después de esta última revelación sentí la necesidad de desplomarme sobre la cama. Era eso o tirarme de los pelos como una loca. Observé a Elio ahí plantado en medio de mi cuarto sin saber muy bien qué hacer.