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N ueva nota mental: no venir a más partidos, joder. Como sean todos igual de intensos…
La luz parpadeó tétricamente unos segundos antes de que volvieran a reactivar por completo la magia que mantenía iluminada toda la orden.
Entonces pudimos vernos de nuevo las caras desencajadas por el miedo y la devastación que había dejado a su paso el ataque.
La gente gritaba intentando encontrar a sus amigos o familiares, la angustia de todas esas personas me revolvía el estómago.
Tenía ganas de potar. Y también de llorar.
Mi prima sana y salva, estaba aferrada como un koala a Edan, que la acunaba entre sus brazos para intentar tranquilizarla, mientras ella escondía la carita en su cuello sin parar de berrear.
Quise caminar hacia ella, pero una flojera repentina me hizo tambalear.
Pensé que acabaría en el suelo, de no ser por la rapidez de Elio, que volando como un rayo me sostuvo al momento apretándome contra su pecho.
Puede que con lo que acababa de hacer hubiera drenado mi energía.
O quizá solo estuviera excesivamente mareada porque sentía todo ese barullo de sentimientos amplificado por mil.
El pánico y el dolor general me martilleaba en los oídos. Necesitaba escapar de ahí ahora mismo.
—Tengo que salir… necesito… —dije en un murmullo. Me costaba pronunciar cada palabra, pero fue suficiente para que me escuchara a pesar del ruido.
—Nos vemos en el invernadero —le dijo a Edan. Y sin más me cogió de la cintura y salimos volando de allí dejando atrás todo el caos.
El vuelo con Elio en completo silencio verbal y mental hasta el invernadero, me ayudó a relajarme un poco. Pero cuando aterrizamos solo pude sentarme mientras intentaba respirar con normalidad.
—¿Te encuentras mejor?
—Si mejor es como el culo, entonces sí —dije intentando sonreír, aunque fue un fracaso absoluto.
—Genial, si puedes hacer bromas es que te estás recuperando rápido —no dijo una palabra más. Simplemente se dejó caer a mi lado y me observó en silencio durante un buen rato.
—Al final me vas a desgastar, no me mires tanto y suelta ya lo que tengas que decir…
—Has sido tú, ¿verdad? He sentido un calor sofocante y una magia muy poderosa que emanaba de ti.
—Si ya lo sabes para qué preguntas… Y si tu siguiente duda es cómo lo he hecho, te diré que no tengo ni puñetera idea. Y también que me he cagado viva del susto. —Sin poder evitarlo, mis ojos empezaron a humedecerse y dos lágrimas traicioneras brotaron libres surcando mis mejillas.
Mierda. Estaba tan nerviosa que no podía contenerme, me temblaban hasta las manos.
Enseguida apartó la vista mirando en dirección opuesta, supongo que para dejarme algo de intimidad y espacio. Ahora solo podía verle el cogote, con su pelo bien corto decolorado en rubio platino.
—Lo sabías… Sabías lo que iba a pasar… —se pronunció aún sin mirarme.
—No, solo sentía que algo no iba bien. Actué por puro instinto. Pero no ha servido de nada, soy una completa inútil. —Se giró al escuchar esto último, sus ojos rasgados y oscuros como la noche se clavaron en los míos.
—No digas eso, gracias a ti mis amigos siguen aquí y no se los ha tragado el vórtice.
Nadie podría haberlo evitado. Yo ni lo he visto venir…
Es tan extraño… Tantos protectores y nadie ha dado la voz de alarma.
—Su vista se enfocó en un punto muy lejano mientras se perdía en sus pensamientos, intentando dar con una respuesta que por supuesto no encontró.
—¿Qué pasará con todos los fénix que han sido engullidos por los anillos místicos?
—Su cara normalmente desprovista de sentimientos por el muro que se empeñaba en alzar para mantenerse a salvo, reflejó tristeza.
No pude evitar ponerle una mano en el hombro para intentar consolarlo.
Apenas fue un segundo, pero un recuerdo suyo se coló en mi mente—.
Lo siento, no quería… —Aparté rápidamente mi mano.
—Tranquila. No sé cómo lo haces, pero consigues traspasar mi muro de protección. Eres como el agua filtrándose entre las diminutas grietas de una presa.
—Igual es que tú quieres que lo vea… —me aventuré a decir.
Eso era preferible a pensar que mis poderes iban creciendo tanto, que se estaba empezando a descontrolar todo.
Por un momento vi como la duda bailaba en su mirada.
Quizá esas palabras habían acabado de convencerlo para que se abriera un poco más a mí.
—Lo que has visto… Bueno, mis padres se fueron a una misión y no regresaron.
—Podía entender perfectamente que estuviera muy jodido— Aquí ya solo me queda mi hermana.
Y lo que ha pasado durante el torneo, me ha hecho pensar en ellos.
En la pérdida y los peligros de pertenecer a la orden.
No creo que esos fénix vayan a regresar, pero ojalá me equivoque.
—¿Quieres irte de la orden? —Lo estaba percibiendo claramente, pero esta confesión que aún no había pronunciado en alto me pilló por sorpresa.
—Lo he pensado muchas veces, sí. Para intentar buscarlos y para vivir mi vida fuera de aquí.
Quería preguntarle qué pasó exactamente, pero no tuvimos más tiempo porque en ese momento llegaron los demás. Y no me pareció apropiado continuar con una conversación tan dolorosa y personal.
Mi prima se me echó encima inesperadamente, creo que es la última persona en el planeta tierra de la que hubiera esperado un abrazo. Aunque fuera el más corto y raro de la historia.
—Gracias, de no ser por ti estaríamos perdidos dentro del vórtice. —Héctor también se acercó para darme otro abrazo.
—De no ser por ella estaríamos todos jodidos, su magia fue la que selló los anillos místicos.
—Hostia puta colega, menos mal que estabas ahí. Soy demasiado guapo para desaparecer en un vórtice de mierda.
—¿Eres consciente de la gente que hemos perdido hoy…? Cállate la puta boca. Mi hermanita podría estar… —No pudo ni terminar la frase porque le falló la voz.
—Han convocado una reunión de urgencia en el comedor, tenemos que estar todos —cortó Héctor para informarnos a Elio y a mí.
—¿Ahora? —No me sentía capaz de mover ni un solo músculo y mucho menos de estar rodeada de tanta gente.
—Dale un minuto, cuando se han vuelto a encender las luces no podía ni mantenerse en pie. —Quise fulminar a Elio con la mirada, pero no puedes hacerlo cuando la persona en cuestión prefiere fijar la vista en cualquier dirección menos donde estás tú. Joder, no quería añadirles otra preocupación más.
—Pero estoy bien —me apresuré a tranquilizarles—. Solo estoy cansada.
—Con la energía que has gastado tienes que tener la batería de fénix al 5%, creo que hasta has tenido que absorber parte de la que emana de la orden para detener el ataque. Héctor y tú deberíais recargaros. —Mi cara de duda fue una invitación para otro de los desafortunados comentarios de Edan.
—Tranquila, solo vamos a meterte un enchufe por tu culo mágico. Puede ser muy agradable, si es que te molan esas cosas.
—Eres tan…
—Impresionante, guapo, divertido… —empezó a enumerar mientras movía las cejas arriba y abajo con cara de intenso.
—Más bien grosero, y un chalado narcisista con tendencias sexuales muy raritas. —Lejos de ofenderlo, parecía orgulloso mientras se reía de mi definición—. En fin… vamos a recargar pilas. ¿Cómo va este rollo?
—Él árbol mágico es un cargador natural para nosotros, igual que el fuego. Solo hay que poner la mano sobre su tronco y pedírselo. Vamos. —Me tendió una mano que no rechacé por que me costó un esfuerzo titánico el simple hecho de ponerme en pie.
Mientras caminábamos hacía el árbol una bola de angustia se instaló en mi garganta robándome el aliento. Miré de inmediato por encima de mi hombro a Edan, estaba con la mirada perdida concentrado en sus pensamientos proyectándome sin querer su malestar.
Cuando se dio cuenta de que lo estaba escrutando quiso cambiar de tercio y empezó a pensar en tonterías.
Pero ya lo había calado. Sus bromitas fuera de lugar y sus salidas de tono eran su mecanismo de defensa, y su forma de lidiar con las cosas e intentar que los demás nos distrajéramos de la desgracia que acabábamos de presenciar.
No era tan frívolo como quería aparentar, en realidad le importaba su gente. Y mucho.
Héctor puso su mano sobre la rugosa superficie y una tenue luz dorada crepitó bajo su palma viajando después por todo su cuerpo. La energía me atraía como a una polilla la luz, así que no me resistí ni un minuto más.
En cuanto toqué el tronco y le pedí su ayuda, un delicioso estado de bienestar me invadió.
Su calor y su magia me estaban devolviendo todas las fuerzas que había perdido durante el ataque.
Pero eso no fue todo, me proyectó una imagen muy vívida con la clave que necesitaríamos en un futuro no muy lejano.
Seguía sin saber a qué nos enfrentábamos, pero gracias al árbol mágico ya sabía cuál sería el arma que deberíamos utilizar en la batalla.
—¿Estás bien? ¿Qué te ha enseñado? —La premonición me había dejado fuera de juego unos segundos. Además de que un protector sabe bien cuando alguien recibe una visión.
—La clave para acabar con esta amenaza. Aunque aún me faltan demasiadas piezas del puzzle.
Héctor asintió en silencio, no me presionó para que le contara nada más. Sabía que cuando fuera resolviendo el rompecabezas les contaría a todos el plan.
—¿Y tú qué viste en el terreno de juego? —la pregunta lo dejó descolocado, así que quise explicarme mejor—. Me refiero cuando rompiste la protección, justo antes del ataque.
—Te diste cuenta… —Dejó caer sus brazos a los lados y apretó tanto los puños que los nudillos se le pusieron blancos—. Lo vi todo, pero demasiado tarde. Y no entiendo por qué.
—No soy ninguna experta, pero si han conseguido burlar la barrera es posible que también puedan bloquear nuestros poderes, y que ningún protector pudiera hacer nada al respecto —no quería que se sintiera culpable—. Yo también lo sentí demasiado tarde.