La orden del fuego 8 #2
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La muy perra me había soltado antes de tiempo y aterricé de cara sobre su colchón, rebotando con fuerza.

Aunque no creo que la cosa hubiera resultado diferente si hubiera llegado hasta tres, como había prometido.

No dominaba el arte de la levitación y mucho menos el de aterrizaje.

De eso ella no tenía culpa ninguna, pero lo que me tenía un poco mosca, es que se lo estaba pasando demasiado bien a mi costa.

—Te lo piensas demasiado, si dejas que fluya… —explicó—. Estaba segura de que si te pillaba desprevenida la cosa iría mejor. En cualquier caso, ya le cogerás el tranquillo.

—Dejad de decir que ya lo pillaré, joder. Me saca de quicio y es muy frustrante.

—Bueno, yo creo que no ha ido mal del todo. Al menos no nos has aplastado.

—Exacto enana, siempre hay que ver el lado positivo de las cosas. ¿Ves? ¡Aprende de Sol y no seas tan cascarrabias! Y ahora pongámonos en marcha, rápido.

Cuando llegamos al comedor el ambiente era diferente, casi festivo. Como si lo del torneo fuera un gran acontecimiento. Yo no sé gran cosa de deportes de equipo, ni practico, ni los veo. Pero parecía que todos estaban bastante emocionados con el tema y el bullicio llenaba la estancia.

Una vez más, tuve que acudir en busca de mi pequeña enciclopedia de movidas mágicas para ponerme al día.

—¿Esto de qué va Sol, por qué tanto revuelo? —no sabía más de lo que había dejado caer mi prima de camino al comedor. Que era un torneo que se disputaba por equipos de tres, integrados por un fénix de cada facción. Ella representaría a los elementales.

—Es lógico, es el primer día de torneo que precede al ritual de recepción de poderes, y llevan meses esperándolo.

—¿Y cómo se juega a…? —si me habían dicho el nombre en algún momento, yo ya no lo recordaba.

—…El Ignhara —concluyó por mí—. Verás, el juego se basa en ganar puntos encendiendo y manteniendo llamas mágicas en ubicaciones específicas del campo, cuanto más complicada es la zona, más puntuación te llevas.

Mientras los protectores defienden sus llamas, los sanadores tienen que intentar apagar las de los equipos contrarios, y como ya te imaginarás, los elementales son los encargados de propagarlas.

—Vale, creo que lo pillo, no parece una mecánica difícil de seguir… —comenté antes de engullir una galleta.

—La verdadera dificultad, es realizar todo esto siguiendo las rutas aéreas marcadas por los anillos místicos, no puedes volar libremente, debes seguir las reglas.

Hay un límite de altura en el estadio para garantizar la seguridad.

Los equipos que vuelen demasiado alto o demasiado bajo, recibirán penalizaciones. Y hay otra cosa aún más interesante…

—¿El qué? —estaba empezando a contagiarme del espíritu entusiasta y tenía ganas de verlos en acción.

—Primero, obviamente la magia está permitida. Por eso no solo se eligen a los más rápidos o poderosos, también a los que mejor controlan sus dones y la magia, para representar a tu sede.

Y luego, para hacerlo aún más emocionante, los anillos están encantados.

No sabes a qué ilusión mágica te vas a enfrentar o si al atravesarlos te van a escupir en otra posición del campo.

A veces incluso pueden dejarte sin tu poder vital durante un tiempo.

Nunca pierdes el del vuelo, pero sí tu don principal.

—¡Oh! —exclamé interesada—. Parece bastante entretenido.

—Hasta que no lo veas, no puedes llegar a imaginarlo siquiera. Para que estés prevenida… Aquí nos lo tomamos bastante en serio y el torneo puede ser… brutal.

—¿Brutal, en qué sentido? —¿Debía preocuparme por Enara?

—Bueno, pueden hacer casi cualquier cosa, incluso destruirte.

Es un poco doloroso pero ya sabes, no es definitivo…

—me dice guiñando un ojo—. Por suerte somos inmortales.

Eso sí, un fénix que sea neutralizado puede renacer al instante en el terreno de juego, pero el equipo pierde puntos y un tiempo muy valioso.

—¡Joder, qué fuerte! Empiezo a entender la euforia general, es casi como una peli de acción. ¿Y cuántas sedes compiten?

—Competimos contra las sedes españolas, la de Toledo, Granada y Santiago de Compostela.

Y si ganas, representas a toda España en el torneo internacional que se celebra cada año.

¡Date prisa, ya nos vamos al estadio! —La gente empieza a levantarse y a salir ordenadamente del comedor.

Así que les sigo el ritmo. Miro a mi alrededor y no veo por ningún lado a mi prima, seguro que debe de estar ya preparada en el campo.

—He de confesar que estoy algo entusiasmada, tengo ganas de que empiece.

—Es normal, no solo estás canalizando la euforia de todos, es que realmente mola mucho y tienes que tener curiosidad —lo dice muy segura, como si fuera un hecho incuestionable. Bien, porque no tenía intención de contradecirla.

Fuimos recorriendo los pasillos de la orden en masa hasta llegar al estadio, por lo visto había cuatro puertas de entrada, una en el interior desde donde accedíamos nosotros, y otras tres puertas, o mas bien portales mágicos, que comunicaban con cada una de las sedes invitadas.

Cuando cruzamos las grandes puertas de hierro, no me imaginaba una cosa así. Desde luego no estaba ni remotamente preparada para lo que me iba a encontrar.

El vasto estadio suspendido en el cielo estaba iluminado por columnas de fuego y plagado de anillos que se repartían por todas partes. Pero lo más increíble eran las gradas, flotando en distintos niveles alrededor del campo de juego.

Eran como plataformas translúcidas que emitían una luz suave y cálida, sostenidas por columnas invisibles de energía.

Por lo visto, los espectadores podíamos caminar libremente sobre estas plataformas flotantes, dentro de nuestra sección, disfrutando así de vistas panorámicas del juego desde diferentes alturas. Pero sin salirnos de nuestro cuadrante.

Los fénix iban llegando a su sección desde la puerta de acceso, volando o mediante una especie de elevadores, llenando cada cuadrante de los colores que representaban a su sede.

—Tengo claro nuestros colores, pero ¿y los demás? —pregunté curiosa. Nuestra fila vestía de turquesa y terracota. Me recordaba al mar y la arquitectura mediterránea—. Me temo que no voy acorde para la ocasión.

—No te preocupes, eso podemos arreglarlo fácilmente, mutationem colorum —murmuró.

Y así, sin más, iba a juego con el resto de personas que se agolpaban en mi misma fila.

¡Genial! La cantidad de tiempo que puedes ahorrarte con la magia—…

Mira, los que visten de oro y negro son los de Toledo.

Es el equipo que menos me gusta, pero son muy buenos.

El año pa sado nos ganaron por muy poco.

Rojo y blanco para Granada y para Santiago, los colores plata y azul.

Justo cuando terminó su breve explicación pudimos acceder al elevador. Lo bueno de poder deambular entre las gradas, es que ya no tendría que estar rodeada de niños solamente. Bastante tenía con compartir mesa y clases. En cuanto estuviéramos arriba, buscaría a los demás.

Enseguida detecté a Edan, Elio y Estrella.

Y no porque estuvieran cerca y pudiera verlos, más bien porque entre todo el barullo de la multitud, y el revoltijo de sentimientos que flotaban a mi alrededor de júbilo, euforia y alegría sobre todo, había dos voces que sí podía escuchar claramente en mi cabeza, y que podía seguir como si fueran señales de tráfico.

—Sígueme Sol, creo que ya he localizado a los demás. ¿O prefieres quedarte con los compañeros?

—¿Estás loca? Yo me voy con los mayores. Además, ¿quién te va a explicar todo lo que pase en el campo?

—Exacto, necesito a mi guía mágica —su pequeña carita se iluminó, percibía que se sentía… ¿importante? Algunos sentimientos son un poco más difíciles de clasificar.

Fuimos caminando entre las plataformas hasta que los vimos, estaban en grupo con otros fénix que había visto sentados a su mesa.

No soy vergonzosa en general, pero de pronto me asaltaron las dudas, no los conocía tanto…

Al no estar Héctor y mi prima, era como si me faltara el pegamento que me unía con estas personas.

Pero no pude pensármelo demasiado, Elio giró sobre sí mismo en ese preciso momento, quizá mis dudas habían llegado hasta él. El caso es que me dedicó una sonrisa amistosa.

—Ya estás aquí, ¿qué te parece? —me preguntó estirando los brazos intentando abarcar todo el recinto.

—¿Sabemos montárnoslo bien o qué? —se unió Edan también. Estrella me miró de reojo, pero prefirió ignorarme mientras seguía de cháchara con un pelirrojo. Vale, no era nada incómodo… ¡Qué va!

—Buah, me parece brutal. Estoy alucinando.

—Y eso que todavía ni ha empezado —Sol parecía entusiasmada, pero bueno, como todos y cada uno de los fénix que se repartían entre las plataformas.

—Eh, pequeña Enara. ¿Qué haces que no estás con los de tu curso?

—¡Tú cállate cejas chamuscadas! Y mi nombre es Sol, tarugo —instintivamente Edan se echó mano a sus cejas mientras mi prima le apuntaba con su dedito índice. La escena me pareció tan cómica que no pude evitar reírme. Y no fui la única.

—No tiene ni puta gracia. Tardaron en salirme un mes, y no han vuelto a ser las mismas desde entonces.

—Y qué buen mes… —Elio abrió su protección y me dejó ver un recuerdo.

Qué misteriosos son los derroteros de la magia, que hace que podamos resucitar o curarnos rápidamente, pero no pueden repoblarnos el vello facial tan fácilmente. Debería hacer una pequeña prueba, solo para comprobar si puedo olvidarme durante un tiempo de la depilación de axilas.

—Y aún tuviste suerte, yo te hubiera quemado los hue… —por suerte llegué a tiempo de taparle la boca. Aunque me gustaba la fuerza y el carácter de esta pequeñaja.

—Será mejor que te calmes, fierecilla —le dije sonriendo, aunque mi intención era poner cara seria. Parece que ayer sí escuchó más de la cuenta...