8
D espués de eso, me siento tremendamente cansada.
Como si el peso de la derrota y de las emociones del día, hubieran caído sobre mí de repente sin piedad.
Nos dispersamos en silencio, tampoco hay mucho más que hacer o decir…
y cada uno se va a su habitación, menos yo, que esta noche estaré de ocupa en la de Enara.
—Bienvenida a mis dominios.
La puerta se abre y por un segundo pienso que ahí debe de haber estallado una guerra, porque ese caos no es normal. Y eso que yo tampoco soy la adolescente más ordenada del mundo, pero esto es otro nivel.
Mentiría si dijera que no se me pasa por la cabeza la idea de volver corriendo a la tranquilidad de mi habitación, pero ya estamos aquí. Así que…
—¿Es que no existe un conjuro para ordenar? —digo mientras doy saltitos para no pisar nada de lo que hay diseminado por el suelo.
—De qué hablas, todo está en su sitio.
—Si su sitio es en todas partes, pues ok.
Mi prima patea algunos montoncitos de ropa para intentar abrirse paso, y se tira en plancha sobre la cama que está llena de papeles que aparta con un manotazo, y acaban aterrizando también en el suelo.
Mientras, yo me entretengo echando un buen vistazo a mi alrededor.
Desde luego esta no parece una estancia propia de la orden, con su agradable y cuidado diseño.
Las paredes de mi prima están pintadas de un negro absoluto, que hace que la estancia parezca una cueva oscura a punto de engullirte, pero además hay un montón de pintadas a línea llenando cada centímetro de pared. Algunas en forma de frases y otras con dibujos. Resulta que es una artista.
—¿Son tuyos? —pregunto lo obvio señalando justo a la pared de enfrente, donde hay una escena espectacular de una chica alada que escupe fuego, y tiene el pecho abierto con el corazón sangrando. Muy literal, entiendo que no hemos superado a Edan, tal y como ya había percibido—. Es realmente bueno.
—Gracias, es mi forma de sacarlo todo fuera. Me hace sentir… menos sola. Si eso tiene sentido.
—Mejor fuera que dentro —le sonrío—. Creo que lo entiendo. No es que tenga ninguna habilidad especial, pero creo que yo lo hago a través de la música. Lo de expresar mis sentimientos me refiero. Escucho las canciones según mi estado de ánimo.
Mi prima se queda mirando un instante su pintada mientras le da vueltas a una cosa, pero no se arranca a preguntarla directamente.
—Recuerda que capto tu frecuencia —le digo señalando mi cabeza—. Si de verdad quieres saber lo que he escuchado de Edan…
—Sí. No… Bueno, puede. ¿A qué te referías cuando has dicho que podrías tener información interesante para mí?
—En realidad estoy convencida de que no es nada que no sepas. A él le sigues gustando mucho, quiere volver contigo. Y Estrella solo es un rollo pasajero, él mismo lo ha dicho.
—El problema es que siempre tiene rollos. Merezco algo más.
—Amén hermana. Estoy contigo y no pienso contradecirte, solo me limito a contarte los hechos —igual no debería seguir con el tema, pero me puede la curiosidad—. ¿Cuánto tiempo estuvisteis juntos?
—Casi cinco años. Hasta que me enteré, después de tener una discusión muy tocha que él percibió como un “descanso”, de que me la había pegado con una protectora, puaj. De eso ya hace 4 meses, 10 días y un porrón de horas —sonríe sin ganas. Está muy tocada.
—De repente tengo ganas de darle una paliza, ¡otro puto Ross Geller!
¿Por qué son así los tíos? ¿Es que es una especie de síndrome que solo les afecta a ellos?
—Parece que eso la anima un poco. Pero mi mente se centra en otra cosa que está captando y que viene de detrás de la puerta—.
Tenemos compañía —le digo muy bajito antes de encaminarme hacia la puerta.
En cuanto tiro del pomo me encuentro con sus ojos expresivos, que me miran desde abajo mientras una tierna sonrisa se ensancha en su carita redonda y sus mofletes se encienden, porque sabe que la hemos pillado.
—No estaba escuchando ni nada, lo prometo. Solo quería… A ver… —empieza a balbucear—. Es que, bueno… Cuando papá ha venido a darme las buenas noches, ha mencionado lo de la noche de primas, y yo… yo soy una prima —se muerde el labio, nerviosa, mientras miro a Enara por encima de mi hombro.
—Su argumento es irrefutable, no es una noche de primas sin todas las primas. Anda, pasa.
Sol entra dando pequeños brincos con su pijama color lavanda y se echa sobre su hermana.
—Teta deberías ordenar esto, no te ofendas, pero es una pocilga.
Lo dice tan seria que parece la hermana mayor. Me recuerda a Candela que es la ordenada y también la mayor, aunque solo por unos minutos de diferencia.
—Y tú deberías callarte si no quieres que te mande de vuelta a tu cuarto. ¿No es un poco tarde para estar pululando tú sola por los pasillos de la orden?
—He venido antes pero no estabais —su tonito da a entender que también nos ha pillado. Pero la ceja enarcada de Enara la hace recular enseguida—. Bueno, mañana es sábado y no hay clase, así que… Puedo acostarme un poco más tarde.
—No, no puedes. Tu hora de estar en la cama son las 21:30. Hace horas que tendrías que estar durmiendo. Además, mañana hay torneo y tendréis que venir a verme. Así que nos vamos todas a sobar ya.
—¿Entonces no vamos a pintarnos las uñas, y a hablar de chicos y cosas de mayores? —Sol destila decepción. No sé qué esperaba de esta noche, pero desde luego no era esto.
—Esto no es una fiesta de pijamas enana. Es una misión de primas para vigilar a la renacida —Enara lo dice tan solemne, que ahora esto incluso le parece mucho más importante y guay.
—Bien, podéis contar conmigo.
—Perfecto, pero tengo dos preguntas; ¿Un torneo dices? y otro detallito de nada… ¿Cómo voy a dormir en la cama si tengo que estar con mi fuego encendido? A ver si vamos a salir ardiendo todas por mi culpa.
—Bueno, como fénix que soy no es que me importe un poco de fuego, pero ni de coña te acuestas en mi cama, adoro estas sábanas. Tú dormirás ahí —dice señalando el techo.
—¿Ahí?, ¿dónde?
— Levitare super lectum —esa es la única explicación que me da, justo antes de ponerme a levitar sobre sus cabezas.
—Pero qué cojones…
—Relájate Estela, tienes que intentar encontrar tu centro para dar con la posición horizontal o seguirás dando vueltas como una noria toda la noche.
—Fácil de decir, y muy difícil de hacer. ¿No crees?
—¡Puedes hacerlo, estoy segura! —me anima Sol desde la cama, aunque no puedo verla porque ahora estoy boca abajo mirándome los pies que están tocando el techo—. O también podrías dormir así, como los murciélagos. Tampoco pasa nada, ya le irás pillando el truco… Es cuestión de tiempo.
—Piensa en la posición y la distancia exacta, eso te ayudará a controlarlo. No queremos que se te acumule toda la sangre en la cabeza, eso no tiene que ser bueno —la tía se parte de risa, pero a mí no me hace ni puta gracia.
—Tú sigue, igual me da por mearme en plena noche y con suerte aterriza en tu boca abierta.
—Cómo perciba algo de humedad, te mando a la sala del renacimiento sin miramiento. Ahora cállate y visualízalo.
Me niego a pasarme todas las noches levitando descontrolada por el techo de mi habitación hasta que podamos deshacer nos de la sombra nocturna que me acecha. Por mis ovarios que hoy duermo en horizontal. Y además del tirón.
Intento hacer exactamente lo que me acaba de decir mi prima. Me concentro y me imagino a mí misma tumbada en el aire a mitad camino entre el alto techo y la cama. Inhalo y exhalo unas cuantas veces mientras sigo con esa imagen en mi cabeza y mando la orden.
No sé exactamente a quién o a qué, pero el caso es que funciona porque al rato empiezo a notar como mi cuerpo va girando hasta adoptar la posición horizontal, y bajo lentamente hasta posicionarme donde he visualizado. Bien por mí. Mis primas me aplauden desde abajo.
—Ves, te dije que podías.
—No ha sido tan difícil llorona, y ahora préndete fuego como una antorcha y a dormir. Que mañana me espera un día duro —Enara ya estaba metiéndose bajo la sábana cuando me asalta otra duda.
—¿Cómo se supone que bajo de aquí?
—¡Ah, eso! —lo dice como si no fuera un dato relevante, haciendo aspavientos con una mano mientras bosteza—. Solo tienes que decir levitationem finire . Pero no te olvides de apagar tu fuego primero. Si no dominas el aterrizaje y caes sobre nosotras, al menos no nos chamusques.
—Genial… —ironizo. ¿Es que todo tiene que ser tan peligroso? A ver si reboto en el suelo y me rompo algo—. Y respecto al torneo…
Empecé a decir, pero mis primas ya estaban durmiendo plácidamente. Tendré que esperar hasta mañana.
Estaba tan cansada que solo deseaba cerrar los ojos para lanzarme en brazos de morfeo, pero era muy raro estar levitando y mi cuerpo reaccionaba embarándose.
Si hace unos días alguien me llega a contar que iba a dormir así, y envuelta llamas, como si fuera katniss Everdeen en los juegos del hambre, hubiera pensado que iba puesto hasta las cejas. Pero aquí estamos.
Me giré para dormir de costado, y al comprobar que todo parecía seguro, conseguí relajarme y los párpados se me cerraron pesados. La última imagen que vi antes de dormirme, fue la cara de mi hermana.
* * * * *
—¡Hey, dormilona! Despierta —su voz me llegaba amortiguada. Estaba atrapada en un sueño profundo y tranquilo por fin. Y me sentía de maravilla. No quería despertar—. Tenemos que ir a desayunar.
—¿Ya? ¿Qué hora es?
—Las diez —quería decirle que me dejara cinco minutos más, pero simplemente no pude formular otra frase coherente—. Venga, recuerda que hoy es un día importante, tenemos torneo y debo prepararme.
Eso captó mi atención, pero me tomó un tiempo desperezarme y recordar dónde me encontraba.
—¡Mierda! se me había olvidado completamente. —Estaba bocabajo cuando abrí los ojos y me impresionó verlas desde las alturas—. Como era eso… —dije con voz pastosa—. Finire… ehm…
—Prepárate para el aterrizaje. A la de tres te bajo en cuanto te apagues —me recordó. Hice lo propio y asentí, quería pisar tierra firme—. Uno… —empezó a contar mi prima—, dos… y... ¡ levitationem finire!