7 #4
—¿Y tú qué sabes? ¿Cuántas fénix géminis conoces? —intercede Héctor que sabe lo mucho que me afecta este tema.
—Pues precisamente a eso me refiero. Yo no pienso entrar ahí.
—Ni falta que hace. —Estoy demasiado incómoda como para permanecer ahí quieta ni un minuto más, así que me acerco cautelosa al fuego.
Cuando estoy apenas a unos centímetros de distancia no sé muy bien qué es lo que debo de hacer, así que cierro los ojos y me dejo llevar por la intuición esperando a que todo fluya. Cuando me doy cuenta estoy sumergida en mis propias llamas y no siento ningún dolor.
—Prima yo sigo sin poder entrar sin derretirme como si fuera cera, parece que solo tú puedes soportar la fuerza de tu fuego.
—Bueno, soy yo la que tiene que intentar conectar con Candela.
—¿Y qué hacemos si algo sale mal? No podremos entrar para ayudarte —Héctor tiene razón, no puedo arriesgarme a que alguien salga herido por mi culpa. Conociéndolos, ellos dos se meterían de cabeza para intentar salvarme.
— Prueba con Ignis tutus, ignis amicus.
Lo repito en voz alta para ver si funciona. Cuando abro los ojos mi prima ya tiene una mano dentro del fuego y me sonríe satisfecha.
—Bien, sigue hablando con tu musa porque esto funciona. Jamás había oído ese conjuro.
Todos entran conmigo excepto Estrella que se queda cruzada de brazos en el sitio. Ya no le da pena mi situación, ahora solo le molesta que yo sea siempre el centro de atención.
—Si quieres cambiamos los papeles —no tengo tiempo de morderme la lengua y mi comentario sale disparado de mi boca sin control. Mierda.
—Deja de meterte en mi cabeza.
—Me encantaría, pero no puedo.
—¿Es que tu “musa” no te ha dicho que puedes cancelar nuestros pensamientos? Inténtalo con Obreptio Soni y sal de mi puta cabeza ya.
—Relaja la raja hermanita. Nadie quiere hurgar en tus pensamientos, no la agobies —los hermanos se retan con la mirada, ella está ofendida porque encima se ha puesto de mi parte. Lo que faltaba.
—Vale, haya paz. Siento haber invadido tu intimidad, te juro que no es mi intención. Dame un momento por favor —respiro hondo antes de pronunciar las palabras—. Rápido, que alguien que no sea Edan piense algo.
—Lo siento tía, demasiado tarde… —me lanza una imagen que parece sacada de una peli porno.
—Tienes un problema grave, ¿lo sabías? —El tío se parte de risa.
—El sexo es algo completamente natural.
—Me preocupa que estés obsesionado con el tema, pero me preocupa aún más seguir percibiendo vuestros pensamientos. Sobre todo, los tuyos; depravado.
—Es imposible que no haya funcionado… —espeta Estrella como si yo tuviera ganas de seguir recibiendo sus mierdas.
—Pues ya ves. Y que conste que yo soy la más interesada en todo esto. Tengo cero unidades de ganas de seguir sintonizando vuestras interferencias en mi cabeza, como si fuera una radio defectuosa.
—Aquí nadie está defectuoso, preferimos llamarlo dones.
—No te mosquees Elio, mi prima aún tiene que asimilarlo todo.
—Perdona, no quería… —enseguida miro a Héctor con cara de circunstancias, espero no haberle ofendido a él también—. Solo me refiero a que no puedo controlarlo ni con el conjuro específico. ¿qué se supone que tengo que hacer ahora?
—¿Y por qué no nos centramos en lo que hemos venido a hacer? Al menos por el momento —si está molesto no lo demuestra en absoluto.
Tiene razón como siempre, así que avanzo un poco por el agua en llamas e intento hacer exactamente lo mismo que cuando se comunicó mi hermana. Simplemente floto con los ojos cerrados e intento concentrarme.
Al cabo de un rato, que no sé si es mucho o poco, pero a mí me parece eterno por la ansiedad que me produce no percibir nada, empiezo a desesperarme. Porque tengo miedo de que no se vuelva a comunicar conmigo.
—Me aburro tía —su voz se cuela como el zumbido molesto de un mosquito que te despierta en plena noche. Al principio pienso que solo está en mi cabeza hasta que mi prima le contesta.
—No estamos aquí para entretenerte, capullo. Cierra la bocaza.
—¿Y cuánto tiempo más vamos a estar así?
—Puedes marcharte cuando quieras —sisea cabreada. No sé si es por mí o porque todo lo que tenga que ver con él, le saca de sus casillas. El caso es que intento alejarme de sus voces y buscar la de mi hermana.
— Aquí no está. No podemos llegar hasta ella.
Me revuelvo incómoda en el agua y me incorporo con un nudo en la garganta. Estoy tan abatida y rabiosa, que solo puedo apretar los dientes para evitar que se me salten las lágrimas. Estaba segura de que al fin podría ayudarla… Pero sigo siendo una inútil.
—¿Nada? —me mira con sus ojos azules, profundos y compasivos, esperando una respuesta que ya sabe de sobra. Solo puedo negar con la cabeza, porque si hablo será demasiado y me echaré a llorar como un bebé.
He perdido toda esperanza de dar con mi hermana cuando la vocecita me anima a seguir resistiendo e intentándolo. A continuar escuchando con atención y buscando cualquier indicio de que ella vuelva a comunicarse conmigo. Porque mi fénix está seguro de una cosa:
— Ella llegará hasta ti.
Y yo quiero creerle con todas mis fuerzas. Porque necesito que así sea.