7 #3
Repito cada una de sus palabras mientras dejo la cajita con sumo cuidado. Solo un pequeño y fugaz resplandor que desaparece al segundo me indica que efectivamente el conjuro está activo.
—¿Funcionará?
— Ya está funcionando.
Con la certeza de que el mapa está a salvo y escondido a plena vista, me aseo un poco y me cambio rápidamente de ropa que está cubierta de sangre reseca, y salgo de mi cuarto para dirigirme hacia el invernadero.
Como aún no he desarrollado el poder de volar como el resto soy extremadamente lenta, y cuando llego ya están todos ahí esperándome.
—Ya era hora, he visto caracoles más rápidos —suelta Edan aburrido.
—Cuando pueda volar haremos una carrera y entonces me besarás el culo —le contesto mientras levanto mi dedo corazón para dedicarle una peineta.
Su deslumbrante sonrisa se abre paso dejando al descubierto unos dientes perfectos.
Lo que más le gusta en el mundo es provocar a la gente. A cuantos más, mejor.
—Lo estoy deseando —su tono juguetón y lascivo solo molesta a quién no puede percibir su falta de interés en mí.
Si le gusta que forme parte del grupo es solo por curiosidad y fines lúdicos.
Es como un niño grandote que necesita que lo tengan entretenido y en ese aspecto, yo le estoy dando juego. Además, parece que le caigo bien.
—Bueno, mejor vamos al lío —mi prima corta la conversación y levanta el brazo para proyectar las llamas sobre el arroyo, pero la detengo.
—Déjame probar a mí. —Su sorpresa se instala entre nosotras mientras le cojo del brazo—. Por si acaso creo que un protector debería de crear un escudo, no controlo demasiado y no quiero chamuscar a nadie.
—Flipa, cuantas novedades en un solo día… Puedes chamuscar a Edan, no te cortes —el pensamiento de mi prima se cuela dentro de mi cabeza y me hace sonreír.
—Yo me ocupo —Elio se posiciona entre el grupo y yo para levantar un muro invisible de protección. Me quedo mirándolo absorta—. ¿Qué ocurre ahora?
—Aparte de sentirlo puedo verlo —hundo un dedo aparentemente en el aire, pero noto su suavidad y flexibilidad bajo mi presión—. Un halo iridiscente me indica perfectamente hasta dónde llega el campo de protección. Es parecido a una burbuja.
Se miran entre ellos perplejos y luego enfocan sus ojos sorprendidos en mí.
—No se pueden ver y mucho menos tocar los campos de protección. Ni aunque lo hayas creado tú mismo. Solo sentirlos.
Apoyo de nuevo mi mano sobre la superficie elástica del campo y me concentro en ampliarlo y hacerlo más grande. Elio no da crédito a lo que está pasando y por un momento baja la guardia y se filtra su asombro dentro de mi pensamiento.
—¿Cómo lo has hecho? Es increíble, he podido sentir la combinación de nuestros poderes y como has hecho más grande y más fuerte el escudo.
—No tengo ni idea, simplemente ha pasado...
—Hostia puta, esta tía cada vez me gusta más. Menudo fichaje para la orden. Igual sí que acabo besándote el culo, parece que juegas con ventaja.
Tanto asombro, admiración, y algo de envidia que viene destilada por parte de Estrella, empieza a abrumarme demasiado.
No saben qué esperar de mí, y yo tampoco entiendo cuál es mi papel en todo esto.
Intento sacudirme de encima todas las dudas y los miedos para concentrarme en lo que tengo que hacer.
Extiendo mi mano hacia el arroyo con el único objetivo de enviarle mi fuego y repito las mismas palabras que pronunció mi prima, y entonces una enorme llamarada que nace desde mi centro sale disparada de mi palma y prende fuego a toda la superficie.
Las llamas altas y poderosas bailan por el agua invitándome a entrar y despidiendo un calor sofocante.
—Pues no necesitabas mi ayuda, parece que controlas más de lo que crees. —Es la primera sonrisa, aunque pequeña y tímida, que le arranco a este chico serio y encerrado en sí mismo. Creo que, al conectar con su poder, también he podido llegar un poco hasta él.
—Deberías sonreír más, me gusta como te queda. —Un leve rubor enciende sus mejillas, pese a que no puedo descifrar sus sentimientos tras su capa de protección, esa señal es suficiente para saber que además de ser un chico bastante vergonzoso, no está acostumbrado a recibir cumplidos.
—Tía, hace tanto calor que vas a derretirme como el bombón que soy. —Las tres resoplamos ante semejante comentario narcisista.
—Estás encantado de conocerte ¿verdad? —Su única respuesta es besarse uno de sus bíceps antes de arrancar a caminar hacia el arroyo. Tanto amor propio es excesivo, si pudiera, se daría un like a sí mismo en la vida real.
—¡Joder, rebaja un poquito! —Edan salta hacia atrás al entrar en contacto con las llamas—. No hay quien entre, ¿es que quieres abrasarnos vivos?
Mi prima también lo intenta, pero enseguida aparta su mano con una mueca de dolor.
—Como elementales que somos, me preocupa bastante no poder soportar la fuerza de tu fuego. ¿Puedes bajarle la potencia?
—¿Y cómo se hace eso? Dime que hay un interruptor para regularlo.
—Me temo que no. Lo normal es que con este conjuro podamos entrar en las llamas sin problemas.
—Aquí no hay nada normal —el comentario de Estrella es como un puñetazo en la boca del estómago. La sensación constante de ser un bicho raro se mezcla con su desconfianza y su miedo.