La orden del fuego 7 #2
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7 #2

—Si todo sale como debe, estarás envuelta en llamas. Solo cuando se extingan podrás incorporarte. Prepárate.

Me acerco cautelosa al altar y sujeto el cuchillo con mi mano derecha que no deja de temblar.

Es mejor que no fije mi mirada en el filo o echaré a correr y no pararé hasta llegar de nuevo a Madrid.

De repente tengo la boca seca como si hubiera tragado serrín.

Así que cierro los ojos y me concentro intentando ralentizar mi respiración. Cálmate Estela, tú puedes con esto…

Aquí no hay ningún reloj, pero desde la proyección se oyen perfectamente las campanadas y ellas arrancan con su cántico en el mismo instante que dan las doce. Mi turno.

No lo pienso demasiado, abro los ojos y me hago un tajo en mi brazo izquierdo de un tamaño considerable desde donde empieza a brotar la sangre oscura y espesa.

Me tumbo rápidamente porque así me lo ha indicado Celeste y porque me estoy mareando, y no puedo permitirme perder la concentración o peor aún, desmayarme y caer al suelo como si fuera un fardo de paja.

Con mi condición de Fénix el corte ya debería estar cerrándose, pero supongo que el ritual necesita que siga cubriendo la superficie del altar con mi sangre.

Aprieto los ojos y me concen tro solamente en sus palabras.

Ya no hay miedo ni dolor, apenas noto la sangre pegajosa de la que estoy completamente cubierta.

Conforme más rápido hablan más calor siento, noto como nace desde la punta de los dedos de mis pies y va subiendo poco a poco hasta ocupar cada centímetro de mi cuerpo y abrasarme entera.

Cuando creo que ya no puedo soportarlo más, experimento una especie de explosión que nace desde mi centro y que hace que me arqueé de dolor.

Cuando abro los ojos aterrada, me veo levitando sobre el altar envuelta en llamas como si fuera un meteorito a punto de impactar en la tierra.

Permanezco unos segundos así, hasta que al final caigo desparramada en el altar y las llamas acaban por extinguirse.

Cuando por fin cesan las voces y abro los ojos, mi brazo ya está curado del todo.

Y aunque debería sentirme débil después de este proceso tan intenso, puedo notar la fuerza de mi fuego de fénix abriéndose paso dentro de mí.

Haciendo que me sienta mucho mejor al instante, incluso poderosa.

—¿Cómo te encuentras? —Los ojos gatunos de Celeste están fijos en mí esperando una respuesta. Aunque por su sonrisa ladeada entiendo que solo quiere una confirmación de lo que ya sabe.

—Creo que ha funcionado, me siento mejor que nunca.

—Pues venga, prueba a invocar tu fuego.

Me concentro en la punta de mis dedos y visualizo como nacen unas pequeñas llamas como si fueran velas en una tarta de cumpleaños.

Al principio no pasa nada, pero al cabo de unos segundos de concentrarme al máximo en esa imagen mental que he creado, me arden tanto las yemas de los dedos que de repente brotan unas llamaradas que llegan hasta el techo de la estancia y que no puedo controlar.

Con tan mala suerte, que, al rebotar por las paredes de la estancia, alcanzan finalmente a mi tío.

Estoy completamente horrorizada cuando veo el dolor que reflejan sus ojos y que yo misma he provocado.

—¡Lo siento muchísimo! —corro hacia él asustada para comprobar que no le he hecho daño.

—Tranquila Estela, por suerte soy sanador —me sonríe amablemente intentando tranquilizarme y luego concentra toda su atención en su brazo derecho, donde le ha alcanzado de pleno.

Parte de la manga corta de su camiseta ha desaparecido y sigue echando humo, si hubiera llevado puesto el mono de entrenamiento el daño seguramente sería menor.

Para mi tranquilidad, pasa su mano muy despacio por la zona dañada, emitiendo un resplandor dorado que baña su piel hasta dejarla en perfecto estado. Menos mal.

—¿Ves? Como nuevo.

—Ya lo irás controlando, lo importante es que ya tienes tu fuego, te dije que lo había visto. —Me había olvidado completamente de que ella aún seguía proyectada, así que me giro para mirarla de nuevo—. Ahora necesito hablar contigo, a solas.

—¿Por qué? —pregunta desconfiado Héctor. No le gusta nada la idea.

—Porque necesito contarle algo que solo le incumbe a ella. Tampoco tengo porqué darte más explicaciones. —Héctor pasa de la bruja y solo me mira a mí esperando que le haga una señal. No se mueve de su sitio hasta que asiento para que se vaya tranquilo.

—Si nos necesitas estaremos en el pasillo —dice mi tío justo antes de abandonar la sala tras Héctor.

—¿Y bien? Ya estamos solas, puedes contarme lo que sea.

—Un momento —mira a sus hermanas y empiezan a moverse en fila hasta desaparecer de la proyección—.

Cuanta menos gente lo sepa, mejor. El conjuro de seguimiento ya está terminado, en cuanto acabemos de hablar lo mandaré al despacho de tu tío.

Es un plano de la orden, una vez lo tengas entre tus manos se activará y un reguero de tu sangre te irá indicando el camino solo si el objeto está en movimiento mientras es transportado por su dueño.

Por eso, no te preocupes si no empieza a dibujarse al instante, además los conjuros no son una ciencia exacta, y cada uno funciona de manera diferente con los tiempos que necesite.

—Entiendo, gracias.

—Pero hay una cosa más, esto es un extra —me sonríe satisfecha por el trabajo realizado.

Es una bruja poderosa y le gusta dejar constancia de ello—.

Cuando el objeto esté cerca de la persona que lo haya usado, este se iluminará para que no queden dudas.

Y esto es una información que solo debes poseer tú —me advierte muy seria con la ceja levantada.

—¿Por qué te estás tomando tantas molestias?

—Querida esto no es ni por mí ni por ti. Es por todos, porque tú marcarás la diferencia. Recuérdalo. —Y sin más se esfuma y el cristal deja de brillar.

— Pensaba que solo el que establece la comunicación puede romperla.

—Por lo visto Celeste sabe cómo saltarse las normas —le contesto a la vocecilla que hay dentro de mi cabeza.

Ya no hay nada más que hacer aquí, así que recojo todo y me dirijo a la puerta. Efectivamente cuando asomo la cabeza, ahí están los dos esperándome en el pasillo.

—¿Cómo ha ido?

—Todo bien tío. Me ha dicho que iba a mandarte ahora el plano de la orden con el conjuro de seguimiento a tu despacho. Vamos para que pueda activarlo.

—De acuerdo. —Me coge la bandeja con los objetos que hemos utilizado para el ritual—. Ya me encargo yo de esto, tampoco queremos que te desmayes.

—Muy gracioso —obviamente no me hace mucha gracia ver la sangre que baña el filo del cuchillo, pero si no me he desplomado antes durante el ritual, creo que estoy fuera de peligro.

—No, ahora en serio, lo has hecho genial —y me espachurra con un brazo acercándome a su pecho y depositando un beso fugaz en mi frente, de una manera tan paternal, que no puedo evitar pensar en mi padre. Me gusta, así que le devuelvo el apretón antes de separarnos.

Cuando llegamos a su despacho el plano está en el suelo muy cerca de la chimenea. La bruja ha cumplido con todo. Me agacho para recogerlo y lo extiendo sobre la mesa de mi tío. Los tres nos quedamos mirándolo, pero de momento no ocurre nada.

—Tendremos que esperar. Celeste me ha advertido al respecto.

—Tarde o temprano acabaremos por encontrarlo y entonces espero que podamos obtener alguna respuesta —mi tío dobla el plano en cuatro y me lo ofrece—. Esto es tuyo, solo tú puedes custodiarlo. Guárdalo en un sitio seguro y mantenlo en secreto.

—¿Crees que es necesario?

—Toda precaución es poca. Y ahora a descansar, creo que ya hemos tenido suficientes emociones por hoy.

—Sí, debería dormir tres días seguidos ahora que puedo hacerlo sin morir en el intento. Espero —digo cruzando los dedos. Aunque confío bastante en la destreza de la bruja.

—Sobre eso, he pensado que podrías dormir en el cuarto de Enara. Será más seguro que no pases la noche sola.

—Entonces... ¿Noche de primas?

—Exacto —me mira sonriente y confirma—. Noche de primas.

Cuando giramos por el pasillo, esperamos a estar lo suficientemente alejados para que mi tío no pueda escucharnos.

—Nos vemos en diez minutos en el invernadero cuando me ocupe de esto —le digo ondeando el papel delante de su cara—. Avisa tú al resto.

Héctor asiente y sale disparado hacia el invernadero, mientras yo me apresuro a llegar a mi cuarto.

—¿Qué lugar sería el más seguro para mantener a salvo el mapa?

— Tengo una idea. Ve directamente a la biblioteca, tenemos que coger algo.

—Es muy loco esto de tener conversaciones con una misma —pienso en voz alta. Pero hago todo lo que me dice, de momento nunca me ha fallado—. Bien, ¿qué estamos buscando exactamente?

Una vez estoy delante de la Biblioteca, entro sigilosa como un gato, o como si fuera a cometer un delito.

—¿Y por qué parece que estoy a punto de atracar un banco? Tengo la sensación de que no debería estar aquí.

— Solo vas a coger algo prestado, no seas dramática.¡Mira! Justo ahí en la hornacina que tienes enfrente, el arca custodiae.

—¿Esto? —digo perpleja. Tengo entre mis manos una pequeña caja de metal austera que se abre con facilidad y que alberga una llave dentro—. ¿Para qué sirve?

— Mete el mapa en su interior y ciérrala con llave. La caja te permite esconderla en la chimenea sin que se envíe a ningún sitio. Y aunque alguien la encuentre no podría abrirla, solo tú tienes la llave.

—Perfecto, ¡me gusta como piensas!

Voy corriendo a mi cuarto como si me persiguiera el mismísimo diablo. Lo primero que hago nada más llegar, aparte de recuperar el aliento, es enganchar la llave en mi colgante. Prefiero llevarlo siempre encima.

El siguiente paso es encaminarme a la chimenea y buscar un hueco donde esconder la caja para que no quede a la vista. Palpo cada rincón buscando una abertura lo suficientemente grande como para introducirla, pero no hay suerte.

—¿Y ahora qué?

— Invisibilis oculis quaerentis. Dilo en voz alta mientras la depositas en un rincón de la chimenea. Quedará oculta ante los ojos del que quiera encontrarla.