7
L a sorpresa y el silencio flotan entre nosotros, hasta que Héctor pone en palabras lo que probablemente estemos pensando todos.
—Cómo has podido escucharla, es imposible. ¿Podría ser una trampa? —pregunta a nadie en particular.
—No sé si es una trampa, pero su miedo era muy real, te lo aseguro —no puedo dejar de temblar, así que me abrazo fuerte para intentar detener los espasmos involuntarios que sacuden mi cuerpo.
—Pero supuestamente ella no ha despertado, y por eso no podemos sentirla ni rastrearla —intenta entenderlo y darle algún sentido a lo que acaba de pasar, pero yo estoy rabiosa y no tengo la cabeza como para ponerme a analizar las cosas.
—Estoy harta de tanto misterio, de intentar entenderlo todo para resolver este rompecabezas. Solo quiero que vuelva ¡joder! —Enara aprieta mi mano en un vano intento de calmarme.
—Mejor salgamos del agua.
—¿No crees que debería intentarlo de nuevo, a ver si puede comunicarse conmigo otra vez? Quizá pueda decirme dónde está...
—¿Estás loca? —la vena protectora de Héctor salta como un resorte—. Al menos espérate al ritual de esta noche, no sabemos si es otra cosa la que está intentando llegar hasta a ti.
—¿Y si es ella y necesita mi ayuda ahora?
—¿Y si no lo es y te estás poniendo en peligro para nada? Si tan segura estás de que puede ser tu hermana, yo mismo te acompaño aquí esta noche después de pasar el ritual de la bruja.
—Y yo. Pero Héctor tiene razón, no puedes actuar por impulso, primero hay que pensar un poco las cosas.
—Vendremos todos —me sorprende que Edan secunde la idea, y que estén todos de acuerdo. Estoy agradecida de no ha cer esto sola. Hasta que abre su bocaza y estropea el momento—. Tampoco tenemos nada mejor que hacer...
—Vale, pero pase lo que pase con el ritual tanto si funciona como si no, vendré aquí y haré lo que tenga que hacer. Es mi hermana, y ella haría lo mismo por mí o incluso más —no dejo sitio a la discusión, así que nadie me contradice.
Nos ha cortado bastante el rollo a casi todos, pero por lo visto no hay nada que estrese a Edan o que le haga perder el apetito.
—¿Qué? Tengo hambre, estos músculos necesitan combustible.
—Eres increíble…
—Lo sé cariño —tira un beso en el aire a mi prima que ella simula esquivar deliberadamente—. Tú también deberías comer algo Estela, tienes que estar fuerte para el ritual. De nada le va a servir a tu hermana que mueras de inanición.
—Mira que yo soy bruta, pero tú te llevas la palma.
Que no sirva de precedente, pero, aunque no es la mejor manera de expresarlo, en eso lleva razón.
Deberías comer algo —lo dice como si le costara la vida admitir que está de acuerdo en algo con su ex.
Sin embargo, él sonríe encantado con su pequeña victoria.
Con la ayuda de Enara nos secamos. Al haber entrado a por mí, vestidos, han acabado como una sopa y la ropa les chorrea dejando pequeños charcos en el suelo. Y yo me visto rápidamente, porque soy la única que aún está con el culo al aire.
Nos sentamos alrededor de la cesta de picnic e intento ignorar que mi estómago se ha cerrado en banda como si alguien los estuviera estrujando, mientras picoteo algo sin mucho éxito.
Cuando es casi la hora, lo recogemos todo para dejar el invernadero tal y como nos lo hemos encontrado, y el grupo al completo nos dirigimos hacia la sala del renacimiento.
—Joder, parece que vayamos de entierro. Yo confío en el proceso, seguro que todo sale bien.
—Tú eres idiota Edan.
—No te lo tendré en cuenta porque entiendo que estás preocupada por tu prima.
—Preocupada o no, eres idiota y eso es un hecho.
Las pullitas vienen y van entre esos dos. Y aunque ya no estamos entre las llamas, después del baño de fuego sigo percibiendo a mis nuevos amigos, aunque no con la misma intensidad. Elio debe de haber levantado una barrera protectora porque de él no recibo absolutamente nada desde hace rato.
Y Estrella no puede estar más incómoda. Pasa de querer estirar de los pelos a Enara, a desear darle un bofetón a Edan en cuestión de segundos. Creo que estoy invadiendo demasiado su privacidad, pero sinceramente, no sé cómo pararlo.
Está celosa de la dinámica que llevan, porque en el fondo sabe que solo es un pasatiempo para él y que no tiene nada que hacer contra mi prima, y eso le duele porque también está pilladísima.
Me siento triste por ella o quizá sea su propia tristeza que se cuela en mi interior sin poder evitarlo, pero yo no puedo hacer nada al respecto, y jamás me metería en este cuadrado amoroso. Son cosas que tienen que solucionar ellos, desde luego yo tengo otros asuntos que atender.
Los seis nos detenemos ante la puerta, a estas alturas tengo la cabeza a punto de estallar por el batiburrillo de sentimientos y palabras que se apretujan en mi mente.
Los pensamientos de mi prima, Edan y Estella pelean por captar mi atención y se funde con los míos.
Ya no sé ni cómo me siento ni qué me pertenece.
Me tapo los oídos y suelto un resoplido frustrada.
—Chicos, agradezco vuestro apoyo y que me hayáis acompañado. Pero en serio, tenéis que marcharos ya o me estallará la cabeza en mil pedazos. No pretendo hacerlo, pero no dejo de escucharos aquí dentro —digo señalando a mi cabeza—. ¡Me vais a volver loca!
—¿En serio puedes percibirlo todo? —Edan no acaba de creérselo—. Dime en qué estoy pensando ahora mismo. —Una imagen muy gráfica digna de un perturbado hace aparición en mi mente.
—¿De verdad, no podías pensar en otra cosa? ¿Por qué estoy viendo una polla? Por favor, espero que no sea la tuya. Haz que desaparezca —ordeno. Él ni se inmuta y la imagen sigue flotando dentro de mi cabeza.
En cuestión de segundos empieza a ponerse rojo al intentar aguantarse la risa, pero no lo consigue. Sus carcajadas rompen el silencio sepulcral de los pasillos de la orden.
—¡Qué va a ser mía esa mini polla! Es la de Elio joder.
—Eres un cabrón mentiroso, tú jamás has visto mi polla.
—Ya bueno, eso dices tú, pero no niegas que sea pequeña...
—Lo que no niego es que eres subnormal profundo, ¿quieres que nos las midamos aquí y ahora?
—Vale, fuera por favor —y los empujo para que se muevan—. No puedo con esto y no quiero ver cómo sacáis el sable.
—Sí que querrías… —Edan por fin se mueve mientras sigue riéndose.
—Prima, avisadnos cuando terminéis —le propina un manotazo en el hombro a su ex que podría haberlo desmontado como a un Lego—. Cómo puedes ser tan idiota —sisea entre dientes.
—Yo también te quiero. Por cierto, Estela… —se gira un momento poniéndose un dedo en la sien.
—Gracias capullo —mi comisura derecha se levanta un poco, pero intento que no se note mi sonrisa mientras los veo marchar.
—¿Qué te ha dicho?
—Buena suerte capulla, y que sí le ha visto la polla a Elio. —Héctor también sonríe. Supongo que es el efecto Edan.
—¿Entramos ya?
Y antes de que pueda contestar, la puerta se abre ante nosotros. Suelto un largo suspiro, parece que ha llegado el momento. Quiero arrancar a caminar, pero es como si mis deportivas se hubieran pegado en el suelo y no pudiera dar ni un paso. Odio tener miedo, pero lo tengo.
Héctor me mira a los ojos dudando por un segundo y luego desliza su mirada hasta mi mano.
Sé perfectamente que le llega mi miedo y que no sabe cómo ayudarme.
Lo que no sabe es que estando a mi lado es suficiente, con eso ya me siento mejor, así que no espero a que se decida y lo haga.
Yo misma entrelazo nuestras manos justo antes de entrar en la sala vacía.
Hemos sido más que puntuales, mi tío aún tarda unos minutos en aparecer con una bandeja entre sus manos, portando el cristal para invocar a las brujas, un cuchillo dorado y una taza humeante.
Como la sala está desprovista de muebles, estamos sentados en el suelo con el cuerpo apoyado en una de sus paredes.
Enseguida nos ponemos en pie para recibirlo.
Mi tío está algo nervioso, aunque aparentemente intente evocar calma, es algo que no quisiera tener que hacer y menos sin que mis padres estén presentes. Está navegando en territorio desconocido y no sabe muy bien cómo va a acabar la cosa. Reconfortante.
Cruza rápidamente la sala hasta dejar la bandeja en el altar y coge la taza entre sus manos.
—Bien Estela, lo primero es lo primero. Antes de empezar tienes que tomarte esto.
La cojo sin decir palabra y miro el líquido ambarino que da vueltas como si alguien estuviera removiéndolo con una cuchara. Al menos huele como una infusión normal y no como si fuera un brebaje de brujas hecho con ojos de tritón y cola de lagartija.
Así que me lo bebo de un trago sin pensar y el líquido caliente resbala por mi garganta haciéndome cosquillas a su paso. Si tenía que sentir algo grandioso, no es el caso.
Héctor sigue pegado a la pared observando cada gesto que hago y mi tío ya ha colocado el cristal a los pies del altar para empezar el ritual.
—Llamemos a Celeste. —Asiento y respiro profundamente, allá vamos.
El cristal trae por segunda vez en este día a la bruja.
Su proyección astral ilumina un poco más la estancia, y esta vez su holograma no solo nos devuelve su imagen, sino que viene acompañada de once mujeres más.
Doce brujas en total convocadas a las doce de la noche, sin duda los números no pueden ser una coincidencia e imagino que será esencial para llevar a cabo el ritual.
—Hola de nuevo, aquí estamos preparadas para empezar —despliega sus brazos como queriendo abarcar a todas sus hermanas.
Más como una reafirmación de lo que acaba de decir que como una presentación—.
Escucha atentamente porque esto tiene que salir perfecto a la primera y no tenemos mucho tiempo para resolver dudas.
Cuando den las doce, mis hermanas y yo empezaremos con el ritual para atraer tu fuego. Justo en ese momento tú tendrás que hacer tu parte, necesito que estés concentrada y derrames tu sangre sobre el altar. Luego túmbate y espera a que hayamos concluido.
—¿Cómo sabré que habéis terminado?