La orden del fuego 6 #3
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Pero es que no puedo contener toda la información que me llega de golpe y que me aplasta como una avalancha.

Enara lo fulmina con la mirada, si hubiera podido echar fuego por los ojos ahora mismo estaría calcinado.

Elio a su hermana y ella a mí. Sus ojos oscuros y rasgados, igual que los de su hermano, impactan en los míos como una bofetada por hablar demasiado.

—Lo siento, pero es lo que percibo —intento excusarme. Pero no puedo evitar notar su interés mutuo. Aun así, me siento fatal por haber metido la pata—. Perdón, no sabía que era un secreto.

—Y no lo es, como dices es solo un lío —se apresura a aclarar restándole importancia.

Percibo la decepción de ella y la incomodidad que despide Edan. ¿Pero, por qué? Escarbo un poquito más… ¡Ahhh, ya veo! Quiere recuperarla; sigue pillado, pero no pierde el tiempo mientras espera.

—¿Sabes? —me acerco a él y se lo digo muy bajito—. Eso que esperas no pasará nunca si sigues así. Deja de comportarte como un cretino, espero que no te ofendas, es solo un consejo.

Él también lo pilla al vuelo cuando muevo la cabeza para señalar ligeramente a mi prima. Mi calificativo no le molesta en absoluto, es la típica persona que no distingue la delgada lí nea entre la sinceridad y la grosería. Está acostumbrado a decir cosas más inoportunas y mucho peores.

—Tú eres otro elemental claro —asiente confirmando lo que ya sabía.

—Bueno, yo creo que ya está bien de invadir la intimidad por hoy...

—¿De qué tienes miedo prima? —Esto empieza a resultar hasta divertido.

—¿Miedo, yo? —Intenta bloquearme, pero es imposible porque no tiene la barrera de un protector.

Va de dura, pero sigue súper colgada de él.

Tiene auténtico pavor de que le vuelva a hacer daño y por eso lo mantiene a raya.

¿Pero qué es lo que tiene este tío para que estén todos colgados de él, es que le sale cerveza de la chorra o qué?

Ahora camino despacio hacia ella dejando a mi espalda a Edan.

—Tienes razón, basta por hoy. —La cojo del cuello mientras nos vamos alejando de ellos y le susurro al oído cuando pienso que nadie más puede oírme—.

Tu secreto está a salvo conmigo, tranquila.

Pero si quieres, tengo una información que puede interesarte...

—Le sonrío enigmática. Aunque sospecho que el problema no es que no se quieran, el problema real es que Edan tiene amor para todo el mundo.

—Madre mía, no sé si quiero oírlo... Pero tía, ¿cómo puedes saber todo eso?

—Creo que tu fuego ha amplificado mis poderes de fénix que se están despertando. Si es que eso tiene algún sentido…

—Pinta que serás una protectora. ¿No crees?

—Quién sabe... —me encojo de hombros. Aunque creo que es la opción que menos me gustaría.

—¡Necesito comer algo! ¿Cenamos ya? —grita desde el otro lado del arroyo.

—¡Edan, eres un coñazo! Como ves, es como un niño caprichoso, que además está enamorado de sí mismo. Es un Narciso de manual. ¿Salimos?

—Id saliendo, yo iré enseguida. Déjame el fuego un rato más encendido por favor.

—No hay problema, pero no tardes o “Narciso” te dejará sin cenar —me advierte muy seria.

—Me quedo contigo —dice acercándose cuando mi prima ya está junto a la cesta de picnic con el resto—. Después de lo de la bañera no me hace gracia que te quedes aquí sola.

—No tienes que ser mi niñero, no va a pasarme nada. Además, puedes vigilarme mientras comes algo.

—No puedo evitar preocuparme por ti.

—Eso es porque lo llevas en los genes, eres un protector. Pero puedes estar tranquilo.

—Me preocuparía igual, aunque fuera un sanador o un elemental, creo que ya lo sabes.

—Su mirada me atraviesa como una descarga eléctrica mientras pronuncia cada una de esas palabras.

Muchas veces no es tanto lo que dice sino cómo lo dice—.

Te doy diez minutos como mucho, luego volveré a por ti y te sacaré del agua a rastras.

A veces me deja totalmente desconcertada, pienso mientras lo veo salir del agua. Mi mirada misteriosamente acaba aterrizando sin querer en su trasero perfectamente definido por la tela mojada que se adhiere a él como si fuera una segunda piel.

Como si se sintiera observado o estuviera siguiendo el hilo de mis pensamientos, gira su cabeza de repente mientras continúa caminando hacia el grupo. Pillada.

—No te cortes, disfruta de las vistas —no tiene ningún sentido negar la evidencia, así que prefiero vacilarle. Esa suele ser siempre mi táctica cuando una situación se descontrola un poco.

—La próxima vez ponte unos calzoncillos que no lleven agujeros chaval. —Para cuando termina de inspeccionarse la retaguardia, yo ya estoy muerta de la risa mientras desaparezco bajo el agua.

Cuando emerjo, me pongo a flotar relajada sobre el agua rodeada de llamas. La paz que siento aquí es indescriptible. Me permito cerrar por un momento los ojos, siendo consciente de que no me la puedo jugar permaneciendo demasiado tiempo así.

Tengo amortiguados los oídos por el agua y apenas escucho el alboroto que están montando a unos metros de distancia. Es como si estuviera en una cápsula de privación sensorial.

Entonces la oigo muy lejos de mí, como si tuviera que atravesar un millón de barreras hasta poder alcanzarme. Es una súplica desgarradora y angustiosa que me parte el alma, pero a pesar de la distancia y de su voz totalmente rota, puedo reconocerla al instante.

Me revuelvo en el agua y me pongo en pie de un salto con el corazón en la garganta latiendo de manera atronadora y se me escapa un jadeo antes de taparme la boca con las manos.

—¿Qué sucede? —Al segundo todos están en pie y tengo a mi prima y a Héctor a mi lado que me miran muy preocupados.

—He escuchado su voz y he sentido su miedo —unas lágrimas resbalan libres por mis mejillas. Solo me doy cuenta de que he empezado a llorar cuando Héctor me las limpia con su pulgar, y su contacto me devuelve repentinamente a la realidad—. Era Candela, no tengo dudas.

—¿Y qué te ha dicho? —Tardo más de lo necesario en contestar a Enara.

— Estela, ayúdame por favor .