La orden del fuego 6 #2
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—Hostia qué duro, ¿y eso quién lo dice?

—La orden. Y no es una sugerencia… —Pues menuda puta mierda. Lo pienso, pero no lo digo. Supongo que hay muchas normas que me quedan aún por conocer—. ¿Y a ti qué clase de fénix te gustaría ser?

—Eso es una pregunta que no he querido hacerme.

Prefiero no crear ninguna expectativa al respecto, lo que tenga que ser será, qué más da lo que yo prefiera...

Por preferir lo mejor sería no ser un fénix y que mi hermana estuviera aquí —noto otro pinchacito en el pecho, que me roba un poco más de aire.

—Lo entiendo, aunque sería una pena... —hace una pequeña pausa, en la que yo espero que continúe desconcertada mientras él desvía la mirada.

Por lo visto debe haber algo muy interesante en los cordones de sus botas, donde tiene clavados sus ojos ahora mismo—.

Porque al final... Bueno... No nos habríamos conocido.

—Ahh eso... Quién sabe, igual hasta en mejores circunstancias —sonrío porque sería bonito una alternativa menos complicada—. Quizá podríamos haber coincidido en el cine viendo Harry Potter —me mofo de él.

—Lo dudo. Humanos y fénix no se pueden mezclar, está prohibido. Ya sabes, compartimos planeta tierra, pero nada más. Somos como el aceite y el agua, no hacemos buena combinación. Demasiadas cosas extrañas que explicar, debemos mantener en secreto el mundo sobrenatural a ojos de los humanos.

—¿Prohibido? —Asiente lentamente.

—Por lo menos si decides vivir en la orden con todas las normas que eso conlleva.

Es decir, si lo dices por tus amigos, y quieres despedirte para no desaparecer de repente y que se preocupen, obviamente puedes hacerlo y creo que es lo mejor.

Pero al final, tendrás que decirles adiós definitivamente porque no podrás verlos.

Sería muy raro con el paso del tiempo explicar ciertas cosas…

ya me entiendes. —Ok. Cualquier esperanza de mantener el contacto con mi vida anterior se esfuma, aunque en cierta manera ya lo suponía y creo que contaba con ello.

Ser fénix me está quitando muchas cosas. Como empiezo a ponerme triste de nuevo y no quiero que lo note, cambio radicalmente de tema.

—Y bien instructor, ¿qué vamos a hacer hasta la hora de las brujas para mantenerme viva, y distraer mi cabeza de pensamientos oscuros y de rituales de sangre aterradores?

—Como siempre me he adelantado, Estela. Están a punto de llegar. —Otra vez esa cara de suficiencia, tan mono a veces y tan inaguantable otras.

—¿Quién? ¿Y cuándo lo has organizado?

—¿Se te olvida que estamos conectados y nos podemos comunicar?

—Tío, sois tan raros, ¿no sería más fácil tener un móvil con cobertura sobrenatural?

—¿Para que puedan espiar nuestras conversaciones? No gracias, eso es cosa de humanos —se burla.

Lo que iba a responder se queda olvidado en la punta de mi lengua, en cuanto un ruidoso grupito entra en el invernadero revoloteando como pajaritos enormes. En serio, creo que no voy a acostumbrarme nunca a todo esto. Es tan raro y tan alucinante a la vez…

—¡Traigo la comida! —Enara levanta una cesta de picnic enorme y la balancea sobre su cabeza, luego la lanza justo a nuestros pies mientras aterriza.

—¡Y yo la bebida! —dice el chico moreno de pelo largo.

Por lo visto se puede seguir siendo amigos después de una ruptura y de unas cejas chamuscadas.

Pero lo que realmente llama mi atención es, por qué vienen cargados con todo eso cuando pueden hacerlo aparecer mágicamente.

No hago ningún comentario al respecto claro, no seré yo quien no agradezca un poco de normalidad.

—Hola, soy Edan —me dice una vez posa los pies en el suelo.

—Imagino que sobra que me presente.

—A estas alturas estamos todos al día, de tu nombre y de tu situación. Yo soy Estrella y este es mi hermano Elio.

—Hola Estela, encantado. —Elio parece majo, pero poco hablador. Apostaría que también es un protector. Tiene ese halo de chico torturado que sufre en silencio.

—Encantada —le doy dos besos igual que al resto—. ¿Mi situación, a qué te refieres?

—Ya sabes... tu familia, la sombra nocturna, el peligro de muerte que te acecha...

—¡Cierra el pico Estrella! Mira que te gusta hablar de más… —bufa Enara—. ¿Y ella está al tanto de la situación? —se dirige por lo bajini a Héctor.

—Lo está.

—Sí, prima —sonríe ampliamente. Enara no parece la clase de chica que te daría un abrazo cariñoso, creo que esa sonrisa es lo más parecido a uno.

—¡Ya era hora! —me pega una palmada en la espalda que me deja temblando.

Dios qué fuerza tiene esta chica—. Sol se va a poner súper contenta.

Y no te enfades con Héctor, aunque somos su pandilla —dice arrastrando con intención cada sílaba—, no nos ha contado nada el muy cabrón.

He sido yo, que no he podido evitar escucharlo tras la puerta del despacho de mi padre.

—Querrás decir que no has querido evitarlo, otra cotilla.

—¡No lo soy! —le gruñe, pero Héctor ni pestañea—. Solo me gusta estar informada de todo lo que pasa en la orden. No es un delito.

—¿Escuchar tras las puertas e invadir la intimidad no está penado por ley? Pues que blanditos son en esta orden. —Enara suelta una carcajada por respuesta.

—Perfecto, y ahora que ya está todo dicho y las presentaciones hechas, ¿qué os parece un bañito antes de la cena? —No espera nuestra respuesta y se quita lentamente su camiseta como si estuviera rodando un anuncio de perfume. Y Luego, se recoge su larga melena en un moño.

Juro solemnemente que nunca antes un moño despeinado le había sentado tan bien a nadie. ¿Es cosa de Fénix rozar la perfección y tener abdominales hiper marcados hasta en los párpados? Debe ser porque siempre están entrenando…

—Qué pesado, nadie quiere ver tus pectorales. Siempre utiliza la mínima excusa para desnudarse —me aclara.

—Ya, pues antes no decías eso —y le guiña un ojo mientras se saca las botas tipo militar y se quita los pantalones en un visto y no visto—. ¿Vamos? —Ni Enara ni los demás necesitan más invitación que esa para empezar a quitarse la ropa.

—¿Estáis locos? Pero si está helada.

—Ahora verás cómo lo hacemos aquí. Ignis Illusorius —Enara se concentra y envía una llamarada hacia el arroyo que se prende como si fuera una vela. Las llamas danzan en la superficie del agua iluminando la noche. Es una pasada.

—Ya sé que me repito como un ajo, pero... ¿Cómo es eso posible? —digo señalando a las llamas que no llegan a extinguirse nunca.

—Prima, aquí todo es posible. —Sin más, los cuatro recién llegados se lanzan veloces hacia el arroyo.

—¿Vienes? Rodeada de fuego estarás protegida según ha dicho Celeste.

—Él ya no lleva nada encima, solo unos bóxers que no dejan lugar a la imaginación.

Empiezo a tener un poco de calor, y sospecho que tiene que ver más con las hormonas revolucionadas de fénix adolescente, que a la fogata que acaba de hacer mi prima.

Desvío oportunamente la mirada hacia los cuatro que ya están riendo y tirándose agua entre ellos. Un poco de diversión no me matará ¿no?

—Pues en ese caso, habrá que probarlo —total, ya me ha visto desnuda, es inútil tener vergüenza. Así que me quedo en tanga y sujetador y corro hacia el agua.

Si no fuera porque tengo muy presente que Héctor puede estar viendo una panorámica de mi enorme trasero, me lo hubiera pensado dos veces antes de entrar tan rápido.

De cerca, con las altas llamas, da un poquito de impresión.

Pero en realidad es muy agradable el contacto del fuego en mi piel, y además el agua ahora está caliente como en un spa.

Miro incrédula mis manos entre las llamas, recuerdo perfectamente mi entrenamiento con Enara y el impacto de sus llamaradas eran de todo menos agradables.

—No te comas mucho el coco prima, es solo un conjuro. Nuestro fuego no tiene por qué hacer daño siempre. A veces regenera, a veces calienta o nos da energía.

La verdad es que ahora entre el fuego siento una extraña paz y una conexión más fuerte con todos los que están dentro. Es como si el fuego fuera unión y a la vez conductor de sensaciones y de sentimientos, veo más claro cuáles son sus poderes. Puedo sentirlos.

—Vale, esto es súper raro —me hormiguean las puntas de los dedos y se me pone la piel de gallina.

—¿Él qué? —pregunta Elio justo detrás de mí.

Me giro para mirarle a los ojos y no tengo dudas.

Siento su curiosidad, la necesidad de saber más sobre mí y catalogarme.

Tiene esa mirada de quien necesita que todo encaje en su sitio, y yo soy la pieza que no consigue colocar.

Está muy desconcertado conmigo… Solo quiere algunas respuestas.

—Mi primera impresión había sido buena, eres un protector.

Tienes curiosidad por saber qué clase de fénix voy a ser, noto como intentas conectar conmigo para saber más.

Y tu frustración al no tener respuesta. También noto otras cosas…

—voy bajando la voz poco a poco mientras me va llegando la información.

Desvío mi mirada hacia Edan disimuladamente para que el resto no se percate, es obvio que lo pilla al vuelo.

No puedo culparle por estar colgado de esos abdominales de acero y de su melena Pantene.

Supongo que ya lo sabe, pero él no está interesado en absoluto.

Su expresión no deja entrever nada, ahora solo puedo notar como me bloquea la entrada.

Pero intuyo perfectamente que no es un tema del que le apetezca hablar, y menos con público o con una total desconocida.

—Flipa. ¿Qué más notas, prima? —Me concentro un poco más y aunque ella es la que se encuentra más lejos, eso no impide que escuche a su fénix alto y claro.

—Tú eres sanadora Estrella. —Por su cara de sorpresa veo que he acertado. Ups, ahora entiendo por qué su hermano está mosqueado con ella—. ¡Edan y tú estáis liados! —suelto sin pensar, tapándome la boca.