La orden del fuego 6
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H éctor tira de mi brazo y empieza a apretar el paso hasta acabar corriendo.

Ya en marcha, me agarra fuerte de la cintura y echamos a volar por los pasillos de la orden.

Esta vez, aunque también me pilla desprevenida, mi cuerpo reacciona de otra manera.

Ya no hay miedo, la sensación es más bien de euforia.

Y cuando termina el rápido viaje por los techos de los largos corredores mientras sorteamos a otros fénix, descubro para mi sorpresa que me he quedado con ganas de más.

Definitivamente algo está cambiando dentro de mí.

—Esto creo que te va a flipar —me dice muy seguro delante de un portón antiguo de doble hoja, hecho de madera de teca con herrajes de hierro forjado.

Yo aún estoy recuperando el aliento por el vuelo cuando empiezan a abrirse, y me dejan ir explorando poco a poco su interior.

—Guau... Es… es brutal —eso es lo único que alcanzo a decir. Jamás he visto nada parecido, y lo más increíble de todo es que este lugar está bajo tierra—. ¿Cómo es posible? Es decir, ya soy consciente de que está alterado con magia, pero aun así...

—Es mi lugar preferido de toda la orden. Anda pasa —me arrastra hacia dentro mientras me sonríe de oreja a oreja. Las paredes de piedra han sido sustituidas por una vasta cúpula de cristal que se extiende hasta donde alcanza mi visión.

—¿Esto tiene fin? Es enorme...

—Es grande pero cuidado, porque las paredes de piedra, aunque no sean visibles están, y más cerca de lo que parece a primera vista. No hay tanta extensión como el glamour nos quiere hacer creer.

—Dime la verdad, alguno ha volado por el invernadero y se ha aplastado contra la pared. ¿A qué sí?

—Más de una vez, yo por ejemplo cuando era un renacido.

—¡Ja! Eso me hubiera gustado verlo… Don perfecto comiéndose el muro —le intento picar, pero no entra al trapo.

—No sabía que pensabas que era perfecto… —finge absoluta sorpresa burlándose de mí. Mi broma no ha salido como esperaba. Un hechizo para desintegrarme me vendría al pelo ahora mismo.

Dentro del invernadero las plantas crecen desmesuradamente extendiéndose en espirales y curvas elegantes de manera ordenada pero salvaje, es como si danzaran al ritmo de una música inaudible.

Inexplicablemente, como todo en este lugar, hay un pequeño arroyo que lo atraviesa por completo y llena la estancia con su murmullo.

En el centro del invernadero, muy cerca del arroyo, hay un árbol enorme en tonos rojizos cuyas ramas se extienden hacia el techo de cristal y que parece ser el corazón de este lugar.

—Ese árbol es lo que mantiene vivo todo. Aquí podemos plantar o cultivar cualquier cosa. Pero aún no has visto lo mejor. Nocturnus .

Y de repente el atardecer se convierte en noche cerrada, tan oscura que las pequeñas estrellas llenan el cielo y las plantas bioluminiscentes brillan como si estuviéramos en Pandora.

—Normalmente dejamos que cambie con el curso natural de las horas del día, pero mola bastante poder manejarlo a tu antojo.

—Joder esto es… —me deja sin aliento y también sin palabras.

—Estela esa boca… —Cuando me doy cuenta tiene sus ojos fijos en mis labios, de una manera tan intensa que me pone hasta nerviosa.

Confío que con la nocturnidad que hay a mi alrededor no pueda ver que se me han encendido las mejillas.

Pero solo un poco, y porque me siento intimidada con su escrutinio inesperado.

Detesto que tenga ese efecto en mí y que no pueda controlarlo.

Siento la necesidad de disimular y deambulo por el invernadero abriendo más el espacio que hay entre nosotros y a la vez curioseando cada planta que me encuentro. Aquí debe de haber especímenes que los humanos desconocen por completo.

Quiero tocar el agua del arroyo y el árbol, pero para eso tengo que andar un buen trecho.

Cuando por fin meto la mano dentro del agua, está helada, así que la retiro de inmediato.

Y no puedo evitar preguntarme si puede llegar a ser una zona de baño y ocio para ellos, como quién va a refrescarse y a pasar el rato en la playa.

Aunque no sé quién carajos tendría los ovarios de meterse aquí dentro, seguro que se te congelan hasta las ideas.

Cuando pongo la palma de mi mano sobre el tronco rojizo y rugoso del árbol me sorprendo, porque percibo dos cosas totalmente distintas.

Por un lado, siento la energía que fluye a través de él y que da vida a todo lo que hay a nuestro alrededor.

Sin duda es el corazón que bombea la magia para que todo funcione a la perfección.

Pero, por otro lado, es como si de alguna manera también emanara peligro y pudiera ser dañino de un modo que desconozco.

A Héctor no le pasa desapercibida mi sorpresa.

—¿Qué has notado?

—Noto su inmenso poder. Igual no tiene sentido, pero... ¿Es posible que pueda dar vida y también quitarla? Me envía señales contradictorias. —Héctor se acerca y posa también su mano muy cerca de la mía.

—¿De verdad? Yo solo percibo su naturaleza mágica y el poder de crear y mantener la vida.

—Igual tengo la percepción atrofiada. —Me mira muy serio justo antes de pronunciarse.

—Todo lo contrario, creo que la tienes amplificada y puedes percibir más cosas que los demás. Si esto es así sin terminar tu conversión a fénix ¿qué podrás hacer cuando hayas completado la transición? —Y no sé muy bien si lo dice desde la admiración o el miedo.

Eso hace que me sienta como un bicho raro incluso dentro de este extraño mundo sobrenatural, y como acto reflejo sin darme cuenta me encojo y agacho la cabeza avergonzada. Pero él me coge delicadamente del mentón y me obliga a mirarle a los ojos.

—No hagas eso, no sientas miedo ni vergüenza de ser lo que eres.

—¿Y qué se supone que soy?

—Pues está claro que un ser extraordinario. ¿A qué nivel? Eso ya lo iremos descubriendo... Juntos. —Se crea un silencio repentino entre nosotros y nos quedamos sin saber muy bien cómo actuar. Finalmente, para romper este momento extraño, acaba por palmear mi mano y alejarse un poco.

¿Qué acaba de pasar y cómo me siento al respecto?

Respiro hondo, cualquier sentimiento desconocido que pulule por mi cuerpo lo guardo en una cajita bajo llave.

Ya tendré tiempo de diseccionarlo cuando esté a solas.

No puedo bajar la guardia ante un fénix que tiene el poder de percibirlo todo. Qué incómodo.

—Oye... me acaba de surgir una duda respecto a los poderes de un protector.

—Dispara —dice mientras se vuelve a mirarme. Me distraigo por un segundo fascinada con el movimiento sutil de unas enormes flores que están justo detrás de él y giran buscando el árbol mágico como si fueran girasoles persiguiendo al astro.

—Dijiste que puedes percibirlo todo, pero que no puedes entrar en la mente de alguien si no te invita a entrar. ¿Cómo funciona eso?

—Bueno, técnicamente podemos percibir los sentimientos y leer la mente de cualquier ser, obviamente según nuestro nivel de conexión con la otra persona podemos leerla completamente o no. Pero no lo hacemos por respeto y privacidad. Es una norma de la orden.

Al principio cuando recibes tus poderes cuesta mucho, pero aprendes a bloquear sus pensamientos, solo abrimos esa puerta si nos dejan entrar.

Lo de los sentimientos, eso sí es imposible manejarlo, te asaltan constantemente.

Son como bofetadas. Cuanto más alterada esté la persona, más te llega su frecuencia.

Si le duele, a ti también te duele. Si está contento tú también lo estás, aunque no tengas motivos.

—Tiene que ser muy extraño...

—Te acostumbras. Lo bueno que tienen mis poderes, es que puedes crearte tu propio campo de protección para que nadie pueda percibirte si no quieres. Por mucho que estemos conectados siempre podemos poner barreras —sonríe, pero en realidad es una sonrisa triste.

Creo que para él sus poderes son una carga. Y no me extraña, si lo más destacable es que puede aislarse del resto… Debe ser una lucha constante entre la soledad y la intromisión de los sentimientos ajenos. Una paradoja complicada que desafía toda lógica.

—¿Y cómo lo haces para no perderte entre los sentimientos de las demás personas?

—No siempre lo consigues, lo importante es saber reconocer y separar los tuyos del resto.

A veces si tienes la guardia baja no te das cuenta y mientras duermes o estás distraído, se van filtrando poco a poco sensaciones que no son tuyas.

Para cuando te das cuenta estás triste, enfadado o asustado por un motivo que desconoces…

Luego, enseguida sabes distinguir de dónde proceden esos sentimientos y a quién pertenecen. Pero imagínate eso en una habitación llena de gente con sus inseguridades, sus miedos o su angustia...

—Eso suena cero divertido.

—Lo es. Casi tanto como tener una diarrea explosiva repentina. —No puedo evitar reírme con su comentario, aunque sea una putada.

—Ajá, pero confiesa... No todo puede ser tan malo. Cuando recibiste tus poderes, escucharías un montón de cosas sin querer… —le digo levantando las cejas arriba y abajo—. Seguro que interceptaste algún chisme jugoso.

—Pues verás cotilla, los primeros años un fénix protector vive bajo un conjuro de cancelación de ruido hasta que aprende a manejarse. Se cargan la única parte divertida —se muerde el labio, conteniendo una sonrisa cómplice—. Escribe a tu ministerio de magia para quejarte.

—¡¿Cómo?! Menudos aguafiestas...

—Aunque piénsalo bien, seguro que hay cosas que es mejor no saber.

—Me da un golpecito en la frente con un dedo.

Al final tengo que darle la razón, porque me paro a pensar y…

¿quién querría saber los secretos obscenos de sus padres o los pensamientos negativos que puedan tener los compañeros de clase, a los que ves todos los días, sobre ti?

—Sí, supongo que es mejor así. ¿Y no puedes seguir bloqueando parte de tu poder con un conjuro?

—Eres lo que eres y tienes que aprender a vivir con ello. Una cosa es que no sepas manejar tus poderes, pero cuando pasas esa fase tienes que asumir tu nueva circunstancia.