5 #3
Apoyo mi cabeza en la butaca mirando hacia el techo.
Me pierdo por un momento en los dibujos que forman parte del intrincado techo de madera e intento relajarme.
Puedo reconocer a la perfección la figura del fénix en la parte central que une las diferentes escenas, algunas de ellas de guerra.
Y alrededor de la figura alada, hay una serie de flores que emergen enmarcándolo.
De repente la visión de una flor de un color anaranjado brillante asalta mi mente. Calendula officinalis me aclara esa vocecita interior.
—¿Ahora te ha dado por la jardinería? Me siento como una loca hablando contigo o… ¿conmigo?
— La caléndula está asociada con los poderes de un fénix por sus propiedades sanadoras, protectoras, purificantes y revitalizadoras. Su néctar sirve para potenciar poderes y renovar la energía mágica. Si te lo tomas esta noche, ayudará a fortalecer tu conexión con el elemento del fuego.
—¿Y por qué no lo has dicho antes? Joder...
—¿Todo bien Estela? —Mi tío y Héctor habían entrado sin que me diera cuenta, y ahora estaban mirándome con la intensidad de quién intenta descifrar cómo resolver un cubo de rubik.
—No estoy majara ¿vale? —Primero miro directamente a mi tío respondiendo a su pregunta y luego a Héctor antes de dejar claro el asunto. No quiero que piensen ni por un segundo que he perdido la cabeza—. Tengo conexión directa con mi fénix y ahora ya no se calla. ¿Tenemos caléndulas en la orden?
—Por supuesto, tenemos una plantación enorme entre otras plantas con propiedades mágicas. Entiendo por dónde va, es una de las alternativas que estaba barajando. Creo que puede ser una buena opción para ayudarte a dejar aflorar tu fuego.
—Toda ayuda es poca, pues nada… Camarero, una ración de caléndulas para esta noche —bromeo. Aunque en este momento no tenga ningunas ganas de reírme.
Mi tío procede a ponerme la gomita para la extracción.
Tenía la esperanza de que hubiera un conjuro o una forma mágica más fácil de hacerlo, pero no.
Así que giro la cabeza porque la visión de la sangre suele marearme un poco.
Menuda “guerrera” de pacotilla, estoy yo como para luchar contra el mal si una gota de sangre puede tumbarme de una.
En cuanto aparto la vista, Héctor se acerca y me coge con fuerza la otra mano.
Por lo general parecer débil me pone de mala hostia y en otra situación lo hubiera apartado de un manotazo, pero hoy lo necesito, y su contacto me reconforta.
Me hace falta un poco de tranquilidad dentro de este caos y Héctor es la primera persona en la que he aprendido a confiar por aquí.
Las habilidades de enfermero de mi tío me sorprenden porque no he sentido absolutamente nada y ha sido muy rápido, de hecho, incluso me siento mejor. Luego recuerdo la conversación con Sol y entiendo que al ser un sanador ha utilizado su poder para eliminar el dolor.
—Gracias, ojalá me hubieras hecho tú todas las analíticas de mi vida. —Héctor sigue cogiéndome de la mano a pesar de que ya hemos terminado—. Y a ti también, ya puedes devolvérmela si quieres.
Enseguida se suelta y se aleja un poco pasándose la mano por el pelo. Me hace mucha gracia cuando consigo alterarle un poco. En general se le ve siempre muy seguro de sí mismo y pocas veces se permite bajar la guardia. En esto último nos parecemos bastante.
—Bien, yo me encargo de preparar la infusión para esta noche. Descansa lo que puedas, Héctor te recogerá treinta minutos antes de la hora acordada para el conjuro y nos reuniremos en la sala del renacimiento. Todo saldrá bien, ya lo verás.
No estoy muy segura de eso, pero asiento igualmente.
Luego mi tío nos da la espalda y se acerca a la chimenea para mandar los viales a través del fuego, que desaparecen una vez han recibido la orden de llegar hasta Celeste.
Ríete tú de las empresas de envío express.
Amazon mataría por tener unas chimeneas como esta.
Cuando ya estamos fuera de su despacho, Héctor y yo andamos en dirección a mi habitación. Pero no me apetece encerrarme entre esas cuatro paredes y mucho menos quedarme sola.
—No quiero volver a mi cuarto —le digo parándome en seco—. ¿Podemos hacer otra cosa para mantener distraída mi cabeza?
—Claro, sé exactamente dónde podemos ir —sonríe mientras lo dice y se le iluminan un poco los ojos. A saber qué tiene pensado—. Por cierto, sobre el tema de comunicarte con alguien del exterior, ya has visto lo sencillo que es.
Lo único que tienes que tener en cuenta, si es para un mortal, es que no puedes revelar nada ni de la orden ni del mundo sobrenatural o la carta se autodestruirá automáticamente.
Y tendrás que poner una dirección específica de vuelta para que puedan escribirte. Te la anotaré en un papel y llegarán directamente a tu habitación.
—Gracias, creo que me vendrá bien un poco de normalidad, aunque sé que no puedo aferrarme a mi vida anterior. Pero me gustaría cerrar capítulos y despedirme de varias personas.
—Decir adiós a la gente a la que quieres es bastante chungo, mucho peor que una analítica —comenta triste a pesar de su pobre intento de broma. Parece que lo dice por experiencia propia, pero no me atrevo a preguntar.
—Ya te digo —suspiro—… Bueno ¿me vas a decir a dónde vamos?
—Espera y verás, señorita impaciente.