4 #2
—Bien, ya han llegado los refuerzos. Esto será divertido.
—Su sonrisa felina me eriza los pelillos de la nuca, todo en ella grita peligro.
Pero lo más perturbador son sus ojos de un marrón rojizo fuera de lo común—.
Enara —se presenta—. Lo sé, muy original por parte de mis padres. Como todos los nombres de por aquí.
—Ehm... Estela.
—También lo sé, eres la novedad ¿recuerdas?
—Y me guiña un ojo—. Puedes salir de la orden, pero la orden no puede salir de ti.
Tus padres han seguido con la misma tradición —se ríe.
Como viene siendo habitual no entiendo nada.
Es difícil seguirle el paso a este nuevo mundo—.
¿No es obvio? Al final todo está relacionado con lo mismo.
Enara significa luz, renovación. Héctor —lo señala—, defensor del fuego.
Lide; Luz, resplandor. Estela, Candela... ¿Lo pillas?
—Joder... tenéis un sentido del humor bastante peculiar por aquí.
—Qué puedo decir, ya se ha convertido en un juego para nosotros... Y bien, ¿cómo lo hacemos Héctor? ¿Hasta dónde la puedo chamuscar? —se cruje los dedos—. Estoy deseando empezar.
—No te emociones, se trata de entrenar su agilidad para que aprenda a esquivar ataques, no de que la envíes a la sala del renacimiento de nuevo. Así que mucho cuidado Enara —le advierte con una ceja levantada.
—Oh, qué aburrido… —hace un puchero.
—Disculpad, ¡¿hola!?... No pienso enfrentarme a una elemental pirada sin mis dones. No estamos en igualdad de condiciones… Una cosa es recibir un guantazo, pero esto ni de coña.
—Me gusta esta chica —se dirige a Héctor y luego a mí—. Solo por eso, prometo aflojar un poco. ¡Corre!
Pero no me da tiempo a reaccionar, mientras Héctor sale volando hacia el techo del gimnasio para no interferir en nuestro entrenamiento, Enara me lanza una bola de fuego que impacta directamente en mi pie derecho y me hace caer.
El dolor me deja atontada por un segundo, pero noto que enseguida se empieza desvanecer como si se estuviera curando.
Por lo visto los fénix nos regeneramos más rápido de lo que pensaba.
Aunque no hayan despertado todos mis dones, algunos sí que funcionan.
—¡Tienes que ser más rápida Estela! —se jacta mientras empieza a juntar sus manos para crear un nuevo ataque.
—¿No me digas? Gracias, no se me había ocurrido. —Me lanza otra bola directa a la cara y ruedo sobre el suelo para evitarla, pero sigo sin ser lo suficientemente rápida.
—Vaya creo que he mejorado tu peinado, ¡de nada! —Me sale humo del pelo, parece que me ha achicharrado las puntas. Por lo menos me ha recortado dos centímetros de pelo.
—Vale, seguro que tú eres la de las cejas —sentencio. No tengo pruebas, pero tampoco dudas; está disfrutando demasiado con esto, la muy sádica.
—Me encanta que hablen de mí. Para mañana tendrán otra bonita historia que contar...
—Seguro que sí...
Entonces despliega sus alas y cae en picado sobre mí para intentar abrazarme con ellas, y aunque yo ya estoy de pie corriendo hacia el otro extremo del gimnasio, sé que no puedo huir todo el tiempo, necesito encontrar una forma de defenderme ya que mi fénix interior no está por la labor.
La adrenalina hace que me concentre y agudice todos mis sentidos, conectando con mi entorno mientras sigo esquivando llamaradas y bolas de fuego que impactan cerca o me alcanzan en los brazos y en la parte posterior de las piernas.
Y dios cómo pican... La muy puñetera tiene buena puntería.
Eso y que soy un blanco demasiado fácil.
Pero entonces la veo, y no puedo evitar sonreír y felicitarme por tener la capacidad de pensar incluso bajo estas condiciones. Quizá pueda hacer como con la bañera en mi primer día en la orden. Vale la pena intentarlo.
Me concentro en la fuente que hay en la esquina norte del gimnasio, si puedo verla, quizá pueda atraer su agua hacia Enara. Es ahora o nunca, defenderse o salir de aquí sin pelo. Y a mí nunca se me ha dado bien perder, así que voy a por todas.
Paro en seco para visualizar en mi mente como se arranca la fuente del suelo, dejando salir un chorro descomunal que caerá sobre ella apagando su fuego, y que la arrastrará por todo el suelo del gimnasio hasta aplastarla contra la pared.
Dejándola finalmente fuera de juego. Lo veo tan nítido en mi mente, que no me sorprende cuando por fin abro los ojos y veo que la escena se dibuja en la realidad tal cual lo había imaginado. Brutal.
Héctor desciende del techo y corre hacia ella para ayudarla a ponerse en pie.
Para mí ha sido grandioso, pero para ella solo ha sido una ducha rápida.
Incómoda vale, pero si quisiera, podría convertirme en una antorcha humana ahora mismo.
En lugar de eso, se escurre su larga coleta de caballo y me sonríe.
—Bien hecho renacida, utilizando los recursos que tienes a tu alcance. —De repente entra en combustión y cuando termina está totalmente seca.
—Sí, pero, ¿era necesario inundar el gimnasio? —Miro a mi alrededor, la que has liao pollito …
—Pues claro que era necesario, joder; me estaba achicharrando viva. —En realidad Héctor también está orgulloso, puedo verlo claramente en su cara por más que intente disimularlo frunciendo el ceño.
De nuevo me concentro e intento canalizar mis pensamientos hacia la fuente para que se hagan realidad mis deseos. Igual si puedo arrancarla del suelo también puedo volverla a colocar. ¿No?
En la teoría mola, en la práctica no tanto, porque no lo consigo y el agua sigue saliendo a chorros. Se ve que tengo que estar muy motivada para que funcione.
—Déjalo, anda, yo arreglo tu desastre. El entrenamiento ha terminado por hoy, puedes irte a no ser que quieras hacer unos largos antes de que saque toda esta agua de aquí.
—No, gracias —le sonrío divertida y me despido antes de que cambie de opinión y me haga achicar toda el agua sin magia—. Nos vemos mañana a la misma hora. Adiós instructor.
—¡Adiós Héctor! Esto habrá que repetirlo —no sé si se lo dice a él, a mí o a los dos...
—Claro, a mí me encanta que me quemen viva... Podríamos programarlo para hacerlo todas las tardes —evidentemente es ironía y lo digo de broma, pero parece que a ella le gusta la idea.
Enara me acompaña un tramo hasta que nuestros caminos se bifurcan y yo me desvío hacia mi cuarto. Lo dije en el comedor sin conocerla cuando Sol me contó la historia y lo repito hoy, esta chica es muy cañera, me cae bien.
—No te preocupes, ya saldrán —me dice antes de que pueda desaparecer por el pasillo.
—¿El qué?
—Tus dones de fénix, están por ahí dentro. Eso seguro.
—Vosotros podéis controlarlos nada más renacéis por primera vez, ¿verdad?
—Más o menos, es decir no es que los domines del todo, vamos perfeccionando nuestra técnica poco a poco, pero sí podemos acceder a nuestros poderes.
Prender fuego a algo o a alguien sin querer cuando pierdes el control…
—Se ríe, supongo que imaginando alguna historia divertida—.
Por ahí hemos pasado todos los elementales.
—Pero lo de las cejas fue a propósito… —no puedo evitar sonreír.
—Totalmente, y lo volvería a hacer. Nunca engañes a una elemental —y me guiña un ojo, antes de despedirse y seguir su camino—. Nos vemos, renacida.
—¡Nos vemos!
Tomo nota, será mejor no cabrear a nadie por lo menos hasta que pueda defenderme.
En cuanto llego a mi cuarto voy a la bañera de cabeza, porque huelo a chamusquina y estoy agotada.
Me miro en el espejo y compruebo que las marcas de las quemaduras del entrenamiento apenas son visibles, solo quedan unas manchas rojizas que van desapareciendo por momentos.
Increíble. Si también desaparecieran las agujetas y el cansancio ya sería maravilloso...
Enciendo unas velas y pongo el hilo musical para relajarme mientras esté en el baño. El agua caliente destensa cada uno de mis músculos y cierro los ojos que noto tan pesados como el resto de mi cuerpo.