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—Espera, espera, más despacio. ¿Qué poderes tiene cada facción?
—Si eres un sanador, obviamente tienes dones curativos: tus lágrimas pueden sanar heridas y enfermedades, y también eres capaz de aliviar el dolor, tanto físico como emocional.
Además, puedes devolver la vida a lo que parece perdido, como regenerar un campo devastado.
Y luego está tu sangre… increíblemente poderosa, capaz incluso de otorgar la vida eterna.
Con ciertas salvedades, claro. Todo tiene sus límites.
—Entiendo, pinta bastante bien...
—Sí, yo quiero pertenecer justamente a esa facción, me gusta cuidar de las personas como mi padre.
—Su mente se dispersa un poco, quizá pensando en su futuro, pero enseguida reconecta con el presente y continúa su explicación—.
Luego están los protectores, que tienen poderes psíquicos.
Pueden leer las mentes de cualquier ser, tienen premoniciones que nos avisan del peligro y pueden extender campos protectores para evitar ataques o influir en las emociones de otros.
—¿Ataques? Eso suena bastante preocupante…
—Bueno para eso son las clases de defensa y magia, somos responsables de proteger el equilibrio mágico y mantener la lí nea divisoria entre lo humano y lo sobrenatural. Un fénix nunca descansa.
—Ya veo... parece realmente agotador. —Empiezo a entender por qué mis padres nos criaron fuera de la orden.
—Por último, están los elementales, que dominan el elemento del fuego y tienen la capacidad de crear y controlar las llamas.
También pueden generar fuego de su propio cuerpo cuando quieren, como hacemos todos únicamente cuando renacemos de manera natural, y utilizarlo como arma o como medio para purificar.
Créeme, no te gustaría meterte con uno de esos, ¿ves a ese chico de ahí?
—Y señala con el dedo a un moreno de pelo larguísimo que está en la mesa de Héctor.
—Lo veo —confirmo rápidamente para seguir curioseando.
—Pues su ex novia es una elemental, y algo no le gustaría demasiado, porque le tardaron en crecer las cejas un mes. Se las chamuscó como si nada… —Me entra la risa y no me puedo contener, suelto hasta una carcajada.
Veo como Héctor se gira sorprendido a mirarme. Sí instructor, las renacidas malcriadas que no entienden nada de este mundo también sabemos reírnos. Aunque sea en contadas ocasiones.
—Me cae bien su ex. Quizá yo podría ser una elemental... Me pega bastante. —Héctor empieza a levantarse para recoger su bandeja y aproximarse hacia nosotras—. Bueno compi, creo que se acaba el tiempo del desayuno. En otro momento igual me puedes contar de qué va el ritual.
—Me gustaría, pero no tengo ni idea porque aún no lo he pasado. Deberías preguntarle a Héctor, aunque no creo que te cuente nada. Es algo altamente secreto, único y personal. Por lo visto es diferente para cada fénix... Por cierto compi, me llamo Sol.
—Pues encantada Sol, yo soy Estela —le estrecho la mano como si estuviéramos cerrando un trato. Más bien un pacto de amistad. Me sorprende, pero Sol me gusta.
—Suerte, creo que nos veremos a segunda hora y… —duda un momento, pero al final lo suelta—. Siento mucho lo de tu her mana… —lo dice con pena, lo siente de verdad aunque acaba de conocerme. Me pone su manita rechoncha sobre mi brazo y aunque estoy triste noto como me duele un poco menos el corazón.
—Gracias Sol, ¿sabes?... —Me mira a los ojos expectante—. Creo que serás una excelente sanadora. Tengo esa intuición.
La pequeña se inclina y me da un abrazo tierno justo en el momento en el que Héctor ya está a nuestra altura. Así que ella también recoge su bandeja y se levanta como el resto de los niños.
—Vaya estoy impresionado, te has ganado a Sol en un solo desayuno. No suele ser muy habladora con los desconocidos. —Pues mira por donde hoy ha soltado su pequeña lengua para ponerme al día de todo.
—Sol mola, no como otros... ¿Cuándo pensabas contarme que me toca ir a clase con los niños?
—No sé... ¿Ahora? Y también tienes instrucción conmigo —sonríe malicioso—. Voy a darte una paliza.
—Como me gustaría ser una elemental y chamuscarte las cejas —digo por lo bajini.
—¿Qué?
—Nada, solo decía… —Me lo invento sobre la marcha—. ¿Qué nos toca ahora?
—Bien, pues primero un pequeño tour. Más o menos sabrás lo importante al finalizar el día, ya conoces el comedor y tu cuarto.
Ahora solo me falta enseñarte dónde están tus clases, el gimnasio y la biblioteca.
Luego a historia, te recomiendo que tomes apuntes de todo.
Cualquier pregunta dispara e intentaré ayudarte.
Por las tardes entrenamientos. Todas y sin excepción, eso incluye sábados y domingos.
—Esto es una fantasía, veo que desde hoy tengo toda mi vida programada.
—Es esencial, si no sabes de qué va este mundo ni cómo protegerte, eres un peligro. Sobre todo, para ti misma.
Durante un rato, mientras vamos hacia la biblioteca, caminamos en silencio. Tengo varias preguntas rondando por la cabeza. La conversación con Sol me ha dado mucho en qué pensar.
—Suéltalo, vamos. Tus dudas me están asfixiando.
—Odio profundamente que me leas así.
—Pues no puedo evitarlo, lo siento.
—Supongo que no es culpa tuya, eres lo que eres. Oye... Si te hago unas preguntas, ¿serás sincero conmigo?
—Prueba...
Héctor gira a la derecha, esto parece un laberinto lleno de pasillos exactamente iguales, lo único que cambia es la presencia de algunas indicaciones aquí o allá, como la que se encuentra junto a la puerta que tenemos delante de nosotros.
En letras doradas se puede leer la palabra bibliotheca . Por fin.
Menos mal que soy bastante observadora y más o menos tengo buena orientación o no sabría cómo volver al comedor, que parece ser el centro neurálgico de este sitio y mi punto de referencia. Si estuviera aquí mi hermana seguro que se perdería mil veces...
Al entrar, la atmósfera me atrapa por completo y eso que no soy lo que se dice una amante de los libros, pero puedo sentir al igual que en la sala del renacimiento, que este es un sitio especial. Místico, casi sagrado.
Las paredes están revestidas de estantes de madera oscura repletas de libros antiguos encuadernados en cuero gastado y pergaminos, que se extienden desde el mismo suelo hasta el alto techo.
Para acceder a los últimos tomos es necesario utilizar una escalera.
O en nuestro caso, claro, echar a volar.
Aunque me imagino que entre tanto papel polvoriento debe de estar prohibidísimo desplegar las alas de fuego.
O enseguida tendríamos montada una falla la noche del 19 de marzo.
La biblioteca se divide en largos pasillos, imagino que según las secciones de libros como es lo habitual, la única diferencia es que no entiendo el idioma y no sabría cómo buscar.
Aprovechando la pared de piedra hay hornacinas con bustos, jarrones llenos de imágenes y algunos objetos que no sé identificar.
—Vaya, esto le hubiera encantado a mi hermana. Me la imagino sentada junto a la mesa o en aquel sofá de cuero disfrutando de una de sus lecturas.
—Seguro que pronto lo hará. Tú misma podrás enseñarle la biblioteca.
—¿Lo crees de verdad? Porque tengo la sensación de que algo gordo está pasando con todo el tema de mi hermana y no me lo queréis contar. —Lo miro directamente a los ojos, de cerca son más bonitos todavía porque no solo son azules, tienen motitas amarillas.
En los ojos está siempre la verdad, me decía mi madre justo antes de pillarme en cada una de mis mentiras. Y en los suyos veo que está pensando hasta dónde me puede contar.
—¿Tiene que ver con lo de ser géminis?
—En parte. —Hermético, críptico, pero no un mentiroso. Tal y como me dijo ayer—. Tampoco lo sé todo, lo que esté pasando ahora fuera de las paredes de la orden solo lo saben ellos.
—¿Cuándo podré salir fuera?