La oficina de la noche Assisi IV. Vida nueva
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Assisi IV. Vida nueva

ASSISI IV

Vida nueva

Mi madre murió. Mi puerta está abierta. Eso no debe ocurrir, no está bien, no es justo eso de tener la puerta abierta cuando la dejaste cerrada.

La puerta de mi habitación, donde rezo desnudo, donde me hago la tonsura.

Algo horrible ocurrió. «Algo ocurrió», me dice un hermano, lo de horrible lo leo en su cara.

«Léelo», me dice. Me da un papel en las manos.

El papel se cae de mis manos porque están abiertas y me cuesta cerrarlas.

El papel está en el suelo. Veo desde arriba que es la letra de mi padre.

No puedo cerrar mis manos, no sé por qué.

Leo la frase «desde la fuente hacia la calle el agua estaba corriendo».

Pienso en la fuente y pienso en los pájaros de la cueva de Carrara.

Pienso en mi madre y pienso en sus uñas creciendo ahora, mientras está muerta.

Mi madre murió y no me lo deben contar, ni leer, la muerte de mi madre es lo único que no quiero leer.

Mi hermano cierra la carta en mis manos.

Ahora no puedo abrirlas. Me abraza y sonrío, no puedo cambiar la forma de mi boca.

Le digo que me lea. Que no sé leer. Me acuesto en el suelo sonriendo, como esperando un último cuento nocturno, el cuento de mi madre y de cómo esa mujer nació en las colinas de Siena y crecieron sus huesos, y fue feliz, y fue triste, y bebió agua un día, y enloqueció un día, y amó cosas, y esas cosas que amó siguen existiendo aún, en la misma forma, sin cambiar.

Me acuesto y cierro los ojos con las manos cerradas, sonriendo, escucho un último cuento para dormir de mi madre, la voz de mi hermano se vuelve raspada y es ahora la voz de mi padre, y luego la voz se quiebra, y es dulce y extraña, y es la voz de ella, mi madre que me cuenta su muerte por ella misma, como debe ser, nadie debe contar la muerte de otro, mi madre me cuenta su muerte y así me duermo y ella se duerme al lado mío por última vez, y por primera vez nos despertamos y me abre las manos y me quita la sonrisa de la boca con sus manos, y me dice:

—¿Entonces?

—Nada, entonces nada, mamá.

—¿Nada qué?

—Nada, cosas, no sé qué hacer rodeado de todas estas cosas y sin ti.

—Ahora queda tu vida, tu vida para ser vivida.