La oficina de la noche Santo Spirito
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Santo Spirito

SANTO SPIRITO

Estás muerto y los caballos no tienen sentido. En la mañana vi un caballo y dije «este caballo no tiene sentido». Tengo las llaves de tu palazzo . Las robé en la mañana.

Luego de quemar al sodomita, la Oficina de la Noche tiene siete días para tomar sus pertenencias.

Su palazzo ahora pertenece al Tribunale Fiorentino, sus ropas serán quemadas, al igual que sus libros y escritos, y sus joyas fundidas y la comida lanzada a los cerdos.

Espero a la noche. Me visto con una túnica violeta.

Camino a Santo Spirito. Acabas de morir y la gente sigue bebiendo.

En todas las esquinas esquivo el vómito.

Entro a tu palazzo . Subo las escaleras.

Entro. El taller de pintura está en la planta baja.

La cama está arriba. ¿Qué puedo decir? No digo nada.

Tu olor. Entre olor a óleo y olor a azafrán, pero tu olor en el fondo.

Hay muchas cosas en tu casa y no sé nombrarlas, Salai.

Está todo aquí pero sin nombre. Estoy muy triste.

Estoy en el marco de la puerta y no soy capaz de dar el siguiente paso.

¿Qué hay después de este paso? Miro de izquierda a derecha tu habitación sintiendo que voy a morir.

¿Por qué siento que voy a morir? ¿Qué cosas hay acá?

Comienzo a nombrar las cosas. Primero, el palazzo de Salai.

Tu palazzo . Pinturas del profesor. Una pintura de Salai donde Salai acaricia a dos perros, y en el fondo unos pescadores de Livorno que toman el sol sobre unas rocas.

En un vaso de vidrio rojo mechones de cabello de Salai.

Zapatos azules. Dos collares de perlas enredados.

Un baúl con carne de ternera bañada de sal.

Le llevaré la carne a mi madre o la lanzaré a los perros.

Los perros. No hay perros en el palazzo .

Hay un gato. Un gato que está al lado mío, como preguntándose por qué este hombre no entra.

Los gatos nunca aparecen en la Biblia. Por algo será.

El gato se acerca. No sé si dejarlo acá o llevárselo a mi madre.

El gato me mira. Quizás siente misericordia por mí.

Por el tener que desmantelar la casa de un amante con el que nunca viví y al que tuve que quemar.

Suena peor si lo pongo en esos términos.

Realmente no estoy tan triste. Sólo quiero beber vino y que un hombre o una mujer meta su mano en mi pantalón y me masturbe mientras apoyo mi frente en su hombro.

Sólo eso, y luego beber vino. Me preocupa mi madre, espero que no se mate en los próximos días, no lo podría soportar, soportar las dos cosas al mismo tiempo.

Tú lo entenderías, Salai, la justicia en la distancia entre estos dos momentos horrorosos que Dios nos da.

¿A veces Dios quiere castigarte? No es una pregunta, Dios quiere castigarte.

Meto al gato en una bolsa de cuero, en otra bolsa la carne, en otra una copa de eucaristía de plata que se divide en dos, muy franciscano todo.

Imagino que te la robaste de la iglesia de Ognissanti o de Santa María Novella.

Salai ladrón, Salai hijo de puta, Salai muerto de hambre.

Necesito vomitar. Es por la mezcla del olor de la carne y el óleo.

Vomito. Meto en mi bolsa un par de frascos de óleo y unas brochas.

Probablemente soy un gran pintor y no lo he descubierto.

Hoy en día todo el mundo es pintor. Quizás soy uno con menos talento, pero no importa, porque tenemos una sobrepoblación de iglesias, por lo que nunca serán demasiados pintores.

Esta ciudad te permite ser mediocre, la gente dirá «qué gran siglo creativo ha sido este», pero no, es sólo que los más ricos se decidieron a amar a los artistas por veinte años.

Y ahora, adiós Medici, vengan exilios, muerte y pestilencia, vengan.

Siempre de nuevo pestilencia, después del amor, siempre pestilencia.

¿Y después de la pestilencia? Siempre amor.

¿Qué hago orinando en la alfombra de tu palazzo , Salai?

¿En qué momento me convertí en un perro?

Mi madre no me crio así. Pero lo hago. Termino de orinar sin apuro.

No por odio. No por ternura. Es sólo para informar, para declarar, cuando los Oficiales lleguen, que sepan que alguien vino y robó y orinó por horror a la sodomía, y no por nostalgia, no por amor.

Orino. Rompo algunas cosas. Me corto la mano quebrando unas copas.

Hasta para destruir cosas soy mediocre. La mierda es algo que sé hacer.

Dejo mierda sobre la fruta en la mesa. Esto es horroroso.

Se siente horroroso. Escribo firenzers en la pared con óleo verde.

Es muy obvio. Pero el mal es obvio. Extraño a Salai con todo mi corazón, otra frase obvia.

Lo extraño. Extraño sólo el momento en que estaba al lado mío y escondía mi cabeza entre su axila para protegerme del terror, de los lobos que beben el agua que dejo en mi mesa de noche.

Imaginar el terror máximo y luego saber que estoy ahí en su brazo, protegido de las arañas y las piras, y los monstruos, eso era vivir el siglo.

Antes de irme, voy a su cama, estiro sus sábanas por última vez.

Cuando estiro la sábana en el aire la habitación se llena de una neblina blanca.

Es humo. Hay humo, bajo la cama y saliendo de las sábanas.

Agito las sábanas y sale más humo, abro la cama y rajo el colchón y salen plumas y más humo, un humo que no tiene olor, es sólo neblina, es sólo luz, no me aterro.

Termino de hacer la cama, apenas me puedo ver las manos.

En cuatro patas tomo al gato, la carne, la copa de plata, el óleo y abandono el palazzo .