La oficina de la noche Jauría toscana
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Jauría toscana

JAURÍA TOSCANA

«¿Has visto cómo los perros de Firenze se han vuelto malos?», me pregunta el profesor. No recordaba que era tan desagradable a la vista, pero no me quejo, porque yo le escribí para encontrarme con él.

—Usted es uno de los hombres justos de esta ciudad.

—Gracias.

—Le escribí para decirle en persona que me da pena habernos conocido así.

He dicho cosas horribles de usted. Me he reído de usted, de su aspecto.

De su nariz, de su peso. He declarado que usted es desagradable a los ojos.

Cuando lo veo no puedo evitar pensar en si mete sus dedos en Salai tal como come.

Pienso en el sonido de huesos de pollo rompiéndose cuando pienso en usted, y creo que no es justo que usted lo toque, a Salai.

Perdón. Estoy en el ejercicio de ser sincero, estoy siendo justo porque usted es justo.

Y tome esto como una despedida porque me iré a Assisi dentro de poco, así que usted y Salai pueden seguir en su extraño estilo de vida.

El profesor me mira y me toma del brazo. Sin decirme nada me lleva a las escaleras de su palazzo . Avanza lento como un trozo de hielo. Es uno de esos hombres que al caminar no sube y baja, sólo se desplaza.

—¿Realmente no has visto cómo los perros se han vuelto malos?

No entiendo a qué se refiere, pero sigo su juego esperando que me suelte el brazo.

—Desde que Siena y Savonarola nos comenzaron a perseguir, y luego la Oficina de la Noche nos comenzó a quemar, la cantidad de polvo en esta ciudad es insoportable. ¿Lo has notado?

Le digo que no. Que no lo he visto.

—Firenze nunca ha tenido neblina. Esto es sólo polvo humano.

Y volviendo a los perros. Los perros se han vuelto malos.

El otro día vi a una jauría devorar a un cerdo en Piazza della Vicaria.

Nunca visto. Los perros se han vuelto malos y es porque han comido cenizas de hombres.

Los perros han pasado los últimos veranos comiendo polvo humano.

Y se han vuelto bestias. Como en una edad anterior a San Francisco de Asís, la bestia se ha vuelto bestia. ¿No lo has notado?

No le respondo porque sé que tendrá algo más inteligente que decir.

—Lo que quiero decir con todo esto es que tu trabajo produce bestialidad.

Y tú eres un joven hermoso que produce bestias.

Creo que eres cobarde. Creo que quieres demasiado vivir, y ese es tu pecado.

Vivir a costa de todo. Devoras con tu vida la vida de otros.

Yo no mataré a Salai. Lo matarás tú. Sé que no quieres imaginarme a mí entrando en él.

Le muevo la cabeza.

—No era una pregunta. Sé que has dicho que soy un pederasta.

Pero Salai es mayor. Da Vinci entraba en menores de edad.

En su Salai. Yo no. Mi Salai no es un niño.

No entiendo esa conducta que conduce a la bestialidad.

Salai tiene casi tu edad. Y tú eres un hombre.

Un hombre que decide quemar a otros. Un hombre que crea polvo humano.

Y que guarda semillas en su bolsillo. Siempre los siglos han estado llenos de personas que siguen a los sádicos.

Ellos representan lo peor. Porque nunca se ven.

Siempre los sádicos dan la orden de caza, pero son los que desean demasiado vivir, los que finalmente van a cazar gente.

Yo me suelto de su brazo. Estoy rojo. Me doy cuenta de que mi sangre pasa por mis sienes y de mis sienes a mi nariz, siento sabor a sodio.

—Usted, usted, usted, no. No sabe. Mi trabajo es lo más importante y, y, y no es por el sadismo implícito en ver a alguien prender fuego, no, no, mi trabajo está en la delicadeza del gesto y su eficacia, en conocer las medidas del viento y del tiempo para que el olor a carne desparezca, es el truco de magia de hacerme invisible para que nadie vea que yo hice desaparecer el horror, es el milagro de hacerles creer que el horror desaparece por sí sólo, mire mis muñecas, ellas son lo más preciado, con ellas artículo el movimiento, que no nace del hombro derecho sino de mis pies, y de mis pies llega a mis dedos que sostienen las semillas que vuelan y se posan sobre el cuerpo, la mayoría se incineran al tocar las llamas pero algunas llegan hasta la carne y la fertilizan como una nueva tierra, como preparando un nuevo bosque.

Todo eso es mi trabajo, todo eso es lo que usted no ve.