La oficina de la noche La hoguera de las vanidades II
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La hoguera de las vanidades II

LA HOGUERA DE LAS VANIDADES II

Antes de eyacular los hombres se quedan como una estatua y dejan de agitarse, es la calma antes del caos, el caos es corto, tal como cuando arden.

Hoy ardió otro. Hoy hay novedades en mi república.

Hace un mes Girolamo Savonarola atacó a la familia Borja apuntando al Papa Alejandro VI con acusaciones de pederastia.

Fue excomulgado. Obviamente desconoció su excomunión y como venganza envió una carta a cada monarca que conocía rogando deponer al pontífice.

Solo en su claustro esperó por días respuesta a sus cartas.

Respuestas que nunca llegaron. La semana pasada Girolamo fue acusado públicamente de fingir milagros.

Se le desafió a la prueba de fuego. Para comprobar si realmente, tal como lo declaró en su llegada a Firenze, podía sobrevivir a la luz.

Su prueba de fuego fue suspendida con una carta pública que se titulaba «Algunos motivos personales».

Sus devotos vieron en estos «motivos personales» una muestra de debilidad, lo vieron por primera vez débil a la luz de Firenze.

Hoy Girolamo fue condenado. Fue torturado por desobediencia a Roma e injurias al Papa.

Le quitaron los meniscos de las rodillas y le amputaron los pulgares.

Pusieron los meniscos y pulgares frente a él y lo obligaron a contar una historia con ellos.

Luego se le llevó a Piazza della Signoria, donde fue ahorcado en la misma cúspide en la que estuvo su más famosa obra, La hoguera de las vanidades .

Girolamo fue quemado y lanzado al Arno, con Salai corrimos entre las ortigas siguiendo el cuerpo río abajo y besándonos cuando parábamos a tomar aire.