La obsesión de Moretti CAPÍTULO 29
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CAPÍTULO 29

Emma

Estaba enojada.

No. Esa palabra era demasiado suave para lo que estaba sintiendo.

Estaba realmente cabreada.

¿Quién se creía que era? ¿Mi dueño?

Ja. Eso estaba por verse.

Pero antes de ir a Recursos Humanos tenía que hablar con Marc y explicarle que ya no iba a continuar. En ese momento no me importaban las consecuencias. Maximilian y su empresa podían irse al carajo.

Cuando finalmente el ascensor llegó al piso ocho, salí y fui directamente hacia la oficina de Marc. La puerta estaba abierta. Él estaba concentrado en algo de la computadora, así que di dos toques sobre el marco.

—Marc.

Alzó la vista.

—Adelante, Emma. Siéntate.

Me indicó la silla frente a su escritorio y tomé asiento.

Ahora que estaba allí, la vergüenza por lo que acababa de ocurrir regresó con fuerza. No sabía cómo iba a mirar a mis compañeros después del espectáculo que Maximilian había montado delante de todos.

—Primero quiero disculparme por lo que acabas de presenciar. Nathan y yo solo estábamos hablando. No es verdad que estuviera enamorándome.

Marc permaneció en silencio, esperando que continuara.

—Todo se malinterpretó y... he decidido renunciar.

Esta vez reaccionó.

—Emma, no te voy a mentir. La situación de hace un momento fue bastante incómoda. No sé exactamente qué pasa entre usted y el señor Moretti, aunque puedo intuir que hay algo, y tampoco es asunto mío. Pero antes de que tomes una decisión así, quiero que tengas en cuenta una cosa.

Esperé.

—Eres pasante y, por cierto, una muy buena. Tu trabajo hasta ahora ha sido impecable. Te graduaste con excelentes calificaciones y con honores, pero en este sector la experiencia pesa muchísimo.

—Entiendo.

—Por muy buen expediente académico que tengas, sin experiencia laboral puede ser difícil que otra empresa te contrate para un puesto como el que buscas. No imposible —aclaró—, pero sí más difícil. Y aquí ya estás construyendo esa experiencia.

Sabía perfectamente que tenía razón.

—Sí, Marc, lo sé. Pero aguantar otra escena como la que acaba de montar Maximilian... No. No puedo trabajar pensando que en cualquier momento va a aparecer porque un compañero se me acerque.

—Entiendo tu molestia. Lo que pasó ahí fuera fue incómodo para todos. Pero también conozco al señor Moretti como profesional y sé que él reconoce lo valiosa que eres para este equipo.

Casi me reí.

—Tan profesional que acaba de bajar y hacer un show delante de todo el mundo.

—No estoy justificando lo que hizo. Estoy hablando de tu trabajo. Son dos cosas diferentes.

Eso consiguió callarme.

Marc se acomodó en su asiento.

—Desde que llegaste, el señor Moretti nunca me ha pedido que te favorezca. No ha intervenido en tus evaluaciones ni me ha dado instrucciones para tratarte de manera diferente. Todo lo que yo he valorado de ti ha sido por tu desempeño.

Lo miré.

—De hecho, envié una solicitud para aumentar tu salario y, si continúas trabajando como hasta ahora, próximamente podríamos hablar de un ascenso. Eso viene de mí, Emma. Por tu desempeño laboral.

Aquello me tomó por sorpresa, aunque Maximilian ya me había mencionado que Marc estaba considerando ascenderme. Escucharlo directamente de él era diferente.

—Gracias. De verdad.

—No tienes que agradecérmelo. Te lo has ganado.

La secretaria de Marc apareció en la puerta antes de que pudiera responder.

—Disculpe, Marc. Los documentos que estaba esperando todavía no han llegado. Acabo de comunicarme con el otro departamento y dicen que...

Mientras ella le explicaba el problema, mi celular vibró dentro del bolso.

Lo saqué.

Maximilian.

Por supuesto.

Abrí el mensaje.

Emma, escúchame. No vayas a renunciar. Te dejaré en paz aquí, en la empresa. No renuncies a tus metas por un problema conmigo. Te doy mi palabra de que no se va a repetir.

Me quedé mirando la pantalla.

¿Aquí, en la empresa?

O sea que fuera de Moretti Group no pensaba dejarme en paz.

Maximilian siendo Maximilian.

Por alguna razón, aquello casi consiguió bajarme un poco el enojo.

Casi.

Guardé el celular cuando la secretaria salió y Marc volvió a sentarse.

—Entonces, ¿en qué íbamos? —preguntó—. Ah, sí.

Piénsalo bien antes de cometer un error por lo que acaba de pasar.

Conseguir otro trabajo puede llevarte tiempo.

No es imposible, pero aquí ya tienes experiencia acumulada, conoces el departamento, la dinámica de trabajo y estás demostrando lo que puedes hacer.

Me quedé pensativa.

Miré hacia la puerta abierta de su oficina y después hacia el celular dentro de mi bolso.

Si salía de Moretti Group, encontrar otro puesto podía ser más difícil. Allí ya conocía mi trabajo, a mis compañeros, la manera en que se manejaba el departamento. Estaba cómoda profesionalmente y, más importante todavía, lo que había conseguido durante esos meses me pertenecía.

Justamente eso era lo que Maximilian había intentado hacerme entender.

Mis logros eran míos.

¿Por qué iba a renunciar a ellos por estar enfadada con él?

Además, acababa de darme su palabra de que no volvería a interferir en mi trabajo.

No sabía cuánto podía confiar en la capacidad de Maximilian Moretti para controlar sus celos, pero estaba dispuesta a darle un último voto de confianza en ese aspecto.

Si volvía a ocurrir, sería otra historia.

—Tiene razón —dije finalmente—. No voy a echar todo por la borda. Voy a continuar. Y gracias por considerar lo del aumento.

Marc asintió, satisfecho.

—Buena decisión. Continúa con tu trabajo. Aquí no ha pasado nada.

—Ojalá los demás piensen igual.

—Dales un rato. Se les pasará.

Me levanté.

—Gracias, Marc.

—De nada, Emma.

Salí de su oficina y empecé a caminar hacia mi puesto.

Pero antes tenía algo pendiente.

Nathan estaba sentado leyendo unos documentos. Me detuve frente a su escritorio.

—Nathan.

Levantó la mirada de inmediato.

—Emma.

—Lo siento mucho. No quería hacerte pasar por todo este lío.

Sacudió la cabeza.

—No tienes que disculparte. No fue tu culpa. Sencillamente las cosas pasaron así.

Hizo una pausa antes de añadir:

—Aunque ahora entiendo que hay una historia de por medio entre tú y el señor Moretti.

Ahí estaba.

Lo que había intentado evitar.

—No es tan fácil.

—Me lo imagino.

Ryan apareció antes de que pudiera decir algo más.

—Emma Carter... Qué cantidad de sorpresas das. Y tú diciendo que no conocías al señor Moretti.

Genial.

Solo me faltaba él.

Olivia no tardó ni diez segundos en acercarse también.

—Él era tu amigo, ¿no?

La miré.

Entonces recordé aquella conversación en el baño, cuando le había dicho que extrañaba a un amigo.

Claro.

Ahora estaba relacionándolo todo.

—Es una historia larga.

—Aquí te escuchamos —dijo Ryan.

Los tres me miraban.

Quizá era mejor contarles una parte y acabar con aquello antes de que empezaran a sacar conclusiones mucho peores.

—Sí, era mi amigo, pero yo no sabía que era el jefe de esta empresa.

Ryan frunció el ceño.

—¿Cómo que no sabías? No entiendo.

—Porque se presentó conmigo usando su segundo nombre. Yo lo conocía como Alessandro Vitali. No lo relacioné con Moretti Group hasta que descubrí que mi amigo era Maximilian Moretti.

Ryan abrió la boca.

Olivia hizo lo mismo.

Nathan fue el primero en reaccionar.

—Por eso estabas tan tensa durante la reunión.

—Sí. En parte. Para entonces ya sabía que era él.

—Espera, espera —intervino Ryan—. ¿Tú conocías al presidente de Moretti Group, salías con él y no sabías quién era?

—Básicamente.

—Esto cada vez se pone mejor —murmuró Olivia.

—No se está poniendo mejor para mí.

Olivia me estudió unos segundos.

—Pero amigos, amigos...

Su forma de decirlo me hizo saber exactamente por dónde iba.

—¿Qué?

—Amigos con derechos, porque esa escena que acaba de montar no la hace un simple amigo.

Dios mío.

Qué boca la de esa mujer.

—Algo así.

Nathan asintió lentamente.

No parecía enfadado, pero ahora comprendía por qué Maximilian había reaccionado de aquella manera.

Olivia abrió los ojos.

—Ah... Ahora entiendo muchas cosas.

—¿Qué cosas?

—Por ejemplo, por qué últimamente a Nathan le caía tanto trabajo.

Me quedé quieta.

Ryan miró a Nathan.

Nathan miró a Ryan.

Y yo cerré los ojos un instante.

Maldito Maximilian.

Porque, pensándolo bien, Olivia podía tener razón.

Había ocasiones en las que Nathan había recibido más trabajo y yo no había relacionado una cosa con la otra. Después de lo que acababa de presenciar, ya no podía descartar que los celos de Maximilian hubieran tenido algo que ver.

De verdad que ese hombre se pasaba.

—Nathan, lo siento. Otra vez.

—Emma, ya te lo dije. No es culpa tuya. Pero sí... ahora entiendo algunas cosas.

Ryan se apoyó en uno de los escritorios.

—Bueno, Emma, entonces a partir de ahora tendremos que decirte jefecita.

Lo miré con toda la seriedad que pude reunir.

—Ni se te ocurra. Él no es nada mío.

Los tres se echaron a reír.

—Es broma —dijo Ryan—. Aunque tendremos que tener cuidado al acercarnos a ti. Ya sabemos cómo se pone el jefe.

—Cállate, no vaya a ser que te esté viendo por las cámaras.

Ryan miró instintivamente hacia arriba.

Eso solo consiguió que Olivia se riera más.

—Chicos, en serio. Nada tiene que cambiar aquí. No soy su esposa ni su novia y no quiero seguir hablando del tema.

Nathan intervino enseguida.

—Emma tiene razón. Ya está.

Lo miré agradecida.

Siempre sabía cuándo parar.

Ryan levantó ambas manos.

—Está bien. Ya no voy a tomarte el pelo.

Después alzó una como si estuviera jurando ante un tribunal.

—Promesa.

—Eso espero.

Regresé por fin a mi escritorio.

Las miradas habían desaparecido poco a poco y cada uno volvió a lo suyo. Abrí el documento en el que había estado trabajando antes de que Maximilian decidiera convertir el piso ocho en el escenario de sus celos.

Intenté concentrarme.

Había decidido quedarme.

Ahora, por el bien de ambos, Maximilian necesitaba cumplir su promesa.

Maximilian

Marc me llamó poco después.

—Emma ha decidido continuar, señor Moretti.

El alivio fue inmediato.

—Bien.

No añadí nada más.

Colgué.

Me había pasado.

Eso ya lo sabía.