CAPÍTULO 26 #2
—Mira, Emma. Cuando perdí a mis padres tuve que asumir demasiadas cosas siendo muy joven.
En realidad, empezó antes. Cuando mi padre murió, mi madre se vino abajo.
Yo acababa de comenzar una maestría, pero no podía permitir que la empresa se derrumbara también.
Después de la muerte de mi madre asumí definitivamente el cargo.
No dije nada.
—Mi familia hacía donaciones a diferentes centros y uno de ellos era tu orfanato. Yo quería verificar personalmente cómo se utilizaban esas ayudas antes de delegar esa responsabilidad, así que programé visitas a varios lugares. Entre ellos estaba el tuyo.
Me miró, como esperando alguna reacción.
—Continúa.
—Fui y vi a los niños jugando. Entonces me llamó la atención una niña que estaba apartada, mirando hacia el cielo. Parecía... solitaria. Le pregunté a la directora quién era y me dijo tu nombre. Emma Carter. Después me contó parte de tu historia.
Lo interrumpí.
—Ah, sí. Y en ese momento dijiste: «Esa va a ser mi mujer y voy a manipular todo su camino». ¿Notas cómo suena eso?
—Joder, Emma, tampoco fue así.
—Pues explícame cómo fue.
—Para empezar, yo no me enamoré de ti cuando eras una niña. Tampoco cuando eras adolescente. Quiero que eso quede muy claro.
Su expresión se había endurecido.
—No sé cómo llamarlo. Instinto de protección, quizá.
Solo recuerdo pensar que ojalá la vida le diera oportunidades a esa niña.
Con el tiempo pregunté por ti. Me dijeron que sacabas buenas notas y seguí recibiendo información sobre cómo estabas.
Cuando terminaste el bachillerato, decidí que Moretti Group podía concederte una beca.
Tus calificaciones hablaban por sí solas.
Me acomodé contra el respaldo sin apartar los ojos de él.
—Pasaron los años. Me llegaban informes y todo seguía su curso. Ahora dime algo: ¿alguna vez alguien te dijo que tenías que hacer algo por mí o por Moretti Group a cambio de esa beca?
—No.
—¿Alguna vez te exigí algo?
—No.
—Si hubiera tenido una intención sucia contigo desde el principio, como has llegado a pensar, habría podido pedir algo a cambio. Nunca lo hice.
Me quedé callada.
En eso tenía razón.
Pero no solucionaba todo lo demás.
—El tiempo siguió pasando —continuó—. Tú creciste, te convertiste en una mujer y entonces las cosas cambiaron para mí.
Empecé a preguntar más por ti. A fijarme más.
También apareció la admiración. Veía tus calificaciones, lo que conseguías, cómo te esforzabas...
Para entonces, lo mío ya había empezado.
—La obsesión.
No intentó negarlo.
—Sí. Si quieres llamarla así, sí.
Al menos no estaba tratando de disfrazarla.
—Y dime otra cosa. Durante todos esos años, ¿te pedí algo?
—No.
—Porque sí, Emma, te abrí puertas. Eso no voy a negártelo. Pero tú las cruzaste sola. La beca te dio una oportunidad; tú fuiste quien estudió. Las prácticas te permitieron entrar a Moretti Group; tú eres quien lleva meses demostrando que merece estar aquí.
Guardó silencio unos segundos antes de continuar.
—Y lo mismo ocurrió cuando decidí dejar de estar en las sombras. La noche del club yo solo podía acercarme a ti. Después había dos posibilidades: que te gustara, que era lo que esperaba como un cabrón, o que no sintieras absolutamente nada por mí y pasaras de largo. No iba a obligarte a quererme.
Recordé aquella noche.
El vaso de agua.
La barra.
Su manera de mirarme.
Alessandro.
—Cuando empezaste a escribirme, lo hiciste tú —continuó—. Igual que aceptaste verme, besarme, dejarme entrar en tu vida. Yo podía preparar mil encuentros, pero no podía fabricar lo que tú sintieras cuando estuvieras conmigo.
—Pero sí podías haberme dicho quién eras.
Ahí se quedó callado.
—Sí.
Una sola palabra.
Sin excusas.
—No tuve el valor de decirte la verdad. Al principio pensé que encontraría el momento.
Después empezamos a conocernos y cada vez me gustabas más.
Luego dejó de ser solo eso. Me enamoré de ti y lo fui posponiendo.
Tuve oportunidades, Emma. Muchas. Y no fui capaz de hacerlo.
Llámame cobarde si quieres, porque en eso sí lo fui.
Bajé la mirada hacia mis manos.
Había pasado días intentando reconstruir mi propia vida y ahora él estaba sentado delante de mí, colocándole una explicación a cada pieza.
Algunas tenían sentido.
Eso era casi peor.
Porque habría sido mucho más fácil odiarlo si absolutamente todo hubiera sido una mentira.
Levanté los ojos.
—¿Qué parte de mi vida fue realmente mía?
Maximilian no respondió de inmediato.
—Toda, cielo.
Negué con la cabeza, pero continuó antes de que pudiera interrumpirlo.
—Toda. Porque abrirte una puerta no significa haber vivido tu vida por ti.
Yo pude conseguir que esa beca llegara a tus manos, pero no podía mantenerla si tú no cumplías.
No presenté tus exámenes. No conseguí tus calificaciones.
No estudié por ti. No me gradué por ti. Y cuando llegaste a esta empresa, tampoco hice tu trabajo.
Se inclinó ligeramente hacia delante.
—Incluso ahora Marc está considerando un ascenso para ti.
Lo miré sorprendida.
—¿Qué?
—Y no viene de mí. Ese tipo de decisiones no pasan por mi escritorio. Me enteré porque, tratándose de ti, estoy pendiente. Pero te lo ganaste tú.
No sabía qué hacer con aquella información.
—Emma, yo te abrí algunas puertas —continuó—, pero tú las cruzaste sola. Yo solo estaba esperando al otro lado.
Permanecí en silencio.
Había cosas en las que tenía razón. Lo sabía. Pero reconocerlo no hacía desaparecer la sensación de haber tenido a alguien moviéndose detrás de mi vida sin que yo pudiera verlo.
—Como te dije una vez, Aless...
—Maximilian.
Lo miré.
—¿Qué?
—Soy Maximilian.
—Ese es precisamente el problema.
—No. —Se señaló el pecho—. Yo soy el mismo hombre que conociste.
No solo porque Alessandro también forme parte de mi nombre.
Soy el mismo que habló contigo durante horas, el que estuvo contigo, el que escuchó todo lo que me contaste.
El hombre que te ama y que haría cualquier cosa por verte bien.
Llámame como quieras, pero lo que siento por ti es una sola cosa.
¿Por qué tenía que salirme con esas?
—El hecho de que hayas hecho cosas por mí no justifica lo demás en nombre del amor.
—Lo sé.
Su respuesta me sorprendió.
—Entonces no intentes hacerlo.
—No estoy intentando justificarlo. Estoy intentando que entiendas qué hice y por qué lo hice. Son cosas distintas.