CAPÍTULO 20 #2
Mi madre, Luciana Moretti, nunca volvió a ser la misma.
Siempre dije que murió de pena.
No literalmente, quizá, pero verla después de perder a mi padre había sido suficiente para entenderlo. Se fue apagando poco a poco. Su salud comenzó a deteriorarse hasta que una enfermedad terminó llevándosela también.
Yo era hijo único.
Mi madre también lo había sido.
Moretti Group provenía de su familia. Ella había heredado el legado Moretti y después yo.
Mi padre, en cambio, había entrado a aquella empresa como un empleado más.
Amadeo Vitali no tenía un apellido poderoso ni una fortuna detrás.
Tenía un empleo.
Y se enamoró de la hija del dueño.
Mi madre se enamoró de él.
Contra expectativas, diferencias económicas y seguramente unas cuantas opiniones familiares que ninguno de los dos consideró suficientemente importantes.
Por eso llevaba Vitali.
Y por eso, en los negocios, era Moretti.
Durante mucho tiempo no había pensado demasiado en el hecho de ser el último de ambas líneas familiares.
Hasta Emma.
Con ella había empezado a imaginar cosas que antes me parecían innecesarias.
Una casa que no estuviera siempre en silencio.
Niños corriendo de un lado a otro.
Más de uno.
Definitivamente más de uno.
Quizá porque sabía demasiado bien lo que era crecer sin hermanos.
Pero para llegar a cualquiera de esas cosas primero tenía que superar un problema bastante más inmediato.
Decirle la verdad.
Miré el calendario.
Y me quedé inmóvil.
La reunión anual.
El lunes siguiente.
—Mierda.
La reunión llevaba tiempo prevista. Todos sabíamos que se celebraría en los próximos meses, como cada año, pero mi asistencia había impedido que se fijara una fecha definitiva.
Hasta hacía unas semanas.
Finalmente había confirmado que asistiría y el lunes había quedado reservado para la reunión, aunque la fecha todavía no se había comunicado oficialmente a los empleados.
Entre todo lo ocurrido con Emma, el viaje a Miami y los asuntos que había tenido que resolver en los últimos días, había perdido de vista lo rápido que se acercaba.
Ya no tenía tiempo.
Estábamos a mitad de semana.
No podía permitir que llegara el lunes, aparecer frente a cientos de empleados de Moretti Group y esperar que Emma aceptara tranquilamente que Alessandro Vitali era Maximilian Moretti.
Tenía que decírselo antes.
Esta semana.
No podía pasar de esta semana.
Cuando el avión aterrizó en Nueva York, Daniel ya estaba esperando.
Subí al auto y apenas cerré la puerta me miró por el retrovisor.
—¿A casa de Emma?
—Sí, por supuesto.
Soltó una risa.
—Con esa cara de perro desesperado ni siquiera tendría que habértelo preguntado.
Lo miré.
—A veces eres medio imbécil.
—Y aun así sigues pagándome.
—Todavía estoy a tiempo de corregir ese error.
Arrancó sin dejar de reírse.
Yo miré la ciudad al otro lado de la ventana.
Cada minuto que nos acercaba a Emma hacía que la conversación que debía tener con ella pareciera más urgente.
Pero esa noche, cuando finalmente la tuve frente a mí, todo lo demás perdió importancia durante unas horas.
La había extrañado.
Se lo hice saber con mis besos, con mis manos, con la manera en que la mantuve junto a mí como si aquellos días hubieran sido semanas.
Sin embargo, hubo momentos en los que la encontré observándome.
Distinta.
No fría.
No distante.
Solo... pensativa.
Le pregunté más de una vez qué ocurría.
Emma sonrió cada vez.
—Estoy bien.
Quise creerle.
O quizá simplemente decidí hacerlo.
Emma
A la mañana siguiente desperté antes que Alessandro.
La noche había sido increíble.
Había llegado directamente a buscarme y no había necesitado decirme cuánto me había extrañado. Me lo había demostrado desde el instante en que entró por la puerta.
Ahora dormía boca abajo, con la sábana cubriéndolo desde la cintura. Tenía un brazo extendido hacia mi lado de la cama, como si incluso dormido hubiera estado buscándome.
Lo observé durante unos segundos.
Amaba a ese hombre.
Precisamente por eso todo aquello me molestaba tanto.
No quería desconfiar de él.
Quería que hubiera una explicación sencilla para cada una de las cosas que últimamente parecían conectarse de maneras demasiado extrañas.
Me levanté antes de que despertara.
Alessandro tenía ropa en mi apartamento desde hacía un tiempo, incluidos algunos trajes, así que terminamos preparándonos juntos.
Desayunamos y, cuando recogí mi bolso, tomó las llaves.
—Yo te llevo.
—¿No vas tarde al trabajo?
—Mi cielo, voy bien de tiempo.
—¿Seguro?
—Emma.
La forma en que dijo mi nombre me hizo sonreír.
—Está bien.
Durante el trayecto intenté comportarme con normalidad.
Cuando llegamos frente a Moretti Group, me despedí de él y entré al edificio.
Saludé a algunas personas en el vestíbulo y tomé el ascensor hasta el octavo piso.
Las puertas apenas se abrieron cuando noté que algo ocurría.
Había más movimiento de lo habitual.
Ryan estaba hablando con Nathan y Olivia permanecía junto a uno de los escritorios.
Dejé el bolso sobre el mío.
—¿Y esto?
Ryan me señaló la computadora.
—Mira tu correo.
—Buenos días para ti también.
—Buenos días. Ahora mira el correo.
Encendí la computadora e introduje mi contraseña.
—Por fin se acabó la espera —dijo Olivia.
—La verdad es que sí —añadió Nathan.
Miré a uno y después al otro.
—¿De qué están hablando?
Olivia abrió la boca.
Ryan se adelantó.
—Deja que Emma lea el correo.
—¿Me van a decir qué pasa?
—Lee.
Puse los ojos en blanco y abrí la bandeja de entrada.
Había un correo corporativo marcado como importante.
Hice clic.
Estimados colaboradores de Moretti Group:
Por medio de la presente se les informa que la Reunión Anual de Moretti Group se celebrará el próximo lunes a las 10:00 a. m.
Este año contaremos con la presencia del director ejecutivo de la compañía, el señor Maximilian Moretti.
En los próximos días, cada departamento recibirá las indicaciones correspondientes para su participación.
Atentamente,
Vicepresidencia EjecutivaMoretti Group
Me quedé mirando el nombre durante un instante.
Maximilian Moretti.
—Guau. Ya entiendo por qué están todos así.
Ryan se apoyó en el borde del escritorio.
—Emma Carter, el lunes no se te ocurra enfermarte.
—¿Por qué me lo dices a mí?
—Porque después de todo lo que hemos hablado de ese hombre, como faltes precisamente el día que aparece, voy personalmente a buscarte a Brooklyn.
Olivia soltó una risa.
—Yo voy contigo.
—Qué considerados.
—Es por tu bien —dijo Ryan.
Nathan señaló mi pantalla.
—Lo raro es que hayan avisado con tan poco tiempo. Por lo que habíamos escuchado, normalmente la reunión se anuncia con bastante anticipación.
—Eso mismo pensé —comentó Olivia.
Una puerta se abrió y Marc salió de su oficina.
—Buenos días.
—Buenos días —respondimos casi al mismo tiempo.
Olivia no perdió la oportunidad.
—Ya sabemos las buenas nuevas. El lunes es la reunión anual.
Marc nos miró con una expresión divertida.
—Veo que los correos corporativos sí los leen rápido cuando les interesa.
Nathan sonrió.
—Estábamos diciendo que avisaron bastante tarde.
—Normalmente se anuncia antes —confirmó Marc—, pero este año no habían conseguido cerrar la fecha con el señor Moretti.
Por lo que sé, su asistencia terminó de confirmarse hace unas semanas y hasta entonces no podían fijar el día con seguridad.
La reunión tenía que celebrarse de todas formas antes del cierre del año fiscal, así que finalmente quedó para el lunes.
Miró alrededor.
—Aunque veo que a ustedes los tienen bastante bien informados.
Ryan levantó las manos.
—Nosotros no sabemos nada.
—Claro. Y yo nací ayer. Ahora, a trabajar. Quiero todo adelantado antes de que empiecen los preparativos de la reunión y después anden corriendo por el piso.
Todos reímos mientras cada uno regresaba a lo suyo.
Marc era un buen jefe, pero sabía exactamente cuándo terminar una conversación y ponernos a trabajar.
Volví a mirar la pantalla.
Maximilian Moretti.
El lunes por fin iba a conocerlo.
Después de años escuchando su apellido y de descubrir que aquel hombre no solo estaba detrás de la empresa que había financiado mis estudios, sino que se había interesado personalmente por mí durante años, finalmente iba a poder ponerle un rostro.
Quizá incluso tendría la oportunidad de hacerle alguna pregunta.
Cerré el correo.
Uno de tantos misterios estaba a punto de resolverse.
Lo que todavía no sabía era que, cuando lo hiciera, abriría todos los demás.