La obsesión de Moretti CAPÍTULO 14 #3
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CAPÍTULO 14 #3

—Guau... —Su mirada descendió lentamente por mi cuerpo—. ¿Todo esto es mío?

Había hambre en sus ojos.

Lo vi acariciarse mientras se colocaba entre mis piernas. Las abrió con delicadeza y bajó.

El primer contacto de su lengua húmeda sobre mí me arrancó un gemido fuerte.

Hundió el rostro entre mis piernas y continuó, como si llevara demasiado tiempo deseando hacerlo. Sus manos subieron hasta mis pechos y comenzó a masajearlos mientras yo dejaba de pensar en absolutamente todo.

Solo podía sentir.

El orgasmo terminó alcanzándome y él no se apartó hasta el final.

Cuando levantó la cabeza, me miró.

—Deliciosa, cielo. Acostúmbrate, porque siempre voy a querer meter la cara en ese coño tan perfecto que tienes.

Cuando vi que pretendía colocarse encima de mí, lo detuve.

—Quiero tocarte.

Señalé su erección.

—Hazlo —respondió—. Lo que quieras.

Todavía algo tímida, extendí la mano y lo tomé.

Estaba completamente rígido y, al mismo tiempo, la piel era sorprendentemente suave. Acerqué el rostro, saqué la lengua y lo probé.

Su sabor, mezclado con el aroma de su loción, consiguió excitarme todavía más.

Comencé a mover la boca sobre él.

Escucharlo gemir me encantó.

Hasta que su mano me detuvo con suavidad.

—Cielo, quiero estar dentro de ti.

Lo miré y volví a recostarme.

Abrí las piernas para él.

Alessandro se acercó, pero antes de continuar sostuvo mi mirada.

—Voy a ser sincero contigo. No quiero usar condón. Quiero sentirte piel con piel. Estoy limpio.

Lo observé unos segundos.

Confiaba en él.

—Yo también quiero piel con piel. Además, planifico por razones médicas.

Hice una pequeña pausa.

—Creo en ti.

Su expresión cambió.

—Si alguna vez pasara algo, siempre voy a hacerme responsable contigo.

Sentí la punta húmeda contra mi abertura.

Y entonces entró de un solo movimiento.

—¡Auch!

Alessandro comenzó a besarme el rostro.

—Cielo... pensé que sería mejor hacerlo de una vez.

Se quedó quieto.

Esperó.

No volvió a moverse hasta que fui yo quien elevó la pelvis hacia él.

Entonces empezó despacio.

Entraba y salía con movimientos lentos, permitiéndome acostumbrarme a la sensación. Poco a poco, el dolor disminuyó y mi cuerpo comenzó a relajarse.

Después aumentó el ritmo.

No sabía cómo conseguía coordinarlo todo, pero mientras seguía moviéndose dentro de mí bajaba la boca hasta mis pechos, primero uno y después el otro, sin detener las embestidas.

Y se sentía demasiado bien.

Nuestros gemidos llenaron la habitación.

También descubrí algo nuevo de Alessandro aquella noche.

No tenía ninguna vergüenza al hablar durante el sexo.

—Nos vamos a salir de esta cama —murmuró contra mi piel—, pero te advierto que vamos a pasar mucho más tiempo dentro de ella que haciendo cualquier otra cosa.

Después volvía a mis pechos.

—Qué senos tan ricos tienes, cielo.

Yo terminaba riéndome entre gemidos, incapaz de creer algunas de las cosas que salían de su boca.

Le besé el hombro, subí las manos hasta su rostro y lo acerqué para besarlo.

Sentí cómo el placer volvía a acumularse.

Esta vez con mucha más fuerza.

Hasta que llegué al límite.

El orgasmo me atravesó con tanta intensidad que perdí cualquier intento de contenerme.

Alessandro me siguió poco después.

Permaneció inmóvil encima de mí durante unos instantes.

Después dejó un beso pequeño sobre uno de mis pechos.

Otro sobre el contrario.

Uno rápido en mi boca.

Y finalmente otro en la frente.

Se apartó y me acomodó sobre su pecho.

Yo permanecí allí, quieta.

Al cabo de unos momentos se incorporó ligeramente conmigo todavía encima y su mirada descendió.

Entre mis piernas había semen mezclado con un poco de sangre.

—Eso me gusta.

Levanté la cabeza.

—¿Verme sangrar?

Lo dije haciéndome la tonta.

Él me miró inmediatamente.

—No. Ver mi semen bajando por tus piernas.

Le di un beso en el pecho.

Alessandro pasó los brazos alrededor de mí y nos quedamos así durante un rato.

Sin prisas.

Después me llevó hasta la bañera.

Para mi sorpresa, también la había decorado.

—¿También aquí?

—También aquí.

Entramos juntos al agua.

Miré nuestros cuerpos y no pude evitar reírme.

—Estamos hechos un desastre.

—Sí. —Me acercó a él—. El desastre más hermoso. Sobre todo cuando te viniste a chorros.

—¡Ya! Me da pena.

Su carcajada resonó en el baño.

Estaba detrás de mí. Me giró el rostro y me besó con lengua.

—No te avergüences. Es completamente normal. Estaría más preocupado si no estuviera haciendo bien mi trabajo.

—Tenías que presumir.

Volvió a reírse.

Sus manos recorrieron mi espalda con movimientos lentos y durante un rato simplemente permanecimos allí, disfrutando del agua caliente.

Hasta que sus manos llegaron nuevamente a mis pechos.

Los masajeó desde atrás.

Mi cuerpo respondió antes de que pudiera protestar.

Alessandro lo notó.

Claro que lo notó.

Acercó la boca a mi oído.

—Vámonos.

Giré un poco la cabeza.

—¿A dónde?

—La noche todavía es larga.

Antes de que pudiera decir nada, me levantó entre sus brazos.

Solté una risa y rodeé su cintura con las piernas.

Y mientras me sacaba de la bañera comprendí que tenía razón.

Todavía nos quedaba mucha noche.

Y por primera vez, no quería que terminara.