La obsesión de Moretti CAPÍTULO 7 #3
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CAPÍTULO 7 #3

—Todavía ninguno. Sophia trabaja parte del sábado, así que probablemente aproveche para hacer algunas cosas.

Perfecto.

—Entonces cena conmigo.

Se quedó quieta.

No formulé la pregunta de otra manera.

—¿Eso forma parte de tu defensa?

—Es mi siguiente argumento.

La sonrisa apareció lentamente.

—Qué conveniente.

—El sábado. Quiero llevarte a cenar.

—¿Dónde?

—The View.

Sus cejas se elevaron ligeramente.

—Vas fuerte con los argumentos.

—Te advertí que no me gustan las victorias fáciles.

Emma bajó la mirada hacia su café durante un instante.

No necesitaba conocerla desde hacía años para entender que estaba disfrutando de hacerme esperar.

—¿Y si digo que todavía tengo que pensarlo?

—Pensaría que estás abusando de tu autoridad como jueza.

—Eso no responde mi pregunta.

Me incliné ligeramente hacia ella.

—Entonces esperaría.

Sus ojos volvieron a los míos.

—¿Sin insistir?

—Te estoy invitando a cenar, Emma. Quiero que vengas porque quieres estar conmigo.

Algo cambió en su expresión.

Pequeño.

Pero lo vi.

—Está bien.

—¿Está bien qué?

Entrecerró los ojos.

—No abuses de tu suerte.

—Necesito una respuesta clara para mis registros.

—Sí, Alessandro. Cenaré contigo el sábado.

La satisfacción que sentí fue desproporcionada para una simple cena.

—Paso por ti a las ocho.

—Puedo llegar por mi cuenta.

—Lo sé.

—Entonces...

—Quiero recogerte.

Me sostuvo la mirada durante un par de segundos.

—Está bien.

Miré la hora.

Tenía que regresar.

—Ahora sí tengo que irme.

Me levanté.

Emma también lo hizo.

—Gracias por acompañarme.

—Gracias por permitirme interrumpir tu café.

Me acerqué para despedirme.

Esta vez fui más despacio.

Le di tiempo suficiente para apartarse si quería.

No lo hizo.

Mis labios rozaron otra vez la comisura de su boca.

Un poco más cerca.

Emma inhaló suavemente.

Me aparté antes de convertir aquel gesto en algo para lo que todavía no era el momento.

—Nos vemos mañana, bonita.

—Nos vemos.

Di unos pasos.

—Alessandro.

Giré.

Emma seguía junto a la mesa.

—¿Sí?

Había una sonrisa pequeña en sus labios.

—Acabas de recuperar un punto.

Sonreí.

—Mañana pienso conseguir muchos más.

Salí de la cafetería.

Emma

Lo vi desaparecer entre la gente de la calle.

Después volví a sentarme.

Miré mi café.

Miré la galleta que apenas había tocado.

Y finalmente miré hacia la puerta otra vez.

Una cita.

Acababa de aceptar una cita con Alessandro.

Mi teléfono vibró.

Sophia: ¿Almorzamos el domingo?

Yo: Sí. Y tengo algo que contarte.

La respuesta llegó inmediatamente.

Sophia: ¿ALESSO?

Me reí.

Yo: Tengo una cita mañana.

Los tres puntos aparecieron tan rápido que supe que iba a arrepentirme de haberle contado.

Sophia: AAAAAAAAAAAAAAAA

Aparté el teléfono de mi cara como si pudiera protegerme de ella.

Otro mensaje.

Sophia: MI CUÑADO AVANZA.

Negué con la cabeza.

Pero no conseguí borrar la sonrisa.

Maximilian

Cuando regresé al edificio, Daniel estaba cerca de los ascensores.

Me vio.

Miró el café que llevaba en la mano.

Después miró mi cara.

—No voy a preguntar.

—Excelente decisión.

Las puertas del ascensor se abrieron.

Entré.

Daniel hizo lo mismo.

—Pero supongo que la casualidad salió bien.

Presioné el botón del piso cuarenta y dos.

—Cenamos mañana.

Daniel soltó un silbido bajo.

—Rápido.

—¿Tienes algún problema?

—Ninguno. Solo estoy impresionado por tu extraordinaria buena suerte.

Lo miré.

Él sonrió.

—Perdón. Casualidad.

Las puertas se abrieron.

Salí sin responder.

—¡Que disfrutes la cena! —gritó detrás de mí.

Seguí caminando.

Elena levantó la vista cuando pasé, pero tuvo el buen juicio de no preguntar por qué había salido por un café teniendo una máquina perfectamente funcional a pocos metros de mi oficina.

Entré y cerré la puerta.

El sábado.

Una mesa.

Sin música ensordecedora.

Sin Sophia esperando a pocos metros.

Sin una cafetería llena de empleados entrando y saliendo.

Emma y yo.

Solos.

Mi teléfono vibró.

Era ella.

Emma: He estado reconsiderando tu caso.

Me senté antes de responder.

Yo: ¿Debo preocuparme?

Emma: Mucho. Mañana será una audiencia importante.

Una risa se me escapó.

Yo: Iré preparado.

Su respuesta tardó unos segundos.

Emma: Eso espero, señor Vitali.

Me quedé mirando aquellas dos palabras.

Señor Vitali.

Si supieras.

Escribí una respuesta, la borré y finalmente envié otra.

Yo: Mañana a las ocho, bonita. No me hagas esperar.

Esta vez su respuesta llegó enseguida.

Emma: No prometo nada.

Sonreí.

Emma todavía creía que estaba decidiendo si concederme una segunda cita.

Lo que no sabía era que algo había empezado a cambiar también para mí.

Había preparado las circunstancias para nuestro primer encuentro.

Había aprovechado el segundo.

Pero las conversaciones entre ambos ya no necesitaban ninguna intervención.

Ella me provocaba.

Me buscaba.

Se reía conmigo.

Y yo empezaba a esperar esas pequeñas cosas con una impaciencia que no tenía nada que ver con el plan que había trazado.

El sábado quería besarla.

No en la mejilla.

No cerca de la boca.

Quería descubrir qué ocurriría cuando dejara de detenerme a unos centímetros.

Pero había algo que quería todavía más.

Que cuando llegara ese momento, fuera Emma quien cerrara la distancia.