La obsesión de Moretti CAPÍTULO 1 #2
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CAPÍTULO 1 #2

—¿Todo esto es para mí?

—Todo tuyo.

Recorrí el espacio con la mirada.

—Gracias.

—No me agradezcas todavía —dijo Marc—. Espera a que empiece a darte trabajo.

—Eso sonó como una amenaza.

Una de las comisuras de sus labios se elevó.

—Era una advertencia.

—Deja tus cosas aquí. Antes de empezar quiero presentarte al equipo.

Lo seguí por el área de trabajo. En las paredes había fotografías de algunas de las sedes internacionales de Moretti Group. Reconocí Londres, Madrid, Singapur y Dubái.

Moretti Group era un conglomerado internacional dedicado a inversiones, consultoría estratégica y gestión empresarial. Trabajaba con grandes compañías e instituciones financieras, participaba en adquisiciones y reestructuraciones y ayudaba a empresas a expandirse dentro y fuera de Estados Unidos.

Durante la universidad había estudiado compañías de ese tamaño en más de una ocasión. Moretti Group aparecía con frecuencia: décadas de expansión, inversiones en distintos sectores, operaciones en varios países. Sobre el papel, todo se reducía a cifras, estructuras y estrategias empresariales.

Desde dentro, la dimensión era otra.

Y ahora tenía un escritorio allí.

Marc se detuvo junto a tres personas.

—Les presento a Emma Carter. Se incorpora hoy al departamento de Desarrollo Corporativo.

Una mujer de cabello negro fue la primera en acercarse.

—Hola, Emma. Soy Olivia. Bienvenida al equipo.

—Gracias.

El hombre sentado frente a ella levantó la mano.

—Ryan. Si Marc te llena el escritorio de informes antes del almuerzo, no te asustes. Es normal.

—No le hagas caso —intervino Marc—. Sigue resentido por su primera semana.

—Y con razón —respondió Ryan.

El tercero se acercó.

—Nathan.

Extendió la mano y la estreché.

—Emma.

—Sí, esa parte ya la escuchamos —dijo Ryan.

Olivia negó con la cabeza.

—Ignóralo. Se cree gracioso.

Esta vez se me escapó una risa. Por primera vez desde que había entrado al edificio, sentí que podía relajarme un poco.

Las presentaciones continuaron unos minutos más y, cuando Marc y yo regresamos a mi escritorio, el lugar ya no me resultaba tan intimidante.

—Muy bien —dijo—. Ahora sí vamos a trabajar.

Dejó una carpeta sobre el escritorio y tomó asiento frente a mí.

—Este será tu primer proyecto.

La abrí.

Estados financieros. Balances generales. Reportes de distintas filiales.

Eso sí era terreno conocido.

Empecé a revisar las primeras páginas y no tardé en notar diferencias considerables entre los resultados.

—Veo que ya encontraste algo —dijo Marc.

—Todavía no lo sé.

—Buena respuesta.

Señaló tres de los informes.

—Estas filiales están teniendo resultados muy distintos. Quiero que revises los balances, identifiques posibles problemas y prepares un informe con tus conclusiones.

—¿Para cuándo?

—Primero quiero ver cómo analizas la información. No busques darme la respuesta que crees que quiero. Si encuentras algo, susténtalo.

—Entendido.

Volví a los documentos.

Ahora sí tenía ganas de empezar.

Continuaba explicándome algunos detalles del proyecto cuando sonó su teléfono corporativo.

—Marc Bennett.

Escuchó durante unos momentos.

—Está bien. Lo tendrá antes del mediodía.

Colgó y se dirigió a uno de los archivadores.

—Necesitan el informe financiero consolidado del trimestre.

Ryan, que pasaba cerca, se detuvo.

—¿Piso ejecutivo?

—Sí.

Nathan levantó la cabeza desde su escritorio.

—¿Lo pidió Moretti?

Marc sacó una carpeta negra.

—Así es.

—Algún día voy a conocer a ese hombre —dijo Ryan.

Olivia apartó la atención de su computadora.

—Llevas diciendo eso desde que llegaste.

—Cinco meses —respondió Ryan—. Cinco meses trabajando aquí y todavía no me lo he cruzado ni una vez.

La conversación despertó mi curiosidad.

—¿Es tan difícil verlo?

—Si trabajas en el piso cuarenta y dos, probablemente no —dijo Olivia—. Para el resto de nosotros, bastante.

—¿Y nunca baja?

—Claro que baja —intervino Marc—. No conviertan al hombre en una leyenda.

Ryan se encogió de hombros.

—Tú lo dices porque lo has visto.

Miré a Marc.

—¿Y fuera de la empresa? ¿No aparece en entrevistas o eventos?

—Muy poco —respondió Olivia—. Intenta encontrar una fotografía reciente suya.

—El señor Moretti mantiene un perfil bastante reservado —aclaró Marc—. Ahora dejen de asustar a Emma en su primer día.

Guardó el informe bajo el brazo y miró la hora.

—Continúa con los balances. Volveré más tarde para ver cómo vas.

—Esta bien.

Marc se marchó y los demás regresaron a sus asuntos. Yo hice lo mismo. Tenía tres filiales frente a mí y suficientes números para mantenerme ocupada durante horas.

Tomé la libreta, escribí el nombre de la primera empresa en la parte superior de la página y empecé.

Maximilian

Las cámaras de seguridad mostraban cada rincón del piso ocho. No era una costumbre revisar las grabaciones, al menos no para mí, pero aquel lunes era diferente.

Allí estaba Emma Carter.

Sentada frente a su escritorio, completamente absorta en los estados financieros que Marc había dejado sobre su mesa. Revisaba cada página con paciencia, hacía una anotación en su libreta y continuaba con la siguiente, como si nada más existiera a su alrededor.

No era la primera vez que sabía de aquella concentración. Sus profesores la habían mencionado más de una vez en los informes académicos. Verla con mis propios ojos, sin embargo, era diferente.

Sin proponérmelo, dejé de prestar atención a los demás monitores. Mi mente regresó al día en que la conocí.

Aquel orfanato seguía grabado en mi memoria con una claridad que nunca conseguí explicar. Las encargadas del hogar me contaron su historia mientras ella permanecía apartada de los demás.

Primero había perdido a sus padres. Después llegó la señora Eleanor, dispuesta a convertirse en el hogar que Emma necesitaba.

Pero tampoco duró mucho.

Dos meses después, volvió a quedarse sola.

Al principio había sido protección.

Nada más.

Quería asegurarme de que tuviera las oportunidades que la vida le había arrebatado demasiado pronto. Durante años, eso fue suficiente.

De vez en cuando llegaba un nuevo informe: sus calificaciones, los reconocimientos académicos, las cartas de recomendación, las fotografías de sus graduaciones.

Nunca tuve que intervenir en ninguno de sus logros. Emma siempre abría las puertas por mérito propio. Yo únicamente procuraba que ninguna de ellas se cerrara antes de que tuviera la oportunidad de cruzarla.

Pero los años pasaron y algo cambió.

Dejé de preguntar por ella únicamente para asegurarme de que estuviera bien.

Empecé a esperar aquellas noticias. Pensaba en ella más de lo que estaba dispuesto a admitir.

Si Sophia había conseguido aliviar un poco esa soledad que durante años pareció acompañarla.

Si era feliz de verdad cuando nadie estaba mirando.

Hasta que tuve que reconocer algo que llevaba demasiado tiempo evitando.

Aquello ya no era protección.

La niña que había conocido en aquel orfanato pertenecía al pasado. Emma era una mujer.

Inteligente.

Fuerte.

Extraordinariamente capaz.

Y lo que sentía por ella también había cambiado.

Volví a fijar la vista en las cámaras. Seguía trabajando, ajena a mi presencia al otro lado de aquellas pantallas.

Podía bajar en ese mismo instante. Entrar en su oficina. Presentarme. Estrechar su mano.

Después de todo, era mi empresa. Nadie cuestionaría mi presencia allí.

Pero no.

No quería que nuestro primer encuentro ocurriera dentro de Moretti Group. Aquí sería imposible separar al hombre del apellido.

Y yo quería saber cómo me miraría Emma Carter antes de descubrir todo lo que ese apellido significaba.

Me levanté y caminé hasta el ventanal. Cuarenta y dos pisos más abajo, Manhattan continuaba moviéndose con su caos habitual. Miles de personas cruzándose sin conocerse. Encuentros que ocurrían por accidente.

Casualidades.

Casi sonreí.

Emma todavía creía en ellas.

Yo no.

No pensaba dejar nuestro primer encuentro en manos del destino. Ya había esperado suficiente.

La próxima vez que estuviera frente a ella, no habría una pantalla entre nosotros.

Ella creería que nuestros caminos simplemente se habían cruzado.

Y yo me encargaría de que jamás sospechara lo contrario.