La Obsesión de mi Bestia (Pétalos de sangre nº 1) Capítulo 33
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Capítulo 33

Sé lo que era.

Abro los ojos. Me he quedado dormida.

Después de escuchar los disparos, mi cerebro se desconectó y ahora estoy envuelta en los brazos de mi esposo mientras él acaricia mi cabello.

Ripley estaba herido.

Me sobresalto y siento dolor en todo mi cuerpo.

—Cielo santo, Rose. ¿Estás bien?

—¿Qué pasó?

Puedo ver algo extraño en su rostro. Está confundido. Bueno, yo también lo estoy por la forma en cómo me mira como si fuera un bicho raro.

—¿Ripley está bien?

—Está bien—es lo único que dice y continúa viéndome raro. ¿Qué ha pasado? Solo recuerdo disparos y Ripley siendo herido, después él llegando y yo cayendo profunda en su pecho.

—¿Lilith?

—Está en su casa desde ayer. Has dormido dos días seguidos, Rose.

—¿Qué?

—¿Qué es lo que recuerdas?

—Disparos—me quedo en esa palabra. En esa única palabra y lágrimas comienzan a salir, recordando todo en cámara lenta.

Yo disparando hacia otros hombres, tomando el arma como una maldita profesional y quitándoles la vida.

Luego todo oscuro. Solo tenía que matar.

¿Y si le hubiese disparado a Bear o sus hermanos?

—¿Rose?

—Yo… yo…—cuando intenta tocarme, salgo disparada hacia atrás. Horrorizada por lo que he hecho. Soy una asesina. Lo hice en el restaurante una vez, pero fue acto reflejo. Ellas ellos o nosotros y muchas personas inocentes.

Pero esto se sintió diferente. Se sintió real, como si ya lo hubiese hecho antes y no solo una vez.

—Yo maté…

Me trae hacia a él a pesar de que le golpeo las manos y los hombros para que me suelte. No quiero que me toque.

—Vas a dejar de luchar, maldita sea—gruñe y su toque es suave, me agarra la barbilla y hace que lo vea—Eres mía. No me alejes de ti. No se te ocurra apartarme, cariño.

—Yo mate a esas personas.

—Esas personas iban a matarte a ti, a tu amiga y a Ripley.

—¿Cómo…

No entiendo cómo no está asustado como la mierda como yo. ¿Acaso él lo sabía?

—¿Qué recuerdas, Rose?

—No puedo.

—Sí, puedes. Dime qué fue lo que te hicieron, ¿Qué recuerdas? Nada de lo que hayas hecho hará que me aparte de ti. Estoy jodidamente orgulloso de la mujer que eres. Ni siquiera mi mierda te ha apartado de mí, no dejaré que lo hagas ahora.

Me limpia las lágrimas y me acuna hacia su cuello, lo abrazo y me aferro a él como si mi vida dependiera de ello.

Comienza a acariciarme la espalda y mi respiración se normaliza.

Es cuando comienzo a hablar y le cuento todo.

Los pequeños recuerdos; pero que son gigantes en mi cabeza. Lo que detona mi cerebro y me jode.

No quiero matar a nadie más.

No quiero tocar un arma, no quiero. Porque no me gusta en lo que me convierto.

—Te hicieron un soldado—dice al fin de un breve silencio—te entrenaron, por eso eres buena disparando. De eso se trata el proyecto pétalo de crear soldados sumisos. Es una mierda peligrosa. Y voy a destruirla, nadie puede tener algo como eso, nadie es un jodido dios.

—No quiero que te hagan daño.

—Si tengo que morir para protegerte lo haré. Ni siquiera la Bratva puede darme órdenes, eres todo lo que me importa ahora. Y al que no le guste puede irse a la mierda.

—Nadie más va a morir por mi culpa, Bear.

—Voy a matarlos a todos, Rose.

Me aparto de él de golpe, viendo como lo ciega la ira. Miro alrededor y todas las bolsas de compras están en una esquina de la habitación. Pensé que había perdido todo.

—No vas a salir de este castillo.

No puedo creer que me esté diciendo eso.

De algo estoy segura, no corro el mismo peligro cuando sé usar un arma.

Pero sé porque no quiere que salga, mi mente jodida es lo que quiere encerrar en este castillo.

No entiendo cómo mi mente reacciona hasta ahora, le ha dado la gana despertar hasta ahora.

Pero me digo a mí misma que es a tiempo.

Todavía estoy a tiempo.

—No vas a ordenarme eso, Bear. No soy un objeto el cual puedes encerrar aquí.

—No, no lo eres. Pero no voy a dejar que seas el blanco de mis enemigos. No voy a permitir que…

—¿Qué? —presiono—¿No quieres ver en la pesadilla que me convierto?

¿No quieres que mate a nadie más sin darme cuenta?

¿Por qué puedes ser tú? ¿O tus hermanos?

¿O Ripley? No va a suceder. Me viste, no va a suceder.

No funciona así. Lo que siento por ti, por ustedes no me hace peligrosa o querer hacerles daño.

—Rose…

—¡Basta! No me trates como ellos. —mi voz es apenas un susurro—No me trates como si fuera frágil y me romperé si me tocas. Me casé contigo sabiendo lo que eras. Ahora tú debes aceptar lo que soy.

—Jamás aceptaré en lo que te convirtieron—suelta de golpe y mi pecho duele. Literalmente me duele. Él creía que era una frágil rosa, como las que tiene en su jardín. Una mujer bella, diferente a las demás. No se daba cuenta lo realmente jodida que estaba. Lo puedo ver en sus ojos.

El arrepentimiento.

—¿Qué se siente que no sea perfecta como creías? Que estoy dañada de todas las formas posibles…

—Cállate, maldita sea—niega y camina hasta donde estoy yo.

Su perfecto traje y mi ropa de dormir nos hacen ver tan frágiles, tan diferentes. La forma en cómo me ve ahora. La impotencia, la rabia, la venganza. No quiero que acaben con él.

—Ni siquiera lo intentes, florecilla —amenaza—Pensé que había sido claro contigo. Ya no puedes alejarme. Nada de ti me asusta.

Trago bajo la amenaza que se esconde bajo la manga. Su obsesión sigue latente ahí y me doy cuenta que el sentimiento es mutuo. Imaginarme sin él, me mata. Ponerlo en peligro a él y a los suyos por mi culpa también. Si tengo que encerrarme aquí entonces lo haré.

—No quiero hacerte daño. ¿Qué pasa si ocurre otro ataque y me pongo en modo Lara Croft?

Apenas y se ríe de mi chiste. No es nada divertido, lo sé. Pero no sé qué más hacer.

—Nunca nos harás daño—atrapa la primera lágrima—te ayudaré a controlarlo. Eres mi esposa, no una asesina, eso déjamelo a mí. Yo mataré lo suficiente por los dos, cariño.

Me quita la camisa por encima de mi cabeza y estruja mis pechos con ambas manos cuando los besa haciendo de lado mi sostén.

Cuando me despoja de la poca ropa que me queda, gruñe:

—De rodillas.

—Bear…

Trago. Porque conozco ese tono de voz. Está jugando a ser mi sombra de nuevo. Quiere que me olvide de todo. Sabe que su oscuridad me hace olvidar.

—Dije de rodillas—busca mi sexo ya húmedo. Siento la facilidad en cómo desliza sus dedos dentro de mí. No tengo otra opción que caer de rodillas.

Se baja los pantalones, haciéndolos a un lado y mostrándome su gran erección cargada en una mano. Conduce su pene goteando frente a mí y automáticamente abro mi boca y lo recibo dentro.

Bear echa la cabeza hacia atrás y comienzo a comerle la polla a toda velocidad. Es tanta, con maestría que siento que se va a correr en mi boca. Pero me detengo. Sintiendo su mano en mi moño, me quita la liga del cabello y deja caerlo como cascada.

A continuación, lo miro, me está observando y pienso por un segundo en qué pasa por su mente. Tiene miedo.

Tengo miedo.

Me detiene y me levanta suavemente, tomándome el rostro y depositando un beso suave en mis labios.

Sin brusquedad, sin decir una sola palabra. Nuestros cuerpos están hablando por sí solos.

Me gira hacia la cama, de espaldas. Me acuesta sobre mis pechos, agradeciendo no verlo a la cara y al mismo tiempo siendo una tortura, pero sé que si lo veo me dolerá. No quiero que sienta miedo por mí.

Siento que besa mi espalda y toma con una mano mi cabello cuando se hunde esta vez de manera desesperada y agradezco que no sea suave.

—¡Ahhh, Bear!

Grito de lo bien que se siente.

—Me encanta cómo te pierdes en mí, florecilla. Tu coño siempre está preparado y quiere que lo haga llorar.

Empuja más duro, haciéndome temblar.

Toma mis manos y las lleva hacia atrás. Tomándolas como impulso para entrar y salir de mí con maestría. Nada de lo que obtengo de él lo había tenido antes. No de él ni de ningún otro hombre.

Sale y me gira con brusquedad. colisiona sus labios con los míos mientras que con ambas manos toma mis pechos. Apretando mis pezones y deslizándose nuevamente dentro, despacio, rápido, despacio.

Sin dejar de besarlo. Sin dejar de sentirlo y sin dejar que el miedo nos quite esto. Soy la primera en correrme y después con un gruñido bestial se corre él. Me toma entre sus brazos y me lleva hasta la ducha.

Despierto con mi cabello pegado a mi espalda y frente.

Otra pesadilla. Y el otro lado de la cama vacío y frío.

Siento la necesidad de buscarlo, lo necesito.

Me pongo una bata de seda y me amarro la cinta alrededor de la cintura y abro la puerta.

Las luces del pasillo siguen encendidas.

Si Bear está en la biblioteca voy a matarlo.

No puede estar trabajando a esta hora, amanecerá pronto.

En cuanto llego al pasillo me detengo cuando escucho las voces de Bear y Ripley discutiendo por algo.

—Lo sabías, sé que lo sabías—por la forma en como habla Bear parece que quisiera matarlo—has visto los videos de las otras personas. Sabías que también habían hecho eso con Rose. ¿No es así?

No hay respuesta del otro lado.

—Mi trabajo era monitorearla mientras estuviera acá, Bear. Casarte con ella es parte del trabajo también. Lo sabes. Es la única forma que obtendrías el proyecto pétalo. Sabes que sigue dentro de ella. Pero no sabía que habían hecho eso con ella. No tenía idea.

Mis piernas fallan y caigo al suelo.

—Te dije que estaba mal. Y no quisiste escucharme. —continúa Ripley—¿Sabías que ha estado sangrando por la nariz? Ese fue el primer indicio que algo no andaba bien con su cerebro.

—Eres médico. Tu trabajo era curarla.

—Sabes que no es así de fácil.

—¡Es mi esposa! No me pidas que me quede de brazos cruzados. Te mataré. Me importa una mierda que seas el padre de mis hermanos y mi tío.

Me levanto del suelo y abro la puerta casi de una patada. No solamente está con Ripley, sus hermanos también están ahí y Dimitri. ¿Por qué este hombre sigue en todas partes? Es como su maldita sombra. Me abrazo a mí misma cuando los ojos de todos se posan en mí.

Debo ser un maldito bicho raro para todos ellos. Pero lo que más me desgarra es saber la verdad. El matrimonio fue una maldita mentira orquestada por Bear y la Bratva.

—Todos fuera—ordena Bear y en segundos solo somos él y yo.

Cuando solo estamos nosotros solo quiero decirle un par de cosas. No necesito una escena, estoy demasiado cansada para pelear.

—Yo era… un simple trabajo.

—No, no es así, Rose. No eras solamente eso.

Si supiera como se ve ahora. Asustado como la mierda porque he descubierto todo.

—Te estabas divirtiendo conmigo, vigilándome, acechándome, siendo mi sombra.

—Cariño, no es así.

—¡No me llames así! —siento mi corazón romperse— Confié en ti, he sido sincera desde que te conocí y tú solamente has estado engañándome. Usándome de carnada para…

—¡No es así, joder!

Camina hacia mí y retrocedo.

—¿Te ibas a ir? Después de que todo terminara. Te gusta desaparecer, eres bueno en eso. ¿Te ibas a ir no?

No responde.

—Quiero que te vayas.

Y por primera vez mi sombra, me obedece y se esconde más allá de las sombras y yo me quedo hecha polvo y sintiendo los fragmentos de mi corazón cortando todo en su interior.

No lo detengo, solo lo dejo salir.

Grito y lloro hasta quedarme dormida tirada en el suelo donde por primera vez me sentí amada por él.