Capítulo 32
Nada ha terminado.
No quise un viaje.
No quiero una luna de miel. No mientras me sienta con miedo todo el tiempo y la mirada de Bear esté viéndome de la forma en que lo hace ahora.
Llevo unos leggins y una camiseta de las suyas que me cubre hasta las nalgas.
Esta mañana solamente quería sentirlo cerca de mí.
En cuanto salí del tocador me recibió con una sonrisa cuando me miró con una de sus camisetas puestas.
—Eres la criatura más hermosa de este jodido planeta, florecilla.
Apenas y sonreí y lo abracé. Le devoré los labios con mucha hambre y bajamos a desayunar antes de que su camiseta terminara en el suelo. Aunque quería follar, parece que Bear sentía la tensión en mi cuerpo cada vez que me tocaba.
Las pesadillas no pararon en toda la noche. Y las vivas imágenes seguían ahí cada vez que cerraba los ojos. ¿Por qué hasta ahora? Ni siquiera cuando Ripley jodía con mi mente las imágenes eran así de claras.
Mis dedos duelen por lo mucho que estoy apretando el tenedor en mi mano y Bear se da cuenta.
—¿Quieres hablar sobre ello?
Niego.
—No.
Toca mi mano por un leve segundo y la aparto. No se enfada, lo entiende.
—Sabes que estoy aquí si me necesitas. ¿Verdad? —después de lo que le dijera ayer. Él sigue ahí queriendo protegerme hasta de mi mente.
Sonrío y asiento.
—¿Qué te parece un día de chicas con Lilith? —sé lo que intenta hacer.
—Bien.
—¿Puedes decirme al menos más de una palabra, cariño?
—Está bien.
No le da tiempo de protestar cuando Ripley se acerca con Konstantin y Anton como si quisieran matar a un centenar de personas. Están enfadados por algo o algo malo sucedió.
—Lamento interrumpir—Ripley es el primero en hablar—Bear algo salió mal con los italianos. Sergei quiere que te encargues.
Bear gruñe a mi lado.
—Supongo que no importa que esté en mi luna de miel.
—Ve, estaré bien—le digo tocando apenas su mano. ¿Qué sucede conmigo hoy?
—No lo estás, Rose.
—Le hablaré a Lilith y tendré que ese día de chicas como sugeriste.
Se lo piensa mejor. De ningún momento dejaré que deje de trabajar por quedarse a cuidarme. Estoy bien. Es solo mi mente jodiendo conmigo otro día más. Tiene que encargarse ahora de cosas importantes ahora que es el Pakhan.
—Yo me quedaré con ella—dice Ripley—Seré tu acompañante hoy, Rose. Ella estará bien.
—¿Ves? Ripley será mi mejor amigo hoy. Estaré bien.
Bear saca de su chaqueta una tarjeta de crédito negra.
—Esto es para ti—la coloca frente a mí—no escatimes en gastos, compra lo que necesites para ti y para Lilith.
Mierda. Desde luego que lo haré.
Aprieto su agarre y siento un leve temblor en mi mano. Bear se las arregla para asentir y se levanta de la mesa. Deposita un beso en mi cabeza y se va con sus hermanos.
Sigo sin tocar mi desayuno cuando Ripley se sienta a mi lado.
Estamos desayunando en el jardín. Me sorprendió esta mañana Bear con una gran mesa de exterior cerca de la piscina y los rosales. Huele delicioso y sentir el sol en mi piel en verdad me relaja.
—¿Noche dura? —me sonrojo inconscientemente recordando lo que hicimos anoche y Ripley se da cuenta—Cielos, me refiero a todas las personas que conociste. Entiendo si te sentiste triste porque tus padres no estuvieron aquí.
—La verdad es que no. No estoy triste. Me sentí aliviada si me lo preguntas.
—¿Y eso por qué es?
—Supongo que con mis padres nunca me sentí libre. Incluso cuando me hice mi primer tatuaje. Mi madre tuvo que estar todo el día en el spa para poder relajarse. Cuando… me dejaron libre. Lo primero que quise hacer fue tatuarme. Era el dolor que podía controlar, que yo podía detener.
Lo encuentro viéndome y se aclara la garganta. Este hombre tiene un gran peso encima. No se perdona aun lo que me hizo recordar. Pero la verdad es que le agradezco.
—¿Lo sabe Bear?
—No. Te lo estoy diciendo a ti.
—Tengo que decirlo, Rose. No me perdonaré nunca lo que Bear me hizo hacerte.
—No tengo que perdonarte nada, Ripley. Se tenía que hacer. Estaba viviendo una mentira. Si no me hubieras ayudado a recordar yo seguiría sin saber quién soy realmente.
—¿Y quién eres?
—Estoy intentándolo cada día descifrarlo, gracias a ti y a Bear. Aunque sus métodos sean un poco locos.
Ambos nos reímos.
—Está loco por ti. Nunca lo había visto así por alguien.
—¿Nunca ha habido otra chica?
Pensar en Bear con otras mujeres me hace hervir de los celos. Es un hombre extremadamente hermoso y poderoso. Desde luego que hay una historia. A menos que, mi esposo se haya reservado todo este tiempo para entregarse por completo a su obsesión.
—Hubo varias mujeres, ninguna seria. Nada que durara más de una noche. Sus cicatrices lo han hecho diferente, en su cabeza, la forma de ver el mundo. Bear siempre ha sido un hombre difícil, pero contigo lo creas o no, ha cambiado.
—¿Y cómo es eso?
Ripley deja de sonreír y es como si recordara cada crimen que Bear ha cometido. Es grave.
—Ya hubiera matado a tu padre, Rose. Pero no lo hace por ti. Para no lastimarte, sabe que eso te mataría. Bear no perdona, no da segundas oportunidades. Es una máquina de matar. Y tienes que tener mucho cuidado ahora que eres su esposa.
—¿Crees que me lastimaría?
—No. Pero dios proteja a quien te vea de forma incorrecta o te lastime.
Hará que se libere la bestia que esconde en su interior.
Eres su debilidad y me ha costado mucho admitirlo.
Pero lo eres. Por eso todos debemos protegerte para mantenerlo cuerdo al hijo de puta. Entiendo porque te casaste con él.
—Voy a detenerte ahí, Ripley. —que crea que me casé con él porque le tengo miedo.
Está equivocado—No le tengo miedo a Bear.
Nunca le he tenido miedo y creo que lo sabes.
Y yo también supe que su obsesión terminaría atrapándome.
Pero no hay nada en el mundo que me haga sentir segura, amada que él.
Me ha hecho darme cuenta de lo fuerte que soy, ha quitado el velo de la mentira de mis ojos y es por eso que me enamoré de él.
¿Crees que me imaginaba en este día? Odiaba al maldito bastardo por lo que me hacía sentir desde que me acechaba.
Que se acercara fue solo la cereza del pastel. Lo quise mío tanto como él me quería.
Ripley sonríe y niega para sí mismo.
—Lo sé. Estamos jodidos.
Reímos juntos y siento en mi pecho una presión que me quita el aliento. Ripley se da cuenta y se alarma.
—¿Has tenido ataques de asma?
—No, es extraño desde hace mucho tiempo no los tengo. Pero…
—Pero ¿Qué, Rose?
No puedo decirle que mi nariz ha sangrado. Me haría exámenes y Bear se pondría como loco. Lo que sea que se esté encargando ahora es más importante que yo. No quiero que se meta en problemas por cuidar a su esposa.
—Nada, solo me he sentido cansada. Casi no he podido dormir, tengo muchas pesadillas.
—Te daré algo para dormir—aconseja.
—Gracias.
Ripley conduce mientras recogemos a Lilith de la florería de su padre. Después de que le dije que no volvería a tocar, decidió apoyar a su padre en el negocio familiar. En cuanto veo a Lilith veo la preocupación en sus ojos.
—¿Está todo bien?
Lilith ve a Ripley y dice por lo bajo:
—Es Alex. No sabemos de él en quince días. Sabes que desaparece de pronto cuando apuesta.
—¿Le han avisado a la policía?
Aunque Alex sea un idiota. No deja de ser el hermano de mi mejor y única amiga y entiendo su preocupación. No debería sentirme mal por el bastardo, pero lo hago por Lilith.
—Mi padre lo ha hecho, pero ya sabes lo que sucede. Alex es un adicto a las apuestas. Mientras no haya indicios de que su vida corre peligro la policía no hará nada. No me sorprendería que apareciera muerto, de hecho, me daría un poco de tranquilidad de que mi padre tenga un poco de paz ¿Sabes?
La atraigo hacia mí.
—No digas eso. Es tu hermano.
—Es un idiota. Y nunca le perdonaré lo que te hizo.
—Y te lo agradezco. Pero no deja de ser tu hermano.
—¿Crees qué tu esposo pueda ayudarme a buscarlo? Se lo pregunté a Konstantin y dijo que no movería un dedo por él.
—¿Ustedes han regresado a hablar?
—Somos amigos, supongo. No lo sé. Creo que es mejor.
No se puso celoso de mi cita en tu boda como pensé.
Le dio igual y a mí también su reacción, demasiado intenso para mí.
No te ofendas, Ripley—dice y Ripley niega con la cabeza.
Conoce a sus hijos a la perfección y sabe cómo son.
Kostya no es la excepción, es un chico raro.
No me sorprendería que pronto encontrara una chica a la cual aferrarse, creo que es lo único que mueve a los hombres Romanov. La obsesión.
—¿Quieres que le pregunte a Bear?
—No quiero meterte en problemas con tu marido por el idiota de mi hermano. Es un milagro que no lo haya matado.
—Lamento interrumpir—dice Ripley—pero si la desaparición de Alex muestra amenaza alguna para cualquiera de las dos, Bear no estará feliz.
—¿Crees que lo encuentre? —pregunto.
—Créeme. Lo hará. Pero no te gustará lo que le hará si lo hace.
Mierda.
Una hora después estamos dando vueltas por todo el centro comercial.
Necesito ropa nueva que no sea color rosa o roja.
Necesito mis vaqueros negros y chaquetas de cuero.
Seré la esposa de un Pakhan, pero no me vestiré como una Barbie.
Aun llevo la camisa de Bear, me he puesto una chaqueta y mis botas y me veo jodidamente sexy, lo sé.
Por como los hombres se me quedan mirando.
Incluso con Ripley al lado mío que gruñe cuando un hombre me mira de forma lasciva incluso con una camiseta cuatro tallas más grande que yo.
—¿Sólo tú nos cuidas, Ripley? —no sé por qué, pero tengo la sensación de que alguien nos sigue. Y cuando veo la sonrisa de Ripley sé que no estamos solos.
—Bear me mataría, lo sabes. Así que no. Hay tres hombres siguiéndonos y otros cuatro fuera despeinando el área y un dron por cualquier cosa.
—Mierda, ni siquiera la gente de la realeza tiene tanta seguridad.
Otra sonrisa cruza la cara de Ripley y continuamos ahora en una tienda de caballeros donde pienso también comprarle algo a mi esposo y poder disculparme con él.