La Obsesión de mi Bestia (Pétalos de sangre nº 1) Capítulo 31 #2
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Capítulo 31 #2

—Claro, querida. Debes estar exhausta—Isabella me sonríe y yo me encamino hacia el baño asegurándome de que Bear no me siga.

Me encierro en el baño y siento algo de tranquilidad cuando dejo el bullicio en el exterior.

Me veo al espejo imaginario, debo estar pálida.

Espero que nadie se haya dado cuenta que la presencia de Volkov me dejó descompuesta sin razón alguna.

De pronto la puerta se abre y me encuentro con Bear que me mira como si se le fuese a acabar el mundo.

—¿Estás bien?—acorta nuestra distancia y me atrae hacia el para que lo vea a la cara.

—Sí.

—No me mientas, joder. ¿Es porque tocaste?

Tiene razón. Dijimos que no más mentiras. Pero es que yo tampoco cuento una explicación lógica a mi reacción.

—La presencia de ese hombre. No… ni me gusta cómo me siento cerca de él.

—¿Hablas de Volkov?

—Sí, lo conozco de algún lugar. Pero no sé de dónde. Es la primera vez que lo veo, lo juro. Y su anillo. Tiene un anillo de calavera.

Bear recuerda lo que le dije y su mandíbula se tensa antes de abrazarme.

—No tienes que jurarme nada. Te creo. No te preocupes se ha ido junto con Sergei. —besa mis labios y luego se aparta lentamente —Vamos, Lilith ha estado tocándome los cojones con el fotógrafo que ha traído que también es su cita. ¿Lo sabías?

—Me comentó sobre algo. —tomó la mano de mi esposo y ambos salimos del baño. Siento su espalda pegada detrás de mí y mi cuerpo se calienta.

—Bear.

—O podemos hacerlos esperar un poco mientras me como el coño de mi esposa. He querido hacerlo desde que te sentaste en ese piano y tu pierna estaba expuesta. Todos estaban mirándote y yo no podía dejar de pensar en cómo iba a castigarte esta noche.

Me giro para verlo y ahí está esa mirada provocadora llena de lujuria. No está bromeando. No pude cambiarme para tocar, sabía que se enfadaría por mostrar según él demasiada piel. Al menos estuvo atento a algo más que solo mis dedos sobre el piano.

—No es Justo. Ya no puedes castigarme, soy tu esposa.

Mete su mano por debajo de la hendidura del vestido que traza casi toda mi pierna y llega hasta mi ropa interior. La rasga y luego comprueba lo húmeda que estoy ya por él.

—Siempre extrañándome.

Gimo en su boca cuando lo atraigo hacia mí y hago que me bese.

—No cambiaré mis castigos porque seas mi esposa, florecilla. En todo caso, seré peor.

¿Es normal que eso me excite?

Asiento con la cabeza a su no pregunta y le devoro la boca con mucha hambre. Lo amo demasiado que duele y quiero aprovechar cada segundo que tengo.

Pero en cuanto sus manos abandonan mi coño me quejo.

¿Ese es un castigo?

—Vamos, no hagamos esperar a los invitados.

—Voy a matarte. —me quejo siguiéndolo sin bragas fuera de la habitación.

Me veo al espejo de mano antes de salir. Bear está impaciente por verme. Me he quitado el maquillaje y he dejado las ondas de mi cabello sueltas. El traje sexy de encaje negro me queda a la perfección y debo decir que es una versión bastante inocente y sexy a la vez. Espero que a Bear le guste.

Abro la puerta y lo encuentro sentado y apoyado al cabecero de la cama. Sin ropa. Su pecho se agita cuando me ve.

—Malysh. —gruñe viendo mis piernas y mis pechos ajustados en la tela de encaje—idi syuda, ozornoy tsvetochek.[6]

—¿Te he dicho que suenas muy sexy cuando hablas ruso?

—Ven aquí, ahora.

Camino lentamente hasta llegar al pie de la cama y desciendo lentamente mostrándole mis pechos en esta dirección.

Sus ojos están clavados en los míos y su pecho sube y baja rápidamente.

Le quito la sábana de encima y su polla salta por encima de sus muslos.

Se me hace agua la boca por llegar ahí. Pero me detengo en sus tobillos cuando comienzo a trazar besos desde ahí hasta llegar arriba por sus rodillas.

El interior de sus muslos. Sus manos aterrizan en mi cabello y lo hace puño gruñendo y maldiciendo palabras en ruso que no tengo idea de lo que significan.

—Joder, cariño.

Está temblando. Recuerdo que no le gusta que le toquen la espalda, el pecho y hombros, pero no sabía nada sobre sus piernas. Me detengo y lo veo con los ojos cerrados.

Lo agarro con ambas manos y lo atraigo a mi pecho para que escuche como de fuerte late mi corazón.

—¿Escuchas eso?—no espero que responda—eres la causa, cariño. Eres la única persona que me hace sentir viva.

No espero que lo entienda. Pero de todas maneras quería decírselo. Cuando quiero apartarme de su regazo me agarra las nalgadas y abre los ojos. Por un momento me quita el aliento. Está demasiado serio ahora mismo. ¿He dicho algo malo?

Veo sus rasgos. Incluso hoy en su traje de tres piezas y su cabello recogido en un moño lo hacían ver el hombre más hermoso del lugar.

No he querido preguntarle por qué no quiere que lo toque. No creo que lo de los espejos sea por cómo luce. Sus cicatrices lo hacen ver más hermoso de lo que es.

Lentamente busca mis manos con las suyas y cuando veo donde las lleva me pongo rígida. Pero él es más fuerte que yo y se siguen moviendo. Cuando llegan a su pecho y se detienen en el centro de este, quiero echarme a llorar. Lo abrazo y toco su espalda.

Me está dejando tocarlo y es una lucha internar entre sentirme especial y echarme a llorar.

Hago las dos cosas. Bear limpia mis lágrimas y estoy tumbada ahora de espaldas y él sobre mí.

Deja besos por todo mi cuerpo y llega el interior de mis muslos donde me devano los sesos por lo bien que se siente. Lamiendo y chupando mi clítoris.

—Sabes tan bien—murmura ahí abajo—y eres toda mía. Podría comerte por horas y hacer que tu coño llore por mí.

Sí. Le creo. Y quiero que lo haga.

Con un bramido digo su nombre y me corro en su cara.

Sus labios llegan a los míos y siento mi sabor al mismo tiempo en que lo siento de lleno.

Su empuje es suave y lento como una tortura.

Es nuestra noche de bodas donde solo existimos él y yo.

Nadie ni en un millón de años pensaría que me convertiría en lo que soy ahora gracias a él.

Siento que puedo ganar la guerra si él estaría observándome.

—Te amo tanto—gimo en su cara y sonríe cuando sale y entra. Esta vez más rápido, más preciso. Mete una mano en medio de los dos y acaricia mi clítoris. Le beso la cara y le aruño la espalda. Lo que hace que su polla se hinche más y me llene desde la empuñadura.

Le doy más acceso cuando me abro más de piernas y se las lleva hasta los hombros donde tira de mí por mis caderas y siento el remolino dentro de mi vientre cuando otro orgasmo me golpea y me retuerzo. No me deja un solo segundo de ver y me excita porque sé lo que está haciendo.

—Te amo—vuelvo a decirle.

Su dedo acaricia de nuevo mi clítoris. Dios, no puedo más. Quiero quitar su mano, pero me detiene cuando mi excitación se forma de nuevo. Está acabando conmigo y es real lo de hacer mi coño llorar por tanto tiempo.

Entra y sale con maestría cuando exploto de nuevo, él está vez conmigo. Se desploma sobre mí y me besa toda la cara.

—También te amo, cariño.

Continuó abrazada a él. No dejo de tocarlo y siento como tiembla bajo mi toque. Me siento para verlo y tiene la mirada lejos de aquí.

—¿Qué te pasó, Bear?

Sabe lo que quiero saber. Quiero que me diga quien lo lastimó.

—Odio hacerte esto en la noche de nuestra boda, Malysh. No quieres saberlo.

¿Saber qué?

Comienza a tocar su pecho y veo cómo se aclara la garganta por el esfuerzo que hace para tolerar que lo toque.

Quita sus manos y me deja hacerlo por mi cuenta.

Trazo suaves movimientos en sus pectorales llenos de tinta.

Lento y preciso sin querer asustarlo. Luego llego hasta su cuello y hago círculos con la punta de mis dedos. Bear cierra los ojos y habla:

—Conocí a tu padre cuando comenzó el proyecto pétalo.

Yo tenía dieciocho. Ripley y él eran amigos.

Ambos son médicos. Pero tu padre era más ambicioso que él por lo que dejaron de trabajar juntos.

Ripley nunca supo en que se estaba metiendo, pero se alejó de él por los motivos correctos.

Una noche unos hombres llegaron a nuestra casa, dijeron que habían ido en nombre de tu padre.

Querían voluntarios para probar la mierda que estaba haciendo.

Ripley se negó así que esos hombres amenazaron con llevar a Konstantin y Anton en mi lugar.

Desde luego, Ripley los mató. Mis hermanos estaban aún pequeños.

Se me hace difícil imaginar a Ripley matando a alguien.

—Así que fui al día siguiente. Sabía dónde estaba el laboratorio.

Llegué y me di cuenta que no era tu padre el de la amenaza sino los hombres con los que trabajaba en ese entonces.

Los italianos y otros rusos desertores de la Bratva.

Al darse cuenta que era el hijo del viejo Pakhan quisieron darme una lección.

Que Konstantin hiciera eso años después me jodió, no sé si hicieron la misma mierda con él.

—¿Te hicieron daño?

—Me azotaron, me golpearon y casi abusan de mí, pero le rompí el cuello a uno. En todo ese altercado tu padre estuvo presente. Y aunque me ayudó a escapar, nunca olvidaré lo que me dijo.

Que mi padre haya trabajado en el proyecto pétalo por tanto tiempo y haya tocado a la familia de Bear me deja sin palabras. Yo fui el último eslabón.

Por eso no permite espejos. Por sus torturas. Sé que pasó algo más, pero es suficiente para mí y para él lo que hasta ahora me ha contado, y estoy bien con eso.

Tengo lágrimas en los ojos que se derraman por mis mejillas. Pensar que unos bárbaros le hicieron daño cuando él apenas era un niño me da mucha rabia. Y más si mi padre era parte de eso. Al igual que Konstantin, era solo un niño.

—¿Qué te dijo?

Bear me limpia las lágrimas y se las lleva a los labios.

—No llores, Malysh. Fue hace mucho tiempo.

—¿Qué te dijo?

Hay un breve silencio. Me limpio las lágrimas con el dorso de las manos y luego acaricio su rostro y la parte donde tiene las cicatrices.