Capítulo 31
Unión en la sombra.
Tres semanas después.
Mi brazo está curando. Ya no me duele. Mi nariz no ha sangrado y los recuerdos se han quedado en lo más oscuro de mi mente. Ayer me probé por última vez mi vestido el cual mi prometido prometió dejarme comprar por mi cuenta en compañía de Lilith.
—No puedo creer que vayas a casarte—dice Lilith. —Estoy tan feliz por ti.
Veo que me sonríe, pero sus ojos no lo hacen.
—¿Qué pasa contigo y con Konstantin? —todavía no puedo creer que estén juntos. Aunque no sé si en verdad lo están, el tipo no habla un carajo.
—Nada. No hemos follado, solo bailamos. Le mando mensajes, pero él no responde. Creo que pasa de mí. Así que haré lo mismo con él. Llevaré una cita a tu boda. ¿Lo saben ya tus padres?
—No. Les diré después de la boda. Sigo molesta con mi padre.
—Lo que hizo es una mierda, no te culpo.
Una Stella vistiendo elegante entra y trae un ramo de rosas del jardín.
—Bear quiere que uses estas. —sonríe y me entrega el boquete, es delicado con cinta negra y roja, las rosas están frescas y algunos botones aun no terminan de extender los pétalos. Debió recoger cada rosa él mismo.
Me veo al espejo y no puedo creer que vaya a casarme.
Mi vestido de novia es una expresión de mi estilo único y atrevido. Opté por un color negro profundo que rompe con la tradición y crea un impacto visual impresionante. Desde el momento en que lo vi, supe que era el vestido que reflejaba nuestro amor. Macabro.
El escote en forma de V profundo resalta mi pecho y piel de manera elegante y provocativa, mientras que los tirantes finos añaden un toque de delicadeza al conjunto.
La parte superior del vestido está adornada con encajes negros intrincados que crean un contraste fascinante con mi piel.
La falda sigue mi silueta con gentileza, enfatizando mis curvas de una manera seductora.
La línea recta de la falda se abre ligeramente hacia abajo, permitiéndome moverme con facilidad y los detalles de pedrería y adornos sutiles agregan brillo y sofisticación a todo el diseño.
Uno de los aspectos más cautivadores de mi vestido es la cola, que agrega un toque de drama a mi apariencia.
Bear se va a volver loco.
La noche está envuelta en un halo de misterio y anticipación mientras me preparo para dar el paso más importante de mi vida. Como futura esposa del Pakhan de la Bratva. Mi vida estará rodeada de secretos y peligros, pero en este momento, todo se reduce a la unión que estaba a punto de acontecer.
Nos estábamos casando en el castillo. Cerca de la piscina. No sé cómo Bear se encargó de toda la decoración y preparativos en tan poco tiempo, pero todo estaba como sacado de una película de suspenso.
Hay pétalos de rosas por todo el camino hacia él, el jardín adornaba las mejores rosas del lugar y todo está iluminado con velas y luces tenues.
La orquesta en la otra esquina toca los instrumentos en una melodía que me remueve toda el alma.
Sabía que toda la mafia rusa estaba ahí, podía ver a los hombres en sus trajes caros y puros en las manos en una y en la otra su trago favorito.
Hacía frío, pero no me importaba. Cuando Bear me preguntó dónde quería casarme le dije que quería hacerlo en el jardín.
Su madre está con Ripley en algún lugar donde nadie pueda perturbarla.
Anton sirve como testigo y Lilith que lleva un vestido color lila oscuro y el cabello recogido. Se ve adorable.
Todo es maravilloso y más cuando lo miro de píe a lo lejos.
Mis ojos se encuentran con los del hombre que está a punto de convertirse en mi esposo.
Viste un traje impecable que oculta el poder y la autoridad que emana con cada movimiento.
Su mirada ardiente atraviesa el espacio entre nosotros, y su sonrisa ligera disipa cualquier duda que pudiera haber tenido.
¿Todavía se atrevía a dudar de mí?
El murmullo de los presentes se desvaneció en el fondo mientras tomábamos nuestras manos, sellando un pacto que iba más allá de las palabras.
Promesas susurradas, no solo de amor, sino de lealtad inquebrantable y apoyo en un mundo donde la confianza era una moneda preciada.
Las palabras del oficiante se desvanecieron en mi mente mientras mi enfoque permanecía en el hombre ante mí.
Los anillos intercambiados no solo eran símbolos de compromiso, sino también recordatorios constantes de la red tejida a nuestro alrededor, una red que protegeríamos y expandiríamos juntos.
El beso que selló nuestra unión fue un testimonio de la pasión que compartíamos, pero también de la determinación de mantenernos fuertes en un mundo que a menudo intentaría derribarnos.
Nos convertimos en un equipo.
Ya no era su cautiva y él no era mi sombra. Ahora era su esposa y él mi marido.
—Es una boda muy hermosa debo decir—El hombre mayor se posa frente a mí y me tiende la mano. Veo a Bear y asiente.
—Sergei Smirnov—toma mi mano y la agita con mucha suavidad. Pobre hombre.
—Te presento al viejo Phakan, cariño—dice Bear a mi oído.
Sonrío. Mierda. No sabía que había más de uno.
—Mucho gusto, señor Smirnov.
—El placer es todo mío, señora Romanova. —suelta mi mano y luego ve a Bear —Cuídala mucho, Pakhan. No todos los días una mujer tan hermosa como tu esposa se casa con uno de los nuestro por voluntad propia.
Ni siquiera voy a preguntar. Pero me lo puedo imaginar. ¿Son así todos los rusos?
—No tienes que decírmelo, Sergei—gruñe ver a mi lado—He cuidado de mi esposa desde hace mucho tiempo.
—Me queda claro. Se convertirá en una mujer intocable de ahora en adelante. —me sonríe—me tengo que ir, soy viejo para estas cosas. Ha sido, sin embargo, una noche agradable, aunque me hubiese gustado verte tocar el piano esta noche.
Me estremezco al lado de Bear. ¿Por qué quiere que toque el piano? Sé que es una petición normal, dada mi fama por ello, pero en el día de mi boda, no lo pensé.
—Todos los Pakhanes quieren que toques.
—No creo que…
—Lo haré, de hecho, es momento de hacerlo—interrumpo a Bear quien me toma de la mano. Sergei regresa a su mesa junto con los otros Pakhanes y Bear me toma el rostro y me ve.
—No tienes que hacerlo. No tienes que demostrar nada.
—Lo haré, por ti, por ellos—le beso las manos—De verdad que no hay ningún problema. Le he estado enseñando a tu madre estas últimas semanas, creo que le hará ilusión.
—¿Estás segura? —amo cuando se preocupa demasiado.
—Claro que sí.
Diez minutos después camino con mi traje de novia en medio de la tarima donde han bajado el viejo piano plano que estaba en mi apartamento y puesto velas alrededor y todos los ojos están puestos en mí.
Es la noche de mi boda, se supone que es lo que esperaba todo el mundo.
Pude ver a Bear tensarse en cuanto solté su mano. Pero quiero hacer esto.
Con una sensación de anticipación, tomo asiento frente al imponente piano, y en un instante, el ambiente se sume en un silencio expectante.
Mis dedos, como criaturas independientes, despiertan de su letargo y se posan sobre las teclas con una conexión que parece trascender lo físico.
Con un ligero roce, la primera nota emerge, dando vida a la melodía que había estado gestando en las profundidades de mi mente sin que yo fuera consciente.
Cada acorde, cada progresión, es como un capítulo de una historia largamente esperada que finalmente cobra vida.
Mis emociones, en perfecta sincronía con la música, fluyen a través de mis manos y se funden en cada nota.
Me encuentro en un estado de completa inmersión, donde el piano se convierte en una extensión de mi ser y la melodía es la voz de mi alma.
Si es que alguna vez tuve una cuando lo tocaba en el pasado.
Las teclas, antes frías y estáticas, ahora están impregnadas de calor y movimiento.
Cada pulsación es un suspiro, una caricia, una manifestación tangible de mi expresión interior.
Sin esfuerzo consciente, mis manos exploran las alturas y profundidades del teclado, creando un torrente de sonidos que danzan en el aire como hojas llevadas por el viento.
La música me envuelve por completo, transportándome a un reino paralelo donde el tiempo y el espacio se diluyen. Cierro los ojos y me dejo llevar, permitiendo que la melodía me eleve y me transporte hacia horizontes desconocidos.
Sé que todos saben quién soy yo. No soy tonta, pero no es para mostrarles algo. Es para demostrarme a mí misma que hay consuelo en lo que alguna vez fue mi infierno. Ya nada puede lastimarme. De pronto el silencio me invade y la mano de Bear toca mi hombro.
—Estuviste increíble como siempre, Malysh.
Aplausos rompen y la gente se pone de pie. Me quedo mirando al hombre entre la multitud que no sonríe y tampoco aplaude. Me siento rígida y Bear se da cuenta.
—¿Qué sucede? —ve mi punto de visión y aprieta su mandíbula—¿Lo conoces?
—No lo he visto nunca, pero me resulta familiar de alguna manera. ¿Quién es?
Me acompaña lejos de la tarima mientras una señora se nos acerca junto al hombre que no sonreía y vienen con Sergei y Dimitri. Ellos deben ser los Pakhanes de la Bratva. No pensaba que entre ellos hubiera una mujer.
—Tocas espectacular, querida—la mujer se presenta y toma mi mano—Soy Isabella Sokolov.
Le dedico una sonrisa nerviosa y muevo la cabeza hacia el hombre que está a su lado.
—¿Y usted es, señor?
—¿Señor?—todos incluido Bear se ríen.—ese era mi padre. Estoy viejo, pero prefiero que me llamen Valentín Volkov.
Volkov. El apellido también me suena de algo.
Pero lo que más llama mi atención es la forma en cómo reacciona mi cuerpo.
Como si le debiera un gran respeto y miedo a este hombre al mismo tiempo y no me gusta nada en la forma en cómo me mira.
De pronto me siento enferma cuando veo el anillo en su dedo.
En forma de calavera. Mierda. Él estuvo ahí.
—Ha sido un placer conocerlos a todos, me disculpo, pero tengo que ir al tocador.