La Obsesión de mi Bestia (Pétalos de sangre nº 1) Capítulo 30 #3
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Capítulo 30 #3

Escalofríos llenan mi cuerpo y exploto en un orgasmo brutal, luego él se corre dentro sin dejar de besarme y sé que no se detendrá hasta que le diga que no iré a ningún lugar.

—¿Por qué no hay espejos?

—Porque odio en lo que me he convertido. No me gusta ver mis cicatrices, me recuerdan lo valiente y estúpido que fui por no querer ser parte de la Bratva. Ahora tengo una nueva obsesión.

Yo. Lo sé.

—¿Por qué está enferma tu madre?

La luz de la luna es la única que ilumina la habitación. Los rayos caen en los músculos de los brazos de Bear que me tienen rodeada la cintura. Estamos aún desnudos y he decidido ser la primera en hablar.

—La secuestraron—lo siento tensarse a mi lado así que tomo su mano y la acaricio—cuando estaba casada con mi padre.

Nunca nos quiso decir qué le hicieron en ese lugar.

Estuvo dos semanas, hasta que mi padre la encontró y mató a cada una de las personas involucradas.

La encontró en una sola pieza, pero jodieron su cabeza.

—Lo siento. Eso debió ser duro para ti ¿Cuántos años tenías?

—Ocho. Iban por mí también, pero mi madre fue terca y me escondió debajo del auto. Solo la encontraron a ella. Aún recuerdo cómo la arrastraron fuera del auto y se la llevaron. Luego Ripley me encontró y me llevó con mi padre.

—¿Ripley y tu padre eran amigos?

Una sonrisa cruza la mirada de Bear.

—Ripley es mi tío. Es hermano de mi padre. Es un Romanov.

Abro los ojos como platos. Por Dios esto se puso mejor ahora.

—Ripley siempre estuvo enamorado de mi madre.

Pero mi padre la reclamó primero. No hubo guerra de por medio.

Ripley siguió siendo su mano derecha. Era el médico de investigación de la Bratva.

Cuando mataron a mi padre se encargó de nosotros y se casó con mi madre, luego tuvieron a Anton y Konstantin. Y se convirtió en mi mano derecha.

—¿Lo quieres como a un padre? A veces eres muy duro con él.

—No reclamas a una mujer de un Pakhan después de su muerte—dice en un tono seco—Ripley no tardó ni dos semanas en casarse con ella.

Creo que lo hizo para protegerla, ella ya no estaba bien de la cabeza, pero era feliz con él, no era idiota, lo podía ver.

Pero era rebelde y hacía lo que quería así que nunca lo miré como un padre o un tío, solamente a alguien más de la Bratva.

—¿Por qué no tomaste el puesto de Pakhan antes?

—Era muy joven. Era una máquina de matar y fuera de control, no quería el puesto de Pakhan sin ganármelo.

Mi pobre bestia orgullosa.

—¿Cuántos años tienes?

—Tengo treinta y dos.

—Eres un viejo a mi lado, Pakhan—me burlo y me pellizca un pezón. Lo que me hace gemir y el calor en medio de mis piernas regresa.

—Anton tiene veinticuatro igual que tú y Konstantin veintitrés.

Pero si me preguntas Konstantin es el más maduro de los dos.

Ambos están jodidos, vieron la muerte desde muy jóvenes.

Anton se enlistó en las fuerzas armadas y crearon a un monstruo.

Con Ripley lo sacamos de ahí y Konstantin, es un misterio todo lo que pasa en su cabeza.

Es una bomba de tiempo. Lo de mi madre lo afectó con los años.

Tuvo depresión postparto cuando nació y no podía estar cerca de él.

De cierta manera Kostya se siente aislado del mundo que lo rodea y solo vive para matar.

—¿Qué fue lo que le pasó?

—Mi madre, eso pasó. Además, lo secuestraron y lo torturaron. ¿Adivina por qué?

—¿El proyecto pétalo?

—Así es. Konstantin es un prodigio de la tecnología. Antes de que me asignaran vigilarte, ya había escuchado sobre los experimentos de tu padre y quien lo financió es un misterio.

—No me digas, rusos.

—Rusos e italianos. Los italianos y su mierda.

Konstantin estaba investigando un laboratorio.

Era muy joven y lo atraparon. Pero creo que se dejó atrapar para que se lo llevaran ahí dentro y jodieran con él.

Sea lo que sea que miró en ese lugar, lo jodió.

Hasta el día de hoy no quiere hablar sobre eso.

—Por eso me odia. Por las cosas que hizo mi padre.

—No te odia, no sabe cómo lidiar con su mierda. Kostya no te volverá a tocar, me he encargado de eso.

Ni siquiera voy a preguntar cómo.

—¿Por qué no tienes un nombre ruso como tus hermanos?

—Porque mi madre es americana. Dijo que yo era un niño especial. Lo odié por mucho tiempo, pero después supongo que estaba bien.

—A mí me gusta. Eres mi osito[5] grande.

Su gruñido luego de una carcajada me hace temblar a su lado. Es tan hermoso cuando simplemente es un ser humano normal y esconde sus garras.

—En cuanto a Konstantin, no es su culpa. No lastimes a tus hermanos o a Ripley por mi culpa ni los amenaces.

Me ve con esos ojos que me vuelven loca y no cedo bajo su amenaza.

—¿Me estás dando órdenes?

—Así es, lidia con ello, Pakhan.

—Deja de llamarme así. —se queja colocándose sobre mí y ya puedo sentir su erección poco a poco dentro de mí. —¿Qué te parece si me llamas amor, o cariño para variar? Menos osito, por favor. Insultas mi carácter.

—¿No quieres un apodo ruso o algo?

—No hablas ruso.

—Pero puedo aprender.

Me besa y lo siento de lleno y gimo en su boca.

—¿Qué decías, florecilla?