La Obsesión de mi Bestia (Pétalos de sangre nº 1) Capítulo 30
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Capítulo 30

¿Quieres huir?

Lo que Ripley me dio hizo que me desmayara en cuanto salí de la ducha y me metí a la cama. Creo que lo hizo a propósito y voy a matarlo.

Me doy una ducha y me pongo vaqueros negros.

Compruebo mi herida que punza de dolor. Coloco un nuevo vendaje y me pongo un suéter rojo pálido ajustado con mis botas negras y peino mi cabello antes de salir de la habitación.

Se me hace extraño haber regresado en otras condiciones.

Cuando estuve aquí era su presa, su mascota como le gustaba llamarme y ahora soy su prometida.

Rio para mis adentros cuando voy por el pasillo y una sombra blanca atraviesa una habitación y entra a la otra y me detengo en seco. Apenas y vislumbré lo blanco, era más bien un vestido o tela, eso no era un jodido fantasma como el que seguramente vi por la ventana hace tiempo.

Camino hasta la habitación y está cerrada.

¿Será una de las sirvientas de la mansión? Será mejor que lo compruebe o me volveré loca.

Toco el pomo de la puerta y giro, se abre enseguida y me abraza el aire frío de la habitación. Está vacía a excepción por una sombra debajo de la cortina. La ventaba está abierta y la brisa sopla la tela y sea quien esté debajo de ahí también.

—¿Hola?

No responde. Me acerco poco a poco y mis ojos van a dar a una mano que está sujetando fuerte el hierro del balcón.

Una mano femenina que lleva las uñas largas y perfectamente limpias.

No es una mujer joven porque las manchas y arrugas de la edad me dicen lo contrario, pero sigue siendo una mano elegante y me pregunto a quién pertenece.

—¿Hola? ¿Está bien?

El viento sopla fuerte y la cortina se aparta de su rostro y su cuerpo.

Me estremezco y retrocedo cuando veo a la mujer mayor con la mirada perdida hacia los rosales del exterior.

Apenas y sonríe. Su cabello está en un moño desordenado y lleva solamente un pijama de seda blanca que abraza sus curvas.

Es una mujer hermosa de perfil. Está aquí pero su mente no.

—¿Señora? —eso llama su atención, gira su cabeza y me topo con los ojos más hermosos que he vista nunca. Se parecen a los de… Bear. —¿Se encuentra bien?

—Las rosas—su voz es apenas audible—Son hermosas, ¿Verdad?

Veo hacia las rosas rojas color sangre y sonrío. Pronto comenzará el otoño así que dudo mucho que se vean así de hermosas cuando comience el invierno.

—Lo son.

Ella me ve de nuevo.

—¿Vienes a llevarme?

—¿Disculpe?

—¿Eres doctora? —lo dice con desprecio. Entonces me fijo en sus muñecas, tienen puntos rojos de aguja.

Se me revuelve el estómago y recuerdo muy bien a una persona inestable cuando la tengo de frente.

Siempre suelen llevar marcas de agujas por todos lados.

Me dan ganas de llorar y niego con la cabeza.

—Soy… amiga de Bear.

—Bear no tiene amigas, es un niño. —gruñe—¿Quieres lastimar a mi bebé?

Por dios. Ella está completamente perdida. Levanto las manos en rendición y vuelvo a negar, pero ella llega rápido a mí y sus manos van a dar a mi cuello. Me estrella contra la pared y jadeo cuando aprieta su agarre. Mierda, ella tiene fuerza.

—Por …favor. Yo no quiero lastimar a nadie, yo…

—Todos dicen lo mismo. Quieren arrebatarme de mi bebé, creen que soy inestable, pero la verdad es que estoy cuerda.

—¿Cuántos años tiene, Bear? —quiero saber en qué está su mente. Solo así puedo tratar de ayudarla a que caiga a la realidad.

—Mi bebé tiene ocho.

Niego, pero apenas muevo la cabeza.

—No. Es un hombre, es mayor. —intento decirle y ella parpadea confundida—Es un hombre fuerte, guapo, inteligente. Usted ha hecho un buen trabajo criándolo.

Ella sonríe y su agarre se afloja, pero solamente un poco.

—¿Lo es? ¿Dónde está? Quiero verlo.

—Puedo llevarla con él, si me suelta. ¿Puede hacer eso?

—Tengo miedo. ¿No me harás daño?

—Nunca la lastimaría, señora. Se lo prometo.

Ella por fin me suelta y agarra mi mano y se aferra a mi brazo lastimado.

—¿Qué te ha pasado?

—Fue un pequeño accidente—le sonrío.

—Mi esposo Ripley puede verte el brazo, es médico uno muy bueno.

Su mente por fin está en el presente o eso es lo que creo.

Tomo una manta de la cama y se la coloco sobre los hombros, ella me sonríe como si nada hubiera pasado y eso me rompe el corazón.

Esta mujer solo está reaccionando a algún trauma del pasado.

No puedo creer que haya estado en este lugar todo este tiempo.

Fue a ella a quien miré por la ventana, no era un maldito fantasma ni una víctima de Bear. Era su madre.

—Vamos a buscar a mi bebé—dice ella.

Sonrío y asiento.

Camino con ella por el largo pasillo. Bear debe estar en la biblioteca así que nos encaminamos hacia ahí.

Toco la puerta, pero nadie responde del otro lado.

Abro la puerta y me asomo. Está vacía. Antes de que la madre de Bear se altere de nuevo, sigo caminando con ella hasta encontrar más vida dentro de la mansión y nos detenemos en la sala principal donde todos están reunidos.

Mierda, esto no era lo que quería.

El primero que me ve es Bear. Ripley, Anton, Konstantin y Stella están ahí. También Dimitri y varios hombres armados que en cuanto ven a la madre de Bear conmigo esconden sus armas y dan un paso hacia atrás.

Cielo santo.

—¿Mamá? —Anton se acerca y Bear lo detiene; sus ojos van a su madre y a mí y entonces siento algo punzante y frio y en mi cuello.

Mierda.

—Mamá, suelta las tijeras—Bear levanta su mano y hace movimiento con ella que no entiendo—Vas a lastimar a Rose.

—¿Rose? —pregunta ella.

—Sí, es el nombre de mi prometida, mamá.

—Es un nombre muy bonito.

Veo a Ripley que saca detrás de la bolsa de su pantalón una inyección. Mierda. ¿Lleva consigo una inyección?

—Señora, ¿Recuerda lo que le dije? No voy a lastimar a nadie. —comienzo a decir y todos me ven—¿Ve a esos hombres ahí? Son familia. Sus hijos. Están aquí para ayudarnos.

Levanto la mano y le muestro el anillo de diamante negro.

—¿Ve este anillo? Pronto yo también seré de la familia y no voy a permitir que nadie le haga daño, se lo prometo.

—¿Eso es verdad? —no estoy segura a quién le pregunta.

—¿Le gusta tocar el piano? —no se me ocurre qué otra cosa preguntar. Pero de pronto las tijeras dejan de torturar mi cuello y caen al suelo.

—Sí. Pero nunca pude aprender a tocarlo. A mi ex esposo no le gustaba.

—Yo puedo enseñarle, si quiere.

—Eso sería maravilloso. —deja salir una gran respiración. Bear se acerca a nosotras y toma mi mano para apartarme de su madre. Anton patea las tijeras del suelo lejos de nosotros y le hago señal a Ripley que esconda esa maldita inyección.

—Lo siento mucho—ella se aferra en un abrazo a Bear—Lo siento mucho, no quise lastimarla. Por favor no me inyectes.

Me rompe el corazón y parece que no soy la única. Bear está descojonado.

—Estoy bien—le digo tomando su mano—¿Quiere que la acompañe a su habitación? Prometo que nadie más la tocará.

Veo a Bear esperando me autorice.

—La última habitación del ala izquierda. —me dice. Esa es el ala opuesta a dónde está mi habitación y la biblioteca. Ella debió estar sin vigilancia, tomar las tijeras y simplemente salir de ahí. No la culpo. Yo también haría lo mismo si me sintiera bajo amenaza.

Varios pares de ojos ven como la señora se aferra de nuevo a mi mano y mi brazo y ambas nos dirigimos escalera arriba donde la llevo a su habitación, la meto a la cama y ella se queda dormida al cabo de unos minutos.

La veo dormir por última vez y salgo de la habitación donde Bear está esperando por mí. Apoyado en la pared con las manos metidas en sus bolsillos.

—No quise…

Me calla con un beso y me levanta del suelo para que lo rodee con mis piernas alrededor de su cintura. Hundo mi cabeza en su cuello y lo huelo. Quiero quedarme así para siempre, pero es una locura. Me besa una vez más y me baja lentamente y me quejo del dolor en el brazo.

—Lo siento ¿Te he hecho daño?

—Estoy bien. —lo tranquilizo. Y comenzamos a caminar de nuevo hasta la sala principal donde ahora solo están Anton, Konstantin y Ripley que no deja de caminar en círculos en su lugar.

—Está dormida—les aviso a todos. —No quise causar problemas, simplemente me topé con ella. Parecía desorientada.

—Voy a matar a quien dejó de vigilarla—dice Bear—Ella no tiene permitido andar por ahí. Hay muchos hombres armados rodeando la mansión y no quiero que reaccione, así como reaccionó contigo, un hombre que no sepa quién es puede dispararle si su vida está en peligro.

—¿Por una mujer mayor, confundida e indefensa? —esto es absurdo—Creo que deberías presentarla con todos tus hombres, que sepan que es tu madre. Ella parece confundida porque no conoce más que su habitación. ¿Han pensado en que eso quizás la ayudaría?

—¿Cómo lograste que te hablara o tocara? —me sorprendo cuando Konstantin hace la pregunta. De los cuatro parece ser el más sorprendido. No lo culpo, es el menor y su apego debe estar más arraigado.

Me rompe el corazón.

—Solamente le hablé—me siento junto a Bear quien me toma de la mano y se la lleva a su regazo—le hablé como una persona normal.

Y no dejaba de pregunta por su bebé Bear.

Ella cree que tiene ocho años. Pero cuando le dije que no, ella quiso verlo, luego los miró a ustedes y pude sentir que ella estaba emocionada por eso. ¿Qué fue lo que le pasó?

—Es una larga historia—ese es Anton resoplando. Algo me dice que no es una simple historia. Hay algo grave que le sucedió y ellos simplemente la mantienen al margen de todo lo que ocurre.

—Gracias—dice Ripley—Por no asustarte y por ayudarla.

—Lo dije en serio—no sé por qué, pero veo a Konstantin. Sé que me odia—Voy a ayudarla. Ella necesita algo de normalidad ¿No creen? ¿Cuál es su nombre?

—Violet. Es lo mismo que les he dicho—Stella habla por primera vez en un gran rato—Pero la primera vez que me miró pensó que era la amante de Ripley así que dejé de intentarlo.

—No puedo creer que la hayas traído de vuelta a la realidad—Bear gruñe a mi lado, sintiéndose culpable. Pero lo tranquilizo cuando acaricio el dorso de su mano. —Ella pudo matarte.