La Obsesión de mi Bestia (Pétalos de sangre nº 1) Capítulo 29
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Capítulo 29

Enamorada por completo de mi sombra.

Lo veo con los ojos bien abiertos.

—¿Me vigilaste desde entonces? —sigo sorprendida. Sé que ha omitido cosas que prefiero no saber.

Puedo ver en sus ojos que no se arrepiente de nada.

Yo tampoco, aunque es difícil aceptar el hecho de que todo comenzó como una locura y un juego de atrapar a la presa.

Aun así, si me pongo a pensar bien, no busco justificarlo, pero Bear nunca fue una amenaza para mí.

Su juego me gustaba y me gustaba provocarlo.

Me sentí atraída hacia él desde el primer momento en que supe que tenía un acosador que dejaba pétalos al azar en todas partes.

—Tenía que hacerlo y luego quería hacerlo. Pero después no soporté viéndote con tu… ex maldito novio. Me estorbaba, sentí la necesidad de protegerte de todos, incluso de mí mismo. Pero no me lo hiciste fácil. Presionaste para que saliera de mi escondite.

—¿Hubieras hecho las cosas diferentes?

Se ríe. ¿A quién quiero engañar?

—Ni una maldita cosa, florecilla. Te reclamé como mía desde el momento en que vi tu fotografía. Solamente tenía que limpiar a tu alrededor para mi gran entrada. Es todo.

—Vaya gran entrada.

Aún recuerdo cuando lo miré por primera vez, entre la multitud, su hechizo llamó mi atención.

Supe que era él, en el fondo lo sabía. El que dejaba los pétalos y el que me vigilaba.

Aunque sus métodos y los míos hayan sido completamente diferentes, el sentimiento era mutuo.

Luego pasó lo de Alex y sé que eso lo volvió loco.

Y como si Bear pudiera leer mi mente, toca el interior de mi mano y añade:

—Sabes que lo mataré. Es cuestión de tiempo nada más. No me olvido de lo que te hizo.

Veo el plato a medio comer de ambos. De pronto todo se siente extraño, pero no es él. Tampoco soy yo. Es… el silencio que nos rodea y no me gusta.

El silencio avisa de un gran peligro, es lo que siempre digo. Aun en medio del murmullo hay algo que no me gusta y Bear puede sentirlo porque mira a nuestro alrededor y se coloca la mano en la parte de atrás de su cintura donde lleva su arma.

—Bear…

Se escucha un gran estruendo, seguido de gritos.

Disparos y algo más. Soy arrojada al suelo y un gran cuerpo cubre el mío.

Comienza a maldecir en ruso y todo mi cuerpo se sacude debajo de él.

Como un flash back recuerdo los cuerpos apilados, uno sobre otro.

Me hicieron ver cómo los decapitaban para ver si sentía un poco.

Pero no sentí nada, físicamente no, pero mi grito estaba en toda mi cabeza.

La niña que tenía en mi interior estaba asustada, pero la otra, la versión jodida físicamente no podía siquiera moverse o mostrarse asustada.

Eso les gustaba.

—Mira Rose, es así como se acaban los problemas—dice una voz detrás de mí—mira cada uno de sus cuerpos. Eso es lo que pasa cuando no sirven. Son desechables, pero tú. Tú eres especial.

Esa voz en mi cabeza hace que me olvide por un minuto lo que pasa en la vida real y ahora no estoy en el restaurante sino en lo que parece un campo de tiro. Pero no hay blancos al frente, sino personas.

Les gusta cazar. Lo hacen una vez a la semana, las personas que no reaccionan bien al proyecto pétalos son como dijo la voz, desechadas. Pero también es un juego en sus retorcidas mentes.

—Ten—mi mano no tiembla cuando me da un arma—quiero que dispares junto conmigo cuando comiencen todos a correr, lo harán créeme. ¿Cuánto tiempo crees que debamos darle de ventaja? ¿Tres minutos? ¿Diez? Ambos tenemos buena puntería, has aprendido bien.

Veo a las personas atadas de manos. Hombres y mujeres, desnudos y sus huesos pegados a su piel. Quiero vomitar. Mi mano no tiembla todavía.

—Levanta y apunta, Rose—me ordena. lo veo y su rostro está borroso. No enfoco bien, quiero saber quién es este hombre y lo que hizo conmigo.

—¡Rose!, maldita sea. Cariño, regresa a mí—algo me sacude. O más bien algo. Parpadeo un par de veces y de nuevo otro estruendo.

—Bear—me aferro a su pecho y él sigue disparando. Toca su oreja y habla algo en ruso y luego agrega—¡Trae el maldito auto y saca a Rose de aquí!

Niego.

—No voy a irme sin ti.

Estamos en otro extremo del restaurante, no tengo idea de cómo nos movimos porque mi mente estaba en otro lugar, pero nos ha traído a un punto ciego entre el bar y sean los que sean que estén disparando.

Mierda.

Bear saca otro cargador y veo a mi alrededor, hay muchos cuerpos tirados, hombres en traje y sus mujeres en sus vestidos elegantes.

Otros escondidos debajo de las mesas y sus maridos cubriendo con sus cuerpos a sus mujeres.

Tiemblo, y tengo miedo. No por mí, sino por Bear.

Mierda, debería de tener miedo por los dos.

—Anton vendrá por ti. Te llevará a la mansión. Me quedaré a ver quién mierda orquestó todo esto con Konstantin y Dimitri.

—¿Quién es Dimitri?

—El otro Pakhan y mejor amigo.

Ni siquiera voy a preguntar por qué los Pakhanes no están detrás de un escritorio y tienen gente haciendo su trabajo.

Supongo que es ese es el estilo de ellos.

Otro disparo llega cerca de mi tacón y aparto el pie con un grito.

Bear maldice y dispara al tipo a lo lejos dejando un agujero en medio de sus cejas.

Mierda.

—¡Estoy listo! —escucho por el auricular que tiene Bear al lado de mi oreja.

—Rose, mírame—lo hago—Quiero que corras hacia la parte de atrás, Anton tiene el auto listo para ti. Yo cuidaré tu espalda.

—¿Y quién cuidará la tuya? —le toco la cara y sonríe apenas para darme un beso en la boca.

—No necesito que nadie me cuide a mí, ahora corre.

—No lo haré.

—Rose—su amenaza me pone los pelos de punta, pero lo ignoro. En cambio, me muevo lejos y ayudo a las personas a que lleguen a la salida de atrás mientras Bear dispara sabrá diablos a quién. Cinco personas corren hacia la salida mientras cubre nuestras espaldas.

—¡Ahora, corre! —me grita Bear. Pero yo veo a más hombres venir, veo un arma en el suelo que seguramente se deslizó hasta uno de los cuerpos y la tomo.

En cuestión de segundos y de forma automática la descargo a tres hombres que vienen corriendo hacia nosotros sin fallar, disparo a sus cabezas y los cuerpos caen.

Bear ve mis movimientos por un segundo y dispara a los otros tres que vienen del otro extremo. Cuando los disparos cesan, una bala rosa mi brazo y caigo al suelo.

—¡Rose!

Se escuchan más disparos y ahora veo a Anton, Konstantin y otro hombre de traje disparar y acercase a nosotros. Ese debe ser Dimitri.

—Estoy bien—le digo a pesar del escozor que siento en mi brazo. La bala apenas rozo, pero es lo suficiente para que me duela como la mierda y que Bear se vuelva loco.

—Tenemos a uno—dice Dimitri, por la forma en que me mira es respetuoso y bastante guapo debo decir. Debe tener la misma edad de Bear.

—Cuando te digo que corras—desvío la mirada para ver a Bear apretando la herida con una servilleta de tela—tú corres maldita sea.

—Ella tiene buena puntería—dice Dimitri.

—Cállate la puta boca, Dimitri.

El hombre se ríe y se aleja de nosotros. Cuando me pongo de pie, mi nariz amenaza con sangrar así que tomo otra servilleta de tela y la coloco en mi cara.

—Tengo ganas de vomitar—miento.

Anton se acerca a nosotros y comprueba que estemos bien, cuando ve la herida de mi brazo se alarma al igual que Bear.

—Llévala a la mansión y haz que Ripley cure su herida. —y antes de que pueda decir algo, agrega: —Y no te atrevas a desobedecerme, maldita sea.

No lo discuto, camino junto a Anton hacia la salida porque no quiero que Bear me vea sangrar por la nariz y también se alarme por eso. Me subo a la camioneta y Anton llega en tiempo record a la mansión.

Apenas y puedo caminar, debe ser la adrenalina así que Anton me saca en brazos y me lleva hasta lo de su padre.

—¿Qué ha pasado? ¿Están todos bien?

—Ataque—dice Anton—debo regresar para apoyarlos, ya di órdenes para que doblaran la seguridad por si a esos hijos de puta se les ocurre venir aquí.

Ripley me ve y comienza atraer sus instrumentos sin quitar sus ojos de mí comienza a limpiar la herida. Coloca spray antiséptico y luego cubre la herida con una gaza.

—¿Los sangrados han continuado? —asiento—¿Bear lo sabe?

—No lo creo. Estaba más asustado por el roce de la bala. Me dijiste que es anemia, pero he estado leyendo, no soy médico, pero ya debió de haber cesado el sangrado, me he revisado en estas dos semanas y mi glucosa está bien.

Continúa limpiando ahora mi nariz y coloca hielo en frente, ignorando por completo lo que acabo de decirle.

—Estarás bien. Cuando el sangrado cese, ve a descansar. No creo que Bear regrese antes de la mañana.

Yo tampoco lo creo. Y me pregunto si eso es lo que me espera de ahora en adelante si me convierto en su esposa.

Pensar en que se ponga en peligro todo el tiempo me pone enferma, pero supongo que eso es lo que se convertirá mi vida de ahora en adelante.

¿Vale la pena? Cada maldito segundo a su lado lo vale. Y si tengo que protegerlo, lo haré.