La Obsesión de mi Bestia (Pétalos de sangre nº 1) Capítulo 27
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Capítulo 27

Siempre en la oscuridad.

Nos hemos duchado y ahora estamos desnudos en mi cama.

Es increíble lo que siento en estos momentos. Pero no quiero que la noche acabe. Aunque posiblemente es más de media noche. Lilith sigue dormida. No se ha dado cuenta de nada, o es demasiado inteligente para no venir y comprobarlo por sí misma.

De todas maneras, una punzada llega a mi pecho y de pronto quiero morir. Nada de esto tiene sentido.

—¿Dónde has estado, Bear?

—¿Te has divertido esta noche? —responde con otra pregunta mientras juega con mi cabello en sus manos. Estoy tumbada boca abajo y él está de lado mirándome y analizándome como siempre lo hace.

Algunos de sus cabellos caen en su frente y los toco. El cabello sedoso y suave bajo mi toque es eléctrico. Todo lo de este hombre es.

Mierda. Estoy enamorada.

—Lo hice. He respondido; ahora respóndeme también.

Deja de tocar mi cabello y ahora ve hacia el techo de mi habitación. Es la primera vez que estamos así, desnudos, teniendo una conversación que no sea él amenazándome y yo queriendo huir. Me doy cuenta que no quiero huir por primera vez y le tomo la palabra.

Quiero huir hacia él. Quiero correr hacia la oscuridad donde él me acecha.

—He estado ocupado con el trabajo.

—Te refieres a siendo el nuevo Pakhan.

No se inmuta si quiera que lo sepa. No hay vergüenza. Ama lo que hace.

—Así es, Rose. Soy el nuevo Pakhan. Mi padre lo fue también.

Mierda. Está hablándome de su padre. En tiempo pasado.

Ya no está en esta tierra y puedo ver cómo arrastra las palabras.

La mafia es parte de él por generaciones.

De todas las cosas que me imaginé cuando Bear dejaba un pétalo al azar; nunca se me pasó por la mente que sería alguien tan importante en el mundo del peligro.

—Lo siento.

—Gracias—me ve por un segundo y apenas sonríe. Me doy cuenta que se ve increíble, pero también como la mierda de agotado. Bear nunca duerme y me pregunto si eso es normal en él.

—¿Cuándo fue la última vez que dormiste?

—Cuando dormí contigo—confiesa y me toma desprevenida. Mi cara se calienta y mi pecho se agita por esa confesión. Puede ser realmente un ser humano decente cuando se lo propone.

Y en cámara lenta. Todo llega a mi cabeza.

Los recuerdos. La sensación en mi pecho.

Y me incorporo por miedo a que mi nariz sangre de nuevo.

No ha dejado de hacerlo en las últimas dos semanas, pero no he querido ir al médico.

No sé lo que pasa conmigo, pero tampoco quiero averiguarlo, no creo que nadie encuentre nada malo en mí.

—¿Rose, te sientes bien? —su mano llega a mi espalda y por acto reflejo me alejo. Lo que veo a continuación me deja helada. No es el rostro de Bear. Son varios rostros a la vez. Rostros que no he visto nunca, pero recuerdo esas voces.

—Nadie se enterará—decía uno de ellos mientras el otro yacía sobre mí y esperaba su turno.

—Enciende la luz.

—¿Qué ocurre?

Me tapo la cara y siento la sangre correr de mi nariz, corro hasta el baño y me encierro con llave.

—Mierda, Rose. Abre la puerta.

—Lo siento—sollozo en el suelo mientras me limpio la nariz con una toalla—Lo siento, dame un minuto.

—Como no abras la puerta la voy a derribar, cariño. Abre la maldita puerta, estás preocupándome.

Yo también estoy comenzando a preocuparme. Lo que no está bien es mi cabeza. Mi nariz deja de sangrar y escondo la toalla con sangre debajo del lavabo y abro la puerta. Bear está desnudo frente a mí y me atrae hacia su pecho.

—¿Qué ha sido eso?

—No lo entenderías, Bear.

Hace que lo vea y su cara de preocupación me quiebra. Él no me va a dejar a ir nunca. Aunque lo intente, aunque muera. Me acechará más allá como lo prometió.

—Inténtalo.

Me alejo de él, pero no me deja. Me toma del rostro y me arrincona en la primera pared que encuentra y hace que lo vea.

—No intentes malditamente alejarme de ti, no te atrevas.

—¿Acaso no te das cuenta que esto está mal? Desde un principio, todo fue un engaño; me has utilizado para encontrar sabrá Dios qué cosa y te empeñas en retenerme.

Mis propias palabras me lastiman, pero en él no parece hacer el mismo efecto porque se ríe en mi cara como si todo fuera un juego para él.

—¿Quieres que todo acabe? —hay desesperación en esa pregunta.

—Sí. —quiero que seamos capaces de estar juntos sin secretos y experimentos de mierda que posiblemente estén matando la poca cordura que me queda.

—Cásate conmigo.

Mis rodillas se aflojan y me toma de la cintura para sostenerme. Me lleva hasta la cama y me siento junto a él. Desnuda y confundida. ¿Qué mierda acabo de escuchar?

—¿Que?

—Sé mi esposa, podré protegerte, podré darte toda la verdad que quieras. Podrás ser tan mía como quieres.

Pensé que ya lo era.

—Pero, ni siquiera estoy…enamorada de ti.

—Lo bueno es que yo sí, así que con eso tendrá que bastar, cariño.

¿Cómo puede ser tan animal?

—No siento nada por ti. —escupo. Quiero lastimarlo, quiero acabar con esta locura antes de que me vuelva loca por él.

Qué mierda dices, ya estás enamorada de él.

En cuestión de segundos estoy tumbada con mi espalda en el colchón y él sobre mí. Respirando pesadamente y fulminándome con la mirada.

—Nunca más, Rose. Vuelvas a intentar alejarme de ti.

Porque voy a joderte tanto que te encontraré en las siguientes vidas.

Vuelve a intentar si quiera retractarte de lo que sientes por mí y vas a lamentarlo.

¿Crees que no te he observado todos estos días?

—acerca su boca a mi oído y cierro mis ojos cuando solo dice la pura verdad mientras una lágrima se derrama por el costado de mi ojo—Te pertenezco desde que te acechaba en la oscuridad.

Has estado buscándome en ella. No has dejado de pensar en mí.

Cuando Anton te dijo que podría estar con otra persona eso te jodió. ¿Verdad?

Asiento.

—Bien. Pero no he estado con nadie más que contigo. Porque no quiero a nadie más que a ti a mi lado. Entiéndelo de una puta vez. Eres mía, siempre lo has sido. En esta vida y la siguiente y la siguiente y jodidamente la siguiente, soy y seré tuyo. Te amo, joder.

Dios mío.

—Lo siento. —digo con hilo de voz. Sus labios buscan los míos y no se los niego. Lo anhelo a cada segundo. Mi obsesión puede que sea más grande que la de él al final. Pero quiero esto como también morir si no lo tengo conmigo.

Esto está mal.

—Me amas, acéptalo de una puta vez y no pienses en decir lo contrario porque haré que te tragues tus malditas palabras de negación con mi polla dentro de esa linda boca que tienes.

Tiene toda la maldita razón, por primera vez sus palabras taladran mi pecho y hacen una revelación.

—Si vamos a hacer esto necesito que hagas algo por mí.

—No haré nada que involucre tu seguridad, florecilla.

—Necesito que me cuentes toda la verdad.

Sin mentiras, quién eres, tus padres, como conoces al mío.

Quiero que me lo digas todo. Incluso sobre el proyecto pétalo.

No quiero ser una esposa que se queda en la oscuridad bajo las sombras de su marido, quiero ser parte de todo. Sabes que puedo manejarlo.

Sonríe, mostrándome los dientes y besa la punta de mi nariz.

—Me queda claro. Eres una buena tiradora, pero no se ve bien que la esposa de un Pakhan ande disparando por ahí. Nos meterás en problemas.

—Eres el jefe, solo acepto órdenes tuyas.

Me sonríe y besa mis dedos cuando me doy cuenta de algo que desliza sobre ellos.

—Buena chica.

Un anillo. Veo el diamante negro brillando en la oscuridad y las mariposas en mi estómago mueren y reviven al mismo tiempo.

—No corras más, señora Romanov.